Archivo fotográfico de Valdemoro - "Fondo Vecinos"



La historia de este fondo documental tiene su génesis en 1990, cuando el departamento de Prensa y Comunicación del Ayuntamiento de Valdemoro proyectó organizar una exposición a partir de unas fotografías antiguas olvidadas en un cajón de la mesa de un despacho. Las instantáneas representaban edificios oficiales y lugares emblemáticos del casco urbano que posiblemente se encargaran en su día para ilustrar la publicación Boletín Municipal Informativo de Valdemoro (editada entre 1968 y 1971).

 Al mismo tiempo, un vecino de la localidad ofreció sus retratos familiares y, a la vez, fue el que indicó otros posibles donantes que con seguridad proporcionarían también las propias.

La plaza de Autos. 1940 
Autor: Pedro Rincón

Gracias a la transmisión oral llegaron a recopilarse entonces más de cuatrocientas reproducciones en papel, negativo y placa de cristal, de las que fueron seleccionadas ciento setenta y cuatro para presentarlas en una muestra en el centro sociocultural de la ciudad. El objetivo no era otro que dar a conocer la evolución del municipio y la importancia de la conservación de los patrimonios familiares y su transmisión a las generaciones venideras.

Celebración de una misa en la plaza de la Constitución. 1948
Cedida: Familia Figueras

Poco más tarde, tras la buena acogida de esa iniciativa, se volvió a programar una segunda edición, con el mismo propósito que la anterior. La primera había representado una oportunidad para que el Ayuntamiento contactara con diferentes personas e instituciones que guardaban colecciones de un evidente interés histórico y sociológico, como la perteneciente a Juan Chaperón con un antepasado que fue alcalde de Valdemoro a principios del siglo XX.

Vista de Valdemoro desde la carretera de Andalucía. 1972
Autor: Antonio Jalón Corominas

Juan atesoraba numerosos testimonios de acontecimientos, incógnitos hasta entonces, como el reportaje realizado con motivo del homenaje que en 1919 recibió el escritor Pedro Antonio de Alarcón, antiguo vecino ilustre. También fue posible obtener copia de parte de la colección perteneciente a la Guardia Civil, obra del fotógrafo Manuel Soler, tanto del Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada como del de huérfanas Marqués de Vallejo.

Fachada principal del colegio Marqués de Vallejo. 1920
Autor: Foto Soler

Se trata de una veintena de fotos fechadas en la década de los años 20 del pasado siglo que permiten conocer cómo eran las antiguas instalaciones que la Benemérita posee en el municipio o las actividades de las alumnas del llamado popularmente Juncarejo. En esta ocasión, a finales de 1994, destaca sobremanera la cesión hecha por Maruja [Guillermina] Rincón Jurado de más de ochocientas imágenes producidas por la cámara de su padre, Pedro Rincón, fotógrafo aficionado que retrató como pocos el entorno urbano, los personajes más relevantes, escenas cotidianas y los paisajes valdemoreños con un marco cronológico que abarca más de medio siglo (1920-1975 aproximadamente).

Fachada principal del Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada. 1930
Autor: José María Blanco Freire

A partir de entonces, el denominado «Fondo Vecinos», dentro del repertorio fotográfico municipal, sigue incrementándose y permite ilustrar la evolución urbanística, sociológica y económica de Valdemoro y sus habitantes. Desde 1855, fecha a la que pertenece la fotografía más antigua (correspondiente a un retrato de Luis Mariano de Larra y Wetoret, hijo del malogrado escritor Mariano de Larra, Fígaro) hasta la década de los años 70 del pasado siglo XX encontramos ejemplos de los más reputados fotógrafos de cada época: Jean Laurent, Manuel Soler, Eusebio Juliá, Juan Mon, Alfonso, Almayso, Kaulak, Casa Ros, Roca, Calvet, Calvache y otros firman retratos de personalidades vinculadas con el municipio, como la marquesa de Villa Antonia, Luis Mariano de Larra, Estrella de Elola o muchos otros.


