La primera vivienda de Valdemoro y el renacimiento de un antiguo espacio industrial



Cuando paseamos por Valdemoro, a veces intentamos adivinar cuál de todas las construcciones que vemos será la más antigua. La iglesia, solemos pensar; no, la fuente de la Villa, el convento de Las Clarisas, tal vez alguna de las muchas casas solariegas… Sin embargo, la vivienda más antigua de Valdemoro no está en su casco histórico, ni en las zonas urbanizadas más próximas; se encuentra tan solo a escasos dos kilómetros en línea recta del centro, hacia el sureste, en las proximidades del entorno denominado de la ermita de Santiago, aunque ya solo la podemos identificar a través de las escasas huellas que han quedado retratadas en el terreno.

Minuta del MTN 1:50.000, Mediados del del siglo XX

Los restos de esta vivienda, y de otras estructuras coetáneas a ella, se han podido descubrir tras el reinicio de unos trabajos de excavación arqueológica en el área de la ermita de Santiago, que empezaron a desarrollarse a mediados del mes de mayo de 2017.

En efecto, hay que alejarse del casco urbano y aproximarse a uno de los centros de producción más importantes de la edad antigua en la meseta sur, para intuir lo que antaño fue un pequeño hábitat, que tres milenios antes de que la influencia romana se hiciese visible en Valdemoro ya ocupaba la zona próxima a la Ermita de Santiago y al arroyo de la Cañada.

Orificios de poste que definían la primera vivienda de Valdemoro. 
Ermita de Santiago

Lo que hemos venido llamando la vivienda más antigua de Valdemoro la definen las huellas de hasta siete orificios excavados en el suelo donde irían ubicados los postes de delimitación de la cabaña y de sujeción de la cubierta de una estructura de planta ovalada. La techumbre estaría construida a base de ramaje vegetal, y entre las huellas laterales debió de existir algún sistema de anclaje horizontal que cohesionaba todo el conjunto. La vivienda en sí es un espacio de dimensiones reducidas, con una longitud máxima de 5,75 m y una anchura de 4,79 m; con una superficie de uso de 27 m2 aproximadamente.


Se localiza junto a otras estructuras circulares de menor tamaño, excavadas en el terreno, de las que solo nos queda el rastro de unos hoyos rellenos de tierra de diferente tono cromático al del terreno natural, que permite identificar una mancha diferenciada en el suelo. El origen de estos rellenos pudo ser doble: de forma natural y pausada en el tiempo (por derrumbe de las paredes del orificio, arrastre mecánico de sedimentos, etc.) o por procesos originados de forma voluntaria y de origen antrópico (vertido de residuos domésticos, de restos de combustión o de otras actividades) o, tal vez, una mezcla de ambos factores, que suele ser lo más habitual. En el interior de estas manchas, una vez excavadas, se han encontrado restos cerámicos de más de cinco mil años de antigüedad, restos de industria tallada en sílex, restos de fauna, de adobe, etc. Todo ello nos hace sospechar el tipo de actividades que se estaban realizando: vasijas para almacenar o cocer alimentos; utensilios de piedra para actividades domésticas o de caza; restos de fauna (muy escasa por cierto), por lo que la ingesta de proteínas animales debió ser muy ocasional; y, sobre todo, restos de adobe, o de barro quemado, que nos conducen a pensar que los primeros pobladores de Valdemoro vivían en habitáculos que utilizaban y conocían el adobe de alguna forma, bien como zócalo o alzado de paramentos, bien como bases de hogares o lechos de fuego.

Las manchas y orificios excavados en el terreno tuvieron múltiples finalidades que aún no se han determinado exactamente. Entre ellas destaca su uso como silos o despensas para el almacenamiento de grano o de otros recursos; para la localización de vasijas de gran tamaño (como el caso de una de las identificadas en Valdemoro), que contendrían líquidos (agua o leche). Los orificios, en ocasiones, también son el resultado de la explotación del subsuelo en busca de materias primas para la obtención de arcilla o arena, cuya utilidad es la fabricación de cerámica, o para la extracción de sílex. En otros casos, y el uso aquí es más evidente porque se localizan restos de combustión, estos orificios son utilizados como hornos subterráneos.

Proceso de excavación arqueológica. 
La Calderona, próxima a la ermita de Santiago

Los materiales cerámicos encontrados (algunos con un engobe rojo denominado almagra), junto con la reiterada presencia de restos de sílex tallados sobre hoja, es decir, sobre piezas rectangulares de un tamaño estandarizado, nos hace pensar que nos encontramos en un momento anterior a lo que tradicionalmente se denominó Edad de los Metales, que, en este caso, nos traslada a un entorno socioeconómico ligado a las actividades agrarias. Son las denominadas sociedades campesinas, que tienen su sustento en incipientes actividades de transformación del medio para obtener un mayor rendimiento que el que supone un aprovechamiento directo de él. Para el caso de los restos encontrados en Valdemoro estamos a la espera de obtener dataciones absolutas con carbono-14, pero en otros espacios próximos se ha fechado este momento en torno al final del quinto milenio antes de nuestra era.


