Valdemoro, km 387 - "Presentes" - Paco Cerdá Arroyo



Fuente: larevistadevaldemoro.com/valdemoro-literario
Texto: Fernando Martín Pescador

"¿Qué hacían y con qué cubrían sus ojos la mayoría (más del cincuenta por ciento) de los valdemoreños el día 12 de agosto de 2026 alrededor de las ocho y media de la tarde? No nos equivocaríamos por mucho si dijéramos que estaban viendo un eclipse solar con unas gafas oscuras. Tampoco erraríamos si dijéramos que el 19 de julio del mismo año, entre las nueve y las once y media de la noche hora española, la mayoría de los valdemoreños seguían de alguna forma la final del mundial de fútbol. Y podríamos decir algo similar sobre la final del 11 de julio de 2010. Hay unos cuantos momentos del pasado en los que podemos adivinar con cierta precisión dónde estaba la mayor parte de los habitantes de Valdemoro. Junio de 1956, por ejemplo. La mayoría de los valdemoreños merodeaban la plaza de la Constitución (entonces la plaza del Generalísimo) para ver o formar parte de la filmación de Orgullo y pasión, la película dirigida por Stanley Kramer y protagonizada por Cary Grant, Frank Sinatra y Sophia Loren. Las escenas filmadas en el entorno del ayuntamiento testifican que la plaza estaba abarrotada.

Gracias al libro Presentes, de Paco Cerdà (Alfaguara, 2024, Premio Nacional de Narrativa 2025) podemos intuir qué hacía la mayoría de los valdemoreños durante la tarde del 28 de noviembre de 1939. En su libro, Cerdà nos cuenta cómo el 20 de noviembre de ese año, el gobierno de España decidió trasladar el cadáver de José Antonio Primo de Rivera desde el cementerio de Alicante, donde había sido enterrado tres años antes, hasta El Escorial. 467 kilómetros a pie, con miembros de la Falange de toda España portando el féretro sobre los hombros, con relevos cada diez kilómetros. Emplearon once días y diez noches. Uno de los capítulos del día 28 de noviembre de Presentes, de Paco Cerdà, se titula Valdemoro, km 387.

Ese día, un martes, a las cinco de la mañana, el cortejo llegó a Ocaña y allí hubo relevo de portadores. A las diez y media de la mañana, los doce miembros de la Falange de Valladolid que llevaban el féretro a hombros hicieron un alto para rezar el rosario. El nuevo relevo entró en Aranjuez a las doce en punto. Mientras atravesaban Aranjuez, una escuadrilla de aviones caza volaron por encima del cortejo dibujando una gran cruz en el cielo. Entre Seseña y la cuesta de la Reina, más de quince mil personas, que habían llegado de Madrid y Toledo, flanqueaban completamente la carretera. Una alfombra de flores, mirto y romero cubría completamente la cuesta de la Reina. La velocidad media de la comitiva era de unos dos kilómetros por hora con lo que calculamos que el cadáver de José Antonio pasó por Valdemoro entrada la noche (en esas fechas atardece bastante temprano).

El 28 de noviembre de 1939 había censados 2 713 habitantes en Valdemoro. Un treinta por ciento menos que en el censo de 1930, en el que había registrados 3 517 vecinos. Ochocientos habitantes menos eran los estragos de la guerra. Intuimos que la mayoría de esos valdemoreños que sobrevivieron a la guerra se apostaron a los lados de la carretera de Andalucía, que cicatrizaba la villa como ahora lo hace la autovía A-4. Como había ocurrido en el resto de localidades por las que pasó la comitiva, podemos imaginar que había antorchas iluminando la carretera.

Miguel de los Santos había cumplido tres años en julio de 1939 y, muy posiblemente, ya estaba en la cama cuando pasó el cortejo por Valdemoro. Pero es muy fácil que su padre, Gregorio de los Santos, sí que estuviera presente para recibir a la comitiva. Eran tiempos difíciles para Gregorio. Había sido secretario del Ayuntamiento durante el gobierno de la República. Llevaba, además, el cine Alarcón, uno de los primeros cines de la villa y, durante los primeros meses de la guerra, los brigadistas estadounidenses le habían regalado un piano cuando tuvieron que salir de Valdemoro a toda prisa. El último alcalde republicano de Valdemoro, Fernando Móstoles Moya, para el que Gregorio había trabajado, tuvo que huir a Valencia el 31 de octubre de 1936. Así que en ese piano, no llegaron a tocar Jarama Valley, el poema escrito por el brigadista escocés Alex McDade que más tarde inmortalizó Woody Guthrie y que se convirtió en uno de los himnos de la Brigada Lincoln. Recientemente, Miguel de los Santos regaló el piano a Valdemoro y puede visitarse en el teatro municipal Juan Prado.

No eran tiempos fáciles para Gregorio de los Santos. Fernando Móstoles había sido apresado y esperaba juicio. Sería fusilado el 6 de marzo de 1941 y enterrado en el Cementerio del Este de Madrid. Durante la guerra, a Gregorio le tocó desempeñar las funciones de secretario para el Ayuntamiento de Valdemoro y de dos localidades vecinas más. Tenía que desplazarse de un pueblo a otro y no era territorio seguro. Poco antes de terminar la guerra, Gregorio había aprobado una oposición para ser secretario y había obtenido el destino en Pozuelo de Alarcón. Sin embargo, solicitó continuar como secretario en Valdemoro para ayudar a su madre, viuda y con dos hijos mucho más jóvenes que él. Es muy posible que, esa tarde noche del 28 de noviembre, junto a Gregorio estuviera su buen amigo Pepe Humanes. Gregorio contó a su hijo Miguel que José Humanes había estado en el teatro de la Comedia, muy cerca de José Antonio de Rivera, el día que este presentó oficialmente el movimiento político de Falange Española con un discurso fundacional. También le dijo que Pepe Humanes llegó a convertirse en uno de los hombres más cercanos a José Antonio.

Cuando el féretro llegó a Valdemoro, tomó el relevo la delegación provincial de Falange en Salamanca, liderada entonces por Ramón Laporta. La comitiva siguió su camino. La mayoría de los valdemoreños pudo entonces irse a dormir. Llevaban ocho meses de posguerra. Ocho meses de hambre y miserias tras una guerra que había durado tres años y había acabado con el treinta por ciento de la población de Valdemoro."



Música: Superstar (The Carpenters) por Carlos Piegari


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