No menos importantes son aquellos de aficionados a la técnica fotográfica cuyos herederos han guardado celosamente las bellas cartulinas impresas que positivaron sus parientes y cuyas copias digitales hoy se conservan en el Archivo Municipal para conocimiento y difusión de la historia local.

Vista panorámica desde los cerros de Valderremata. 1930
Autor: Joaquín Palacios Moya

A los descendientes del mencionado Pedro Rincón, de Antonio Jalón Corominas, Joaquín Palacios Moya o de los hermanos Figueras Orihuela, nuestro más profundo reconocimiento y gratitud. Pero también a Paloma Barrios, que prestó imágenes y objetos familiares pertenecientes a su antepasado Luis Mariano de Larra y permitió organizar una exposición en torno a la familia Larra, otros intelectuales contemporáneos y su vinculación con el municipio. A día de hoy más de ciento cuarenta colecciones particulares de gran interés están integradas en el patrimonio documental municipal y permiten vislumbrar un panorama visual cada vez más amplio de la sociogeografía valdemoreña de los últimos ciento setenta años.


Gracias al celo, esfuerzo y generosa aportación de los depositarios de esas herencias familiares el fondo cuenta actualmente con más de 5000 imágenes entre 1855 y los primeros años de la década de los 20 del presente siglo cuando se incorporaron nuevas donaciones con motivo del llamamiento realizado a la ciudadanía para testimoniar gráficamente episodios de indudable relevancia histórica como fueron el confinamiento producido por la COVID-19 o la nevada Filomena de 2021.


Pero poco serviría la labor de custodia, clasificación y conservación si no se hubiera complementado con diferentes proyectos de difusión destinados a recalcar no solo la importancia de este legado como elementos pretéritos sino como fuente indiscutible de investigación histórica. Desde las mencionadas exposiciones de 1990 y 1994, pasando por la edición de catálogos fotográficos, muestras temáticas presenciales («30 aniversario del Teatro Juan Prado», «Las navidades de antaño»…) y virtuales («Valdemoro: los veranos de la villa», «Derechos de la infancia», «Cómo nos movíamos», «El trabajo femenino en Valdemoro, 1920-1990» o «De vuelta a las aulas 1880-1965»), ponen de manifiesto, sin duda alguna, el potencial indiscutible de esta documentación.

La Fuente de la Villa tras la nevada Filomena. 2021
Ayuntamiento de Valdemoro




Fuente: larevistadevaldemoro
Texto: María Jesús López Portero - Archivera Municipal de Valdemoro

Música: Juanes ft. Nelly Furtado - "Fotografía"

Valdemoro, km 387 - "Presentes" - Paco Cerdá Arroyo



Fuente: larevistadevaldemoro.com/valdemoro-literario
Texto: Fernando Martín Pescador

"¿Qué hacían y con qué cubrían sus ojos la mayoría (más del cincuenta por ciento) de los valdemoreños el día 12 de agosto de 2026 alrededor de las ocho y media de la tarde? No nos equivocaríamos por mucho si dijéramos que estaban viendo un eclipse solar con unas gafas oscuras. Tampoco erraríamos si dijéramos que el 19 de julio del mismo año, entre las nueve y las once y media de la noche hora española, la mayoría de los valdemoreños seguían de alguna forma la final del mundial de fútbol. Y podríamos decir algo similar sobre la final del 11 de julio de 2010. Hay unos cuantos momentos del pasado en los que podemos adivinar con cierta precisión dónde estaba la mayor parte de los habitantes de Valdemoro. Junio de 1956, por ejemplo. La mayoría de los valdemoreños merodeaban la plaza de la Constitución (entonces la plaza del Generalísimo) para ver o formar parte de la filmación de Orgullo y pasión, la película dirigida por Stanley Kramer y protagonizada por Cary Grant, Frank Sinatra y Sophia Loren. Las escenas filmadas en el entorno del ayuntamiento testifican que la plaza estaba abarrotada.