Por todo ello, el conjunto descrito es anterior a otros restos encontrados en las proximidades aunque muestren un patrón de asentamiento, una tipología de hábitat y unos restos arqueológicos visibles similares. Estos restos nos llevan a concluir que la zona en torno a la Ermita de Santiago constituyó el primer lugar de ocupación de Valdemoro. El espacio que hoy es nuestro casco urbano no se ocupó hasta varios milenios más tarde. Si bien a partir de ese momento ambos espacios coincidieron temporalmente, es decir, se ocuparon en paralelo, quizás por un mismo grupo de población que se expandió y se desplazó hacia el norte.


Resumiendo, podemos decir que entre el 3500 y el 1000 a. C existió una población estacional en los márgenes del arroyo de la Cañada y el antiguo arroyo de la Cobatilla, localizado este último en el espacio que hoy denominamos calle Illescas y avenida del Mediterráneo. Pero, aunque estas fueron las primeras zonas pobladas de Valdemoro, el origen de nuestra ciudad como tal es bastante posterior, y hay que traerlo a épocas históricas, tras la repoblación de los reinos cristianos, no antes del siglo XIII de nuestra era.

Pero las novedades arqueológicas no se quedan aquí, las excavaciones en el sector próximo y marginal a donde se ubican los restos del vicus de época romana han podido ofrecer datos referidos a varios milenios más tarde, ya en nuestra era, en las proximidades de la ermita de Santiago. En cambio, otras se sitúan sobre el hábitat prehistórico, donde surgió una gran estructura de producción industrial, asociada al arroyo de la Cañada y al camino paralelo a él, que constituyó desde época prehistórica una vía de comunicación natural que permitía el intercambio de mercancías y la llegada de novedades.

Detalle del acceso a dos de los hornos de cal. 
Ermita de Santiago

De este fase ya se documentó en el año 2008 la traza de un vicus de época romana que estuvo en funcionamiento entre los siglos I y III d. C, y que, más tarde, a partir de los siglos IV y V se transformó en una domus (casa). El vicus controlaba un emplazamiento industrial, donde están atestiguadas estructuras asociadas al procesamiento del vino y/o el aceite, a la fabricación de cerámica y, sobre todo, y esta es la novedad, a la obtención de cal.

Esta zona de producción que, como hemos dicho, se inició en torno al siglo I de nuestra era, estuvo funcionando con desigual intensidad durante al menos cinco siglos. Se articulaba a partir de un espacio central, en torno al cual se disponían diferentes dependencias, domésticas, artesanales y agrarias (esta sería, en sí, la definición de un vicus).

Nuestro vicus debió de estar regentado por un propietario que podía o no vivir en él. No parece que sea así en nuestro porque no se han detectado estructuras domésticas de lujo hasta más tarde, en el siglo IV, cuando surge el trazado de la domus. A pesar de esto, parece razonable pensar que en él habitasen varias familias que componían la mano de obra del establecimiento. La instalación funcionaba como una pequeña área industrial asociada a la explotación de los recursos agropecuarios y a actividades artesanales. En nuestro espacio (recordemos que no está totalmente excavado y que está protegido como zona de reserva arqueológica) hemos localizado restos de piletas de decantación, restos de hornos para la cocción de arcilla, etc.

Pero entre los restos hallados recientemente destaca la presencia de unos orificios circulares excavados en el terreno con restos de combustión, que hemos venido en denominar hornos de cal. Tienen unas dimensiones superiores al resto de hornos localizados hasta el momento, con un diámetro superior a 4 m, un grosor de pared de entre 30 y 40 cm y una profundidad conservada de más de 2,5 m. Se localizan próximos entre sí, y con una orientación similar sureste-noroeste. Constituyen un conjunto de tres hornos de cal que procesaban una ingente cantidad de cantos calizos de entre 40 y 50 cm de envergadura que, una vez sometidos a altas temperaturas y deshidratados, se convertían en la cal que era utilizada como materia prima indispensable para la construcción. Tras la excavación arqueológica, en su interior se han encontrado restos de estos cantos calizos, junto a paquetes de tierra quemada y, en el fondo, estratos blanquecinos de cal, de hasta medio metro de potencia, lo que nos hace pensar que los hornos fueron abandonados en pleno proceso de uso.

Detalle del acceso a otro de los hornos de cal. 
Ermita de Santiago

Se trataba de un modelo de explotación que no ha variado mucho hasta época reciente. Es un método ingenioso de procesamiento que cohesiona los materiales de construcción a través de un orificio circular en el terreno, reforzado por un anillo de piedras y sobre el que se disponía un paquete de arcillas de entre 30 o 40 cm de grosor. Una vez cocida en las diversas fases de uso, la pared se iba endureciendo cada vez más, dándole mayor consistencia al horno. Al interior se accedía por un pequeño orificio de 1,5 m de altura y 1 m de ancho, rematado superiormente a modo de arco que se utilizaba para introducir la carga, retirar la producción y proceder a la limpieza del horno. La cubierta superior tenía forma de cúpula y se rehacía en cada carga, lo que ayudaba a introducir esta y a extraer la producción.