Gracias al libro Presentes, de Paco Cerdà (Alfaguara, 2024, Premio Nacional de Narrativa 2025) podemos intuir qué hacía la mayoría de los valdemoreños durante la tarde del 28 de noviembre de 1939. En su libro, Cerdà nos cuenta cómo el 20 de noviembre de ese año, el gobierno de España decidió trasladar el cadáver de José Antonio Primo de Rivera desde el cementerio de Alicante, donde había sido enterrado tres años antes, hasta El Escorial. 467 kilómetros a pie, con miembros de la Falange de toda España portando el féretro sobre los hombros, con relevos cada diez kilómetros. Emplearon once días y diez noches. Uno de los capítulos del día 28 de noviembre de Presentes, de Paco Cerdà, se titula Valdemoro, km 387.

Ese día, un martes, a las cinco de la mañana, el cortejo llegó a Ocaña y allí hubo relevo de portadores. A las diez y media de la mañana, los doce miembros de la Falange de Valladolid que llevaban el féretro a hombros hicieron un alto para rezar el rosario. El nuevo relevo entró en Aranjuez a las doce en punto. Mientras atravesaban Aranjuez, una escuadrilla de aviones caza volaron por encima del cortejo dibujando una gran cruz en el cielo. Entre Seseña y la cuesta de la Reina, más de quince mil personas, que habían llegado de Madrid y Toledo, flanqueaban completamente la carretera. Una alfombra de flores, mirto y romero cubría completamente la cuesta de la Reina. La velocidad media de la comitiva era de unos dos kilómetros por hora con lo que calculamos que el cadáver de José Antonio pasó por Valdemoro entrada la noche (en esas fechas atardece bastante temprano).

El 28 de noviembre de 1939 había censados 2 713 habitantes en Valdemoro. Un treinta por ciento menos que en el censo de 1930, en el que había registrados 3 517 vecinos. Ochocientos habitantes menos eran los estragos de la guerra. Intuimos que la mayoría de esos valdemoreños que sobrevivieron a la guerra se apostaron a los lados de la carretera de Andalucía, que cicatrizaba la villa como ahora lo hace la autovía A-4. Como había ocurrido en el resto de localidades por las que pasó la comitiva, podemos imaginar que había antorchas iluminando la carretera.

Miguel de los Santos había cumplido tres años en julio de 1939 y, muy posiblemente, ya estaba en la cama cuando pasó el cortejo por Valdemoro. Pero es muy fácil que su padre, Gregorio de los Santos, sí que estuviera presente para recibir a la comitiva. Eran tiempos difíciles para Gregorio. Había sido secretario del Ayuntamiento durante el gobierno de la República. Llevaba, además, el cine Alarcón, uno de los primeros cines de la villa y, durante los primeros meses de la guerra, los brigadistas estadounidenses le habían regalado un piano cuando tuvieron que salir de Valdemoro a toda prisa. El último alcalde republicano de Valdemoro, Fernando Móstoles Moya, para el que Gregorio había trabajado, tuvo que huir a Valencia el 31 de octubre de 1936. Así que en ese piano, no llegaron a tocar Jarama Valley, el poema escrito por el brigadista escocés Alex McDade que más tarde inmortalizó Woody Guthrie y que se convirtió en uno de los himnos de la Brigada Lincoln. Recientemente, Miguel de los Santos regaló el piano a Valdemoro y puede visitarse en el teatro municipal Juan Prado.

No eran tiempos fáciles para Gregorio de los Santos. Fernando Móstoles había sido apresado y esperaba juicio. Sería fusilado el 6 de marzo de 1941 y enterrado en el Cementerio del Este de Madrid. Durante la guerra, a Gregorio le tocó desempeñar las funciones de secretario para el Ayuntamiento de Valdemoro y de dos localidades vecinas más. Tenía que desplazarse de un pueblo a otro y no era territorio seguro. Poco antes de terminar la guerra, Gregorio había aprobado una oposición para ser secretario y había obtenido el destino en Pozuelo de Alarcón. Sin embargo, solicitó continuar como secretario en Valdemoro para ayudar a su madre, viuda y con dos hijos mucho más jóvenes que él. Es muy posible que, esa tarde noche del 28 de noviembre, junto a Gregorio estuviera su buen amigo Pepe Humanes. Gregorio contó a su hijo Miguel que José Humanes había estado en el teatro de la Comedia, muy cerca de José Antonio de Rivera, el día que este presentó oficialmente el movimiento político de Falange Española con un discurso fundacional. También le dijo que Pepe Humanes llegó a convertirse en uno de los hombres más cercanos a José Antonio.

Cuando el féretro llegó a Valdemoro, tomó el relevo la delegación provincial de Falange en Salamanca, liderada entonces por Ramón Laporta. La comitiva siguió su camino. La mayoría de los valdemoreños pudo entonces irse a dormir. Llevaban ocho meses de posguerra. Ocho meses de hambre y miserias tras una guerra que había durado tres años y había acabado con el treinta por ciento de la población de Valdemoro."



Música: Superstar (The Carpenters) por Carlos Piegari


La Cofradía del Santo Sepulcro



La Cofradía del Santo Sepulcro de Valdemoro es una de las instituciones religiosas más tradicionales del municipio. Su misión principal es rendir culto a la imagen de Cristo Yacente y organizar las procesiones de Semana Santa.


Aunque su origen se remonta a 1622, la cofradía vivió un paréntesis hasta su refundación el 27 de diciembre de 1959 por un grupo de parroquianos de la iglesia de la Asunción. 


Cada año, la cofradía organiza una serie de actos que comienzan el Jueves Santo, con la estación de penitencia acompañando la imagen de Jesús Nazareno. El Viernes Santo es su día grande, cuando procesionan tres pasos: el Descendimiento de Cristo de la Cruz, sostenido por su Madre; el Cristo Yacente en su Santo Sepulcro, titular de la cofradía; y la Virgen Dolorosa. 


Estas procesiones, que inician y terminan en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, recorren las calles de Valdemoro, iluminadas por los hachones de los cofrades y marcadas por el resonar del tambor, creando un ambiente de solemnidad y devoción.


La actividad de la cofradía no se limita a los días de Semana Santa. Durante el Adviento, organizan recogidas de alimentos, celebran un concurso de felicitaciones navideñas, mantienen un altar de cultos en la capilla de la Dolorosa durante la Cuaresma y ofrecen un concierto de marchas procesionales en el teatro Juan Prado titulado Sones de Pasión. También participan en diversos eventos religiosos y civiles, siempre presentes en la vida del pueblo.


Si deseas unirte a esta histórica cofradía, puedes ponerte en contacto por correo electrónico a santosepulcrovaldemoro@hotmail.com o llamar al 651 122 084. También puedes seguirlos en sus redes sociales.

Juventud cofrade - 2026



Música: "Santo Entierro" - Cristóbal López Gandara

La primera vivienda de Valdemoro y el renacimiento de un antiguo espacio industrial



Cuando paseamos por Valdemoro, a veces intentamos adivinar cuál de todas las construcciones que vemos será la más antigua. La iglesia, solemos pensar; no, la fuente de la Villa, el convento de Las Clarisas, tal vez alguna de las muchas casas solariegas… Sin embargo, la vivienda más antigua de Valdemoro no está en su casco histórico, ni en las zonas urbanizadas más próximas; se encuentra tan solo a escasos dos kilómetros en línea recta del centro, hacia el sureste, en las proximidades del entorno denominado de la ermita de Santiago, aunque ya solo la podemos identificar a través de las escasas huellas que han quedado retratadas en el terreno.