El proceso de fabricación de la cal necesita de al menos una semana. Primero hay que localizar un lugar próximo para la obtención de las materias primas, en nuestro caso está a escasos cien metros, con unos afloramientos calizos de escasa consistencia sobre los niveles de yesos. Después se acopia la materia prima junto a los hornos para proceder a su cocción con temperaturas superiores a los 700º, que inciden en la deshidratación de la piedra caliza, convirtiéndola en una masa blanquecina que, una vez molida, permite su trasladado y uso, no sin antes esperar unos días a que se enfríe. Por eso, la presencia de tres hornos juntos hacía la fabricación más eficiente e impedía parones de producción generados por esperas técnicas. Mientras la carga de un horno se enfriaba, otro horno estaba cociendo, y en el tercero ya se podía recoger la carga o iniciarla.

El resultado de esta producción debió de generar múltiples residuos y acopios de piedras que dibujaron el horizonte próximo al arroyo de la Cañada. La presencia de ingentes montículos cenicientos o ennegrecidos, derivados de la limpieza y retirada de cada carga; manchas de cal; restos de acopios calizos; de leña para la combustión; y pequeños hogares o lechos de fuego permanentes, que permitían avivar la combustión de los hornos en todo momento debió de ser el paisaje con que se despertaban y convivían cada jornada los habitantes del vicus romano de la ermita de Santiago. Pero eso es otro capítulo que contaremos en otra ocasión…

Esta actividad extractiva e industrial se vuelve a identificar apenas cien metros más al oeste, y bastantes siglos después. A finales del siglo XIX y principios del XX, los habitantes de Valdemoro emularon a los romanos y explotaron en la zona canteras y hornos de yeso con el mismo fin y con tecnología similar. La actividad industrial de Valdemoro durante buena parte del siglo XIX y del XX fue principalmente la explotación de las zonas con yesos, extrayendo los cristales de esta roca que, una vez calentados en hornos, se transformaban en polvo de yeso que ha servido para la construcción. La toponimia y el callejero de la zona son testigos de esta actividad (avenida de los Yesares, calle de los Carros, avenida de las Canteras, Polígono de las Canteras, etc.). En las proximidades de lo que actualmente se denomina avenida del Ferrocarril aún quedan restos de uno de estos yesares, y podemos observar que la técnica de funcionamiento, salvando las distancias, no era muy dispar.

Localización y vista aérea de uno de los últimos yesares de Valdemoro. 
Calle Ferrocarril. junto a km 27 A4. 

En época romana se utilizó la parte superior del afloramiento rocoso convertido en caliza (en este caso de escasa calidad como piedra para la construcción, por su alto grado de disgregación) que sometida a una temperatura adecuada es susceptible de ser transformada en cal viva. Posteriormente, nuestros coetáneos de Valdemoro explotaron las cotas inferiores de estas crestas calizas que contenían principalmente yesos, con una tecnología más avanzada, pero con idéntica finalidad.

Se cumple así un círculo histórico de explotación de los recursos naturales en Valdemoro que se inició en época romana y que estuvo presente hasta finalizada la anterior centuria.


Fuente: larevistadevaldemoro.com

Agradecimientos:
Daniel Armero, Coloma Díaz, Patxi del Río, Eduardo, Rodríguez, Ángel Lancho, Laura Sánchez, Almudena Sanguino, Luis Santano y, especialmente, a Forum Creacciones, S. L. por la financiación.

Texto_Juan Sanguino Vázquez, Pilar Oñate Baztán (Gabark, Consultores en Patrimonio Histórico 2013, S. L.)

Música: Relaxing Backyard Tour

Valdemoro, madre del yeso



La explotación del yeso en Valdemoro ha sido un importante recurso económico durante más de cuatrocientos años. Las primeras noticias documentadas sobre la extracción de la piedra de las canteras y su transformación en polvo blanco corresponden al siglo XVI. Con el devenir del tiempo, los yesos locales llegaron a alcanzar una reconocida fama en la comarca; ya en el Catastro de Ensenada aparecen registradas una docena de yeserías y a finales del siglo XVIII los peritos encargados de responder al cuestionario estadístico encargado por el cardenal Lorenzana también se hacían eco de las excelentes propiedades del producto: "…solo hay canteras muy abundantes de yeso negro y blanco y se fabrica también el yeso mate para los doradores, uno y otro de la mejor calidad que se conoce..."

Trabajadores de la yesería de Pariente, en la calle Bretón de los Herreros - 1948

Igualmente son considerables las referencias documentales en el siglo XIX donde se pone de manifiesto la proliferación de las actividades vinculadas al yeso. En el último tercio hay
constancia de numerosas peticiones recibidas por el concejo para la instalación de hornos en distintos puntos del término municipal; muchas de ellas procedentes de particulares que veían así una oportunidad de hacer dinero al margen de las tareas agrícolas que constituían la base de la economía de la época. Asimismo, se conservan múltiples contratos de arrendamiento de terrenos de titularidad pública para la extracción de la piedra de yeso.

Plano de la fachada principal de La Yesera Nacional - 1947

Ya en el siglo XX, en los años posteriores a la Guerra Civil, se produjo uno de los periodos álgidos en la producción yesífera, relacionado directamente con la necesidad de materiales de construcción para reparar los destrozos provocados por el conflicto bélico. Es en ese momento cuando se crea una de las primeras fábricas con las características y peculiaridades de una manufactura moderna: La Yesera Nacional (1941), entre las más emblemáticas de la localidad hasta su desaparición en 1963. El edificio que acogió las ilusiones empresariales de Marcos Medina y contribuyó a mejorar las condiciones de vida de tantos valdemoreños era una gran nave de planta rectangular y muy alargada que experimentó sucesivas ampliaciones a medida que se incrementaba el negocio.

Grupo de yeseros a la puerta de La Yesera Nacional - 1950

La proliferación de compañías influyó de modo notable en la demografía local que aumentó considerablemente su población debido a las posibilidades de trabajo ofrecidas por las canteras y fábricas de yeso. En el padrón municipal de habitantes correspondiente a 1960 (4.411 personas) se contabilizan casi 100 trabajadores empleados en este sector: peones yeseros, canteros, chóferes de las fábricas y administrativos.

Imágenes publicitarias de las fábricas La Yesera Nacional 
y La Imperial, programa de fiestas patronales de mayo de 1954

Pero la situación cambió a principios de la década de los años 70. La irrupción de nuevas factorías relacionadas con la fabricación de muebles, la alimentación infantil y los derivados del fibrocemento animó a muchos yeseros a cambiar de oficio, buscando mejores salarios y unas condiciones de trabajo más livianas. Evidentemente, también tuvo que ver el traslado de las principales firmas a San Martín de la Vega, no por agotamiento de la materia prima sino, quizá, por encontrar allí unas oportunidades de implantación más ventajosas.

Trabajadores de la yesería La Mundial, situada en la actual calle Trigo - 1950

En la actualidad, buena parte de la superficie ocupada por las canteras en la antigüedad ha sido sustituida por uno de los polígonos industriales con más solera de Valdemoro: el Valmor que, junto al de Las Canteras, de creación más reciente, conforman una de las áreas empresariales de mayor proyección económica a día de hoy.

Fotografía aérea de las canteras - 1956

En su viario se han mantenido los nombres relacionados con la fabricación del yeso: las avenidas de los Yeseros y de las Canteras configuran los ejes principales en torno a los que se asientan las distintas empresas; Los Carros (rememorando el primitivo medio de transporte desde las canteras a las fábricas), La Patrona, Aprisco y Cruz de Medallas (denominación de antiguas canteras) también recuerdan el vínculo con el mineral blanco.

Fotografía aérea de la ubicación de las antiguas canteras - 2025

En esa zona se concentraban la mayor parte de los yacimientos que abastecían a las yeserías locales del material necesario y aún se pueden contemplar las ruinas de una de las últimas fábricas en funcionamiento, Safrye, creada en 1965 gracias a la iniciativa de dos entidades de probada experiencia, Yesos Humanes y Yesera La Mundial, con el fin de obtener una elaboración del yeso más racional y económica con las características y exigencias técnicas que se requerían en el momento.

Ruinas de la antigua fábrica Safrye - 2004

Una actividad de tan larga tradición en la economía valdemoreña como fue la producción del yeso marcó de manera indeleble la sociedad, el urbanismo y la demografía local. Un negocio productivo durante siglos fue dejando paso a otros con tareas menos sacrificadas y mejor remunerados, protagonizando, en cierta manera, una especie de «segunda revolución industrial local». Pero, lo que es indudable, es el importante papel que desempeñaron canteros y yeseros en una época, la posguerra y, más adelante, en pleno desarrollismo, en las que, gracias a su ímprobo esfuerzo se revitalizaron los niveles económicos del municipio.

Espejuelo: yeso cristalizado en láminas brillantes. 
Materia prima de las yeserías de Valdemoro - 2004 

De todo aquello solo queda el recuerdo, la recuperación toponímica, algunos restos de arqueología industrial, un paisaje cada vez más mermado de cantiles y formaciones rocosas diseminados por la zona y muchos fragmentos de espejuelos (el sulfato calizo cristalizado que da origen al mineral de yeso) que afloran del terreno e indican su omnipresencia en el subsuelo.








Contenido creado por Ayuntamiento de Valdemoro
Texto: María Jesús López Portero. Archivera Municipal de Valdemoro
Fotografías: Archivo Municipal de Valdemoro


Música: siglo de oro español.

175 años de trenes en valdemoro



El 9 de febrero de 1851 se puso en marcha el trazado férreo entre Madrid y Aranjuez. Valdemoro fue elegida como una de las paradas intermedias, en el km. 28 del recorrido. Desde entonces el ferrocarril ha formado parte importante de la historia del municipio, dejando interesantes imágenes representativas de estos 175 años.

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María Teresa Junquera Ibrán



Jerónimo Ibrán fue uno de nuestros grandes hombres. Aunque había nacido en Mataró (Barcelona), se le considera mierense de adopción. Numa Guilhou lo vio claro cuando le confió la dirección técnica y administrativa de su fábrica y que su hijo era incapaz de asumir. Gracias a su trabajo y a su ingenio el negocio no solo superó sus dificultades, sino que se convirtió en un ejemplo de lo ahora se llama I+D, abordando las construcciones metálicas con aplicación a puentes y vigas armadas con la tecnología más moderna de su época. Fue también un eficaz director de la Escuela de Capataces de Minas y de los Ferrocarriles Económicos de Asturias y consejero de las empresas más importantes de Asturias.

Jerónimo Ibrán y Mulá
1842, Mataró - 1910, Oviedo.

Menos conocida es su vida personal, pero encontré con una sorpresa en la figura de una de sus nietas: María Teresa Junquera Ibrán, a la que poco se conoce en Valdemoro y sobre la que he encontrado una biografía digna de reseñar en este blog.


María Teresa Junquera Ibrán nace el 1 de octubre de 1890 en La Rebollada, parroquia del concejo de Mieres, en Asturias.

Sus padres, Buenaventura Junquera Domínguez y María Ibrán Cónsul (hija de Jerónimo), tuvieron seis hijos. La primera fue una niña llamada María Teresa, que nació en La Rebollada en abril de 1889 y falleció en diciembre del mismo año. Para recordarla, siguiendo una costumbre que antes era muy corriente, su hermana, que llegó al mundo en octubre de 1890, fue bautizada con su mismo nombre: María Teresa Junquera Ibrán.

Ella tuvo más suerte y una larga vida, 91 años, lo que la permitió asistir a todos los acontecimientos interesantes de la historia del siglo XX español e incluso ser protagonista de algunos, demostrando siempre un interés por la cultura y un carácter liberal y moderno que heredó tanto de sus padres como de sus abuelos, haciéndola destacar en un ambiente donde el respeto a los derechos de la mujer aún estaba muy lejos.

Buenaventura, el padre de María Teresa, fue secretario del Consejo de Administración de Fábrica de Mieres, lo que le permitió vivir como Jerónimo Ibrán en una de las casas construidas en La Rebollada para sus empleados técnicos y directivos. Después, la familia se trasladó a Oviedo.


Teresa siempre sintió inclinación por la medicina, pero matricularse en un Facultad era una pretensión casi imposible en la primera década del siglo para una mujer española, por lo que en un principio se tuvo que conformar con obtener el título de enfermera, aunque como contaba con el apoyo moral y económico de su familia, lo hizo en 1911 en una de las mejores escuelas europeas del momento, la de Bayona, aprovechando que allí vivía su tía Catalina Ibrán.
Entonces no hacían falta más estudios para acceder a la enfermería y podía haber cerrado aquí su curriculum, pero no se conformó. En 1917 obtuvo su bachiller en Oviedo y un año más tarde ya trabajaba -de nuevo en Francia- en el Hospital Val de Grâce de París.

Entretanto, las cosas ya habían empezado a cambiar para las jóvenes españolas y por fin en 1920 pudo empezar también en Oviedo los estudios de Medicina y Cirugía, que concluyó en el hospital madrileño de San Carlos en una promoción de la que formaron parte otras cinco mujeres. Allí empezó también su doctorado y siguiendo su empeño por reivindicar la dignidad del trabajo femenino fue fundadora y vicesecretaria de la Asociación de Médicas españolas desde sus inicios en 1928 hasta 1936.


Una de las experiencias que la marcaron profesionalmente llegó con su estancia en Londres, en 1926, donde conoció las técnicas más modernas de enfermería y completó su formación con el director de la Escuela Nacional de Puericultura Enrique Suñer. En Inglaterra pudo ver a la vez los métodos de Florence Nightingale en el Hospital de St. Thomas, que en 1929 quiso aplicar cuando fue nombrada subdirectora de la Escuela de Enfermería, recién inaugurada en la Casa de Salud de Valdecilla.

Para acceder al sistema inglés se exigían unos requisitos mínimos: buen aspecto, buena conducta, buenos modales y saber leer y escribir. La formación se desarrollaba en tres años bajo régimen de internado, con prácticas diarias en un centro hospitalario y siguiendo un programa teórico que incluía materias médicas y de laboratorio. El intento de María Teresa fracasó en España al no recibir ningún apoyo: las alumnas de Valdecilla eran maltratadas e insultadas por las instructoras y tanto el director como la marquesa de Pelayo, benefactora de la institución, boicotearon el plan de estudios al considerarlo demasiado progresista.

María Teresa Junquera en su habitación.

En junio de 1930, las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul sustituyeron en la administración del hospital a María Teresa y poco más tarde, desencantada, regresó a Oviedo para atender a su madre enferma y abrir una consulta de pediatría junto a Matutina Rodríguez Álvarez, una compañera de promoción con la que mantuvo siempre una gran amistad.
En la capital de Asturias las dos vivieron los acontecimientos revolucionarios de octubre de 1934, donde Teresa prestó sus servicios a los heridos sin hacer distinciones entre los bandos; al año siguiente, tras la muerte de su padre, fue nombrada por José Giner directora del Orfanato de El Pardo, en Madrid, y en este puesto vivió la Guerra Civil, aceptando junto a sus niños a huéspedes tan diferentes como un grupo de seminaristas y otro de hijos de brigadistas internacionales.

En 1937 se fué a Francia donde siguió cuidando a los niños refugiados y estuvo en París hasta que la ocupación nazi la empujó de nuevo hasta Madrid. Allí compró en 1952 una casa con finca en Valdemoro, abandonando para siempre la medicina para vivir junto a su hermana María Jesús y su cuñado Santiago, dedicándose a los trabajos del campo y sin perder nunca el contacto con Matutina Rodríguez y su marido Antonio Martínez Torner, quien también era pediatra.

María Teresa Junquera Ibrán murió en Valdemoro en diciembre de 1981, dejando huella en la historia de la enfermería española.


La Rebollada en el año 1960,
a la derecha se ve una de las chimeneas de la Fábrica y al fondo Mieres.





Fuentes:
  • Ernesto Burgos - Historiador
  • elblogdeacebedo.blogspot.com

Música: "Abrázame así" - Ana María Gonzalez

18 de marzo de 2026 - Valdemoro deja de ser el único municipio madrileño sin bandera

 


El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobó, el 18 de marzo de 2026, autorizar al Ayuntamiento de Valdemoro la adopción de una bandera municipal oficial y la modificación de su escudo heráldico. 

Ambos emblemas cuentan con informes favorables y aval de instituciones especializadas, como la Real Academia de la Historia y la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, que han emitido informes favorables. Este respaldo garantiza el rigor histórico y la adecuación de los símbolos a los criterios oficiales.

El municipio, cuya primera referencia documental se remonta al siglo XII, carecía hasta ahora de bandera oficial. Por este motivo, la entidad local organizó en mayo de 2019 una consulta participativa para que los vecinos eligieran entre cuatro diseños. Más de 2.700 ciudadanos (76.000 habitantes censados en 2019) participaron en la votación, obteniendo la opción ganadora un respaldo del 40%.


La opción seleccionada presenta fondo blanco —en alusión a la tradición yesera de la localidad— y dos bandas diagonales: una verde, que simboliza los olivos, las vides y la histórica vinculación de la ciudad con la Guardia Civil, y otra roja, en referencia a Castilla y a la Comunidad de Madrid. En el centro se incorpora el nuevo escudo, que adquiere carácter oficial tras su aprobación por el Consejo de Gobierno.


La localidad madrileña venía utilizando un blasón desde 1983 que no poseía ningún tipo de refrendo oficial. De ahí que se propusiera uno, adaptación del que corona la Fuente de la Villa, datado en 1605 y considerado el más antiguo del que se tiene constancia.

El nuevo escudo destaca por sus tonos oro, rojo carmesí y azules, y está acompañado por la figura de un rey con su corona y cetro encadenado a la fortaleza del castillo con una cadena de plata. Por último, se timbra con la corona real de España.

Más allá de su valor institucional, la nueva bandera y el escudo servirán para identificar a Valdemoro en actos, edificios y comunicaciones y reforzar el sentimiento de pertenencia.







Alonso de Valdemoro - "Perucho"



Alonso Hernández o Fernández, carmelita de la provincia de Castilla, nació en Valdemoro hacia 1524/1525. En el epistolario de Santa Teresa de Jesús, aparece con el criptónimo de ‘Perucho’. 

Ingresó joven en la orden, profesando hacia 1539-1540 en el convento de Toledo. 
En 1548 es conventual en ‘Los Valles’ (Burgos) y sucesivamente ejerce cargos de responsabilidad: fundador y primer prior del convento de Valderas (1566), confirmado en el cargo el año 1567 en el Capítulo Provincial presidido por Rubeo. Es a la vez Definidor Provincial. Parece ser él quien dé el relevo al P. Antonio de Heredia como vicario de Medina del Campo, cuando éste renuncia a su cargo prioral para encaminarse a Duruelo. Prior del Carmen de Avila en 1574-1576. Reelegido para el cargo este mismo año, pero le es aceptada la renuncia. En 1577 se le encomienda la fundación de un convento en su pueblo natal Valdemoro, si bien ésta no se logrará hasta 1589. 

En el epistolario teresiano aparecerá como vicario de Medina del Campo en 1578. Todavía en 1579 es designado prior de San Pablo de la Moraleja. Cuenta con un hermano carmelita, no muy afortunado, y con un primo, el maestro Córdoba, también carmelita. Pero cuenta sobre todo con el aprecio del Provincial Angel de Salazar y del General Rubeo.

A pesar de su bien merecido prestigio, Valdemoro entra con mal pie en el epistolario teresiano, por haber sido él quien, siendo prior del Carmen de Avila, apresa y lleva desterrado a Medina a fray Juan de la Cruz y a su compañero de tarea en La Encarnación, a finales de 1575, mientras la Santa está en Sevilla. 


A primeros de enero de 1576 se lo referirá ella, dolorida, al General de la Orden, lamentando que Valdemoro goce del favor del Provincial Angel de Salazar: 

"como es prior de Avila, quitó los descalzos de La Encarnación con harto gran escándalo del pueblo, y así trae aquellas monjas…, que es lástima el gran desasosiego que traen"
(carta a Rubeo, enero de 1576, n. 16). 

Los otros achaques que indispondrán a la Santa respecto de él son sus intentos de amistad, que ella cree fingidos:

"tengo sospecha que amistad para hacernos bien… no la tendrá"
(carta a Gracián, del 21.10.1576, n. 9; y carta del 3.11.1576, n. 1)

Sus tanteos para introducir entre los descalzos a su propio hermano, expulsado de la Orden, en que la Santa usa fina ironía respecto del buen "Perucho". 

Todavía se enojará con él Teresa a causa de su intervención en la famosa ‘elección machucada’ de la Encarnación y las subsiguientes censuras de las monjas carmelitas: 

"él y el Provincial no han hecho sino hacer diligencias y amenazarlas"
(carta a R. de Huerta, del 12-3-1578, n. 2). 

"Muertas de miedo de él’ están por esas fechas las carmelitas de Medina, donde Valdemoro es Vicario" (carta a Gracián, del 19.8.1578, n. 4). 

A todo ello se debe la imagen negativa que este hombre ha proyectado sobre las biografias de Teresa y de Juan de la Cruz.




Fuente: Pablo Garrido, Interpretaciones erróneas de algunos textos teresianos - 1997.

Peña del Real Madrid en Valdemoro



La Peña Madridista de Valdemoro nació el 22 de mayo de 1981, sólo unos días antes de jugarse la final de la Copa de Europa que disputaron el Madrid de Boskov y el Liverpool en París. 

Joaquín Mazarracín, Facundo Carrero, Dionisio García, Ángel Díaz, Francisco Lerena, Fidel Mateos y Antonio García, madridistas férreos y socios fundadores, decidieron crear una pequeña asociación, bajo el nombre de Peña Madridista de Valdemoro. Al acto de inauguración acudió el por aquel entonces presidente del Real Madrid, Luis de Carlos, y se celebró en los salones del restaurante Quinito, primera sede social de la sede.

El motivo fundacional de la asociación fue la de conseguir unificar a todos los madridistas que vivían en Valdemoro y que cada fin de semana acudían al estadio por separado a animar a su equipo. Por este motivo, como peña acuden a las citas deportivas que se disputan en el Santiago Bernabéu y  fuera de la Comunidad de Madrid también es habitual que la bandera de la peña valdemoreña esté presente en los encuentros celebrados tanto en la geografía española como en toda Europa.


La peña, que comenzó con 35 socios. En los 45 años de actividad el número de socios ha sido variable, alcanzando picos de máxima participación cuando el madridismo ha cosechado grandes temporadas y franjas de menor participación coincidiendo con la crisis económica. 

La peña madridista es la asociación más antigua de Valdemoro. Cuando se creó en ese año 1981 no existía ninguna agrupación local. El Real Madrid contaba con peñas por toda España; es por ello que, a través del club, se formalizó la Peña Madridista de Valdemoro en forma de asociación local. La peña se rige por los estatutos del club, lo que establece un vínculo especial entre la agrupación y el Real Madrid.

Históricamente, las diferentes sedes de la peña siempre fueron bares de la localidad. En vista de los inconvenientes que generaban a la hora de llevar a cabo sus reuniones, los socios optaron por crear su propia sede. La primera se encontraba en la calle San Isidro, más tarde se mudaron a la calle Libertad, hasta que decidieron asentarse en pleno centro de Valdemoro, en el número 4 de la calle Doctor Benito, a pocos metros de la plaza de la Constitución. 


Cabe apuntar que, junto a la Peña La Saeta, son las únicas dos agrupaciones de la Comunidad de Madrid que comenzaron a contar con local propio. Los 184 metros cuadrados de local cuentan con una barra de bar, televisores y mesas y sillas donde ver los partidos o celebrar las competiciones de mus.

El primer presidente de la peña fue don Joaquín Mazarracín, cargo que ocupó por un espacio corto de tiempo; lo mismo ocurrió con Ángel García y Consuelo Humanes cuya presidencia fue de transición. El primer presidente longevo fue Facundo Carrero, quien ostentó el cargo desde prácticamente el nacimiento de la peña hasta el año 1989. Le sucedería hasta el año 1995 Eugenio Escudero, quien dio paso a Santiago Fernández Humanes.


 En la actualidad el perfil de socio de la peña se encuentra entre los 40 y los 50 años, aunque existe una gran participación de jóvenes. La peña pretende fomentar la afiliación juvenil.

Son muchos los madridistas que, desafortunadamente, ya no se encuentran entre los socios de la peña. Todos ellos tienen un recuerdo en la memoria de la asociación. Cabe destacar la figura de Francisco Lerena, madridista acérrimo que, además de ser socio fundador, se volcó con este proyecto prestando ayuda a cualquier socio que lo necesitara. Su recuerdo sigue muy presente en la actividad diaria de la asociación.




Las anécdotas de Diego de Pantoja y Fray Pedro Aguado

Diego de Pantoja 


Nació en Valdemoro en 1571. Venía de una familia acomodada e influyente de Valdemoro. Los padres lo mandaron a estudiar a Alcalá de Henares y allí entró en contacto con los jesuitas. Se unió a ellos y partió para China. Su labor como misionero en China fue impresionante. Tradujo libros, elaboró mapas y junto a Mateo Ricci se dedicaron a encontrar similitudes entre muchas sentencias de Confucio y las Sagradas Escrituras. Desafortunadamente, su aproximación a la cultura china y su aceptación del mestizaje del cristianismo con la misma no gustaba a todo el mundo. Murió en Macao en 1618, expulsado de China, como todos los jesuitas. En el centenario de su muerte intervinieron el Gobierno de España y el Gobierno de China, a través del Instituto Cervantes. En Valdemoro, nadie conocía la figura de Diego de Pantoja.

La anécdota tiene su interés. Corría el año 1970, tal vez 1971, que era el año del 400 aniversario de su nacimiento y apareció por Valdemoro un profesor chino de la Universidad de Pekín que respondía al nombre de Zhang Kai. Vino buscando información sobre Pantoja y nadie sabía nada al respecto. Entonces los archivos no estaban digitalizados e incluso no fue fácil encontrar su partida de bautismo. Zhang Kai había escrito un libro (Diego de Pantoja y China, se puede encontrar una edición reciente, de 2018, publicada por la Editorial Popular) y, a partir de ahí, comenzó a cobrar importancia la figura de Pantoja.


Fray Pedro de Aguado. 

En Valdemoro se ha dedicado su nombre a una escuela primaria, pero poco más para lo importante que es su figura. 

Murió con 93 años, que para esa época era tremendo. Escribió un libro sobre la conquista de Venezuela y Colombia por parte de los españoles. 

Estuvo presente en la fundación de Santa Fe de Bogotá. Vino de América con su libro bajo el brazo, pero lo marearon. Necesitaba el permiso de Felipe II para su publicación y, primero, se lo dieron, luego se lo quitaron… Total, que se hartó del tema, dejó el libro en España y se volvió a Colombia. Fue mucho más tarde cuando el libro cobró relevancia histórica y fue publicado.





Fuente: Rafael García de las Peñas - entrevista "La revista de Valdemoro"

Rafael García de las Peñas

 


Rafael García de las Peñas nació en Madrid, en pleno barrio de los Austrias, o como él prefería llamarlo el barrio medieval, el barrio de San Isidro Labrador. 
Estudió en los Escolapios en Madrid y posteriormente Ingeniería de Caminos y Minas, aunque lo que a él le gustaba era la arqueología. Desde pequeño, le gustaban los libros de historia que tenían en la escuela.

En el año 1940, comenzó a veranear en Valdemoro, aprovechando que tenía familia en la villa. Sus primeros recuerdos eran del patio de la casa de sus tíos, donde se juntaban todos los niños, grandes y pequeños, para jugar. Rafael siempre habló de Valdemoro con mucho amor. Hablaba de todas esas familias que pasaban sus vacaciones estivales en los años cincuenta, sesenta e inclusive ochenta, en nuestra localidad. Recordaba los guateques de esos veraneantes, donde todos se juntaban para divertirse.


Aunque su mujer era de San Sebastián, se conocieron en Madrid en el año 1966 y pronto la invitó a Valdemoro para que conociera el pueblo. 

Cuando terminó los estudios, se fue a trabajar a una mina de carbón en la provincia de León. Tras vivir en Oviedo, le dieron traslado a Madrid y en el año 1979 fue cuando se estableció a vivir definitivamente a Valdemoro.


Rafael, padre de tres hijos, hablaba con generosidad de las celebridades históricas valdemoreñas. Aunque se le podría describir como autodidacta, lo que más le gustaba era aprender la historia de Valdemoro escuchando a los mayores. Historiador o cronista privado de la historia de Valdemoro, cuando el pueblo comenzó a crecer, sintió que Valdemoro, el Valdemoro de su infancia, se diluía, y comenzó a fomentar la historia del municipio. Ya con 65 años cumplidos, puso en práctica los cursos y reuniones que repasaban toda la Historia de Valdemoro.

En el año 2018, fue nombrado pregonero de las fiestas Patronales del Santísimo Cristo de la Salud, celebradas en el mes de mayo, hecho que le llenó de tal manera de orgullo y alegría que durante el pregón sus ojos se le llenaban de lágrimas por la gran emoción.

Rafael García de las Peñas, hasta el día de su fallecimiento en 2023, se hizo un hueco en la memoria de la ciudad a través de la historia, haciendo acopio de un conocimiento que compartió de manera altruista como profesor en el Centro de Mayores y desde la presidencia de la Asociación de Investigación Histórica Las Fuentes de la Villa.


En una iniciativa, impulsada por la Asociación de Antiguos Alumnos de la Guardia Civil para homenajear su figura, un talud verde de 120 m2 en la plaza de Nuestra Señora del Rosario, ubicado frente a la casa en la que Rafael vivió, pasó a llevar el nombre de ‘Jardín Rafael García de las Peñas’.

“Este es solo un pequeño reconcomiendo a la historia y vida de uno de nuestros vecinos que con más cariño ha tratado a Valdemoro desde el punto de vista personal y humano” 

Con estas palabras, se resumió la aprobación de la designación de este espacio público.




Fuente: Fernando Martín Pescador - larevistadevaldemoro.com

Música: Nana y Jota (Manuel de Falla)