Minuta del MTN 1:50.000, Mediados del del siglo XX

Los restos de esta vivienda, y de otras estructuras coetáneas a ella, se han podido descubrir tras el reinicio de unos trabajos de excavación arqueológica en el área de la ermita de Santiago, que empezaron a desarrollarse a mediados del mes de mayo de 2017.

En efecto, hay que alejarse del casco urbano y aproximarse a uno de los centros de producción más importantes de la edad antigua en la meseta sur, para intuir lo que antaño fue un pequeño hábitat, que tres milenios antes de que la influencia romana se hiciese visible en Valdemoro ya ocupaba la zona próxima a la Ermita de Santiago y al arroyo de la Cañada.

Orificios de poste que definían la primera vivienda de Valdemoro. 
Ermita de Santiago

Lo que hemos venido llamando la vivienda más antigua de Valdemoro la definen las huellas de hasta siete orificios excavados en el suelo donde irían ubicados los postes de delimitación de la cabaña y de sujeción de la cubierta de una estructura de planta ovalada. La techumbre estaría construida a base de ramaje vegetal, y entre las huellas laterales debió de existir algún sistema de anclaje horizontal que cohesionaba todo el conjunto. La vivienda en sí es un espacio de dimensiones reducidas, con una longitud máxima de 5,75 m y una anchura de 4,79 m; con una superficie de uso de 27 m2 aproximadamente.


Se localiza junto a otras estructuras circulares de menor tamaño, excavadas en el terreno, de las que solo nos queda el rastro de unos hoyos rellenos de tierra de diferente tono cromático al del terreno natural, que permite identificar una mancha diferenciada en el suelo. El origen de estos rellenos pudo ser doble: de forma natural y pausada en el tiempo (por derrumbe de las paredes del orificio, arrastre mecánico de sedimentos, etc.) o por procesos originados de forma voluntaria y de origen antrópico (vertido de residuos domésticos, de restos de combustión o de otras actividades) o, tal vez, una mezcla de ambos factores, que suele ser lo más habitual. En el interior de estas manchas, una vez excavadas, se han encontrado restos cerámicos de más de cinco mil años de antigüedad, restos de industria tallada en sílex, restos de fauna, de adobe, etc. Todo ello nos hace sospechar el tipo de actividades que se estaban realizando: vasijas para almacenar o cocer alimentos; utensilios de piedra para actividades domésticas o de caza; restos de fauna (muy escasa por cierto), por lo que la ingesta de proteínas animales debió ser muy ocasional; y, sobre todo, restos de adobe, o de barro quemado, que nos conducen a pensar que los primeros pobladores de Valdemoro vivían en habitáculos que utilizaban y conocían el adobe de alguna forma, bien como zócalo o alzado de paramentos, bien como bases de hogares o lechos de fuego.

Las manchas y orificios excavados en el terreno tuvieron múltiples finalidades que aún no se han determinado exactamente. Entre ellas destaca su uso como silos o despensas para el almacenamiento de grano o de otros recursos; para la localización de vasijas de gran tamaño (como el caso de una de las identificadas en Valdemoro), que contendrían líquidos (agua o leche). Los orificios, en ocasiones, también son el resultado de la explotación del subsuelo en busca de materias primas para la obtención de arcilla o arena, cuya utilidad es la fabricación de cerámica, o para la extracción de sílex. En otros casos, y el uso aquí es más evidente porque se localizan restos de combustión, estos orificios son utilizados como hornos subterráneos.

Proceso de excavación arqueológica. 
La Calderona, próxima a la ermita de Santiago

Los materiales cerámicos encontrados (algunos con un engobe rojo denominado almagra), junto con la reiterada presencia de restos de sílex tallados sobre hoja, es decir, sobre piezas rectangulares de un tamaño estandarizado, nos hace pensar que nos encontramos en un momento anterior a lo que tradicionalmente se denominó Edad de los Metales, que, en este caso, nos traslada a un entorno socioeconómico ligado a las actividades agrarias. Son las denominadas sociedades campesinas, que tienen su sustento en incipientes actividades de transformación del medio para obtener un mayor rendimiento que el que supone un aprovechamiento directo de él. Para el caso de los restos encontrados en Valdemoro estamos a la espera de obtener dataciones absolutas con carbono-14, pero en otros espacios próximos se ha fechado este momento en torno al final del quinto milenio antes de nuestra era.


Por todo ello, el conjunto descrito es anterior a otros restos encontrados en las proximidades aunque muestren un patrón de asentamiento, una tipología de hábitat y unos restos arqueológicos visibles similares. Estos restos nos llevan a concluir que la zona en torno a la Ermita de Santiago constituyó el primer lugar de ocupación de Valdemoro. El espacio que hoy es nuestro casco urbano no se ocupó hasta varios milenios más tarde. Si bien a partir de ese momento ambos espacios coincidieron temporalmente, es decir, se ocuparon en paralelo, quizás por un mismo grupo de población que se expandió y se desplazó hacia el norte.


Resumiendo, podemos decir que entre el 3500 y el 1000 a. C existió una población estacional en los márgenes del arroyo de la Cañada y el antiguo arroyo de la Cobatilla, localizado este último en el espacio que hoy denominamos calle Illescas y avenida del Mediterráneo. Pero, aunque estas fueron las primeras zonas pobladas de Valdemoro, el origen de nuestra ciudad como tal es bastante posterior, y hay que traerlo a épocas históricas, tras la repoblación de los reinos cristianos, no antes del siglo XIII de nuestra era.

Pero las novedades arqueológicas no se quedan aquí, las excavaciones en el sector próximo y marginal a donde se ubican los restos del vicus de época romana han podido ofrecer datos referidos a varios milenios más tarde, ya en nuestra era, en las proximidades de la ermita de Santiago. En cambio, otras se sitúan sobre el hábitat prehistórico, donde surgió una gran estructura de producción industrial, asociada al arroyo de la Cañada y al camino paralelo a él, que constituyó desde época prehistórica una vía de comunicación natural que permitía el intercambio de mercancías y la llegada de novedades.

Detalle del acceso a dos de los hornos de cal. 
Ermita de Santiago

De este fase ya se documentó en el año 2008 la traza de un vicus de época romana que estuvo en funcionamiento entre los siglos I y III d. C, y que, más tarde, a partir de los siglos IV y V se transformó en una domus (casa). El vicus controlaba un emplazamiento industrial, donde están atestiguadas estructuras asociadas al procesamiento del vino y/o el aceite, a la fabricación de cerámica y, sobre todo, y esta es la novedad, a la obtención de cal.

Esta zona de producción que, como hemos dicho, se inició en torno al siglo I de nuestra era, estuvo funcionando con desigual intensidad durante al menos cinco siglos. Se articulaba a partir de un espacio central, en torno al cual se disponían diferentes dependencias, domésticas, artesanales y agrarias (esta sería, en sí, la definición de un vicus).

Nuestro vicus debió de estar regentado por un propietario que podía o no vivir en él. No parece que sea así en nuestro porque no se han detectado estructuras domésticas de lujo hasta más tarde, en el siglo IV, cuando surge el trazado de la domus. A pesar de esto, parece razonable pensar que en él habitasen varias familias que componían la mano de obra del establecimiento. La instalación funcionaba como una pequeña área industrial asociada a la explotación de los recursos agropecuarios y a actividades artesanales. En nuestro espacio (recordemos que no está totalmente excavado y que está protegido como zona de reserva arqueológica) hemos localizado restos de piletas de decantación, restos de hornos para la cocción de arcilla, etc.

Pero entre los restos hallados recientemente destaca la presencia de unos orificios circulares excavados en el terreno con restos de combustión, que hemos venido en denominar hornos de cal. Tienen unas dimensiones superiores al resto de hornos localizados hasta el momento, con un diámetro superior a 4 m, un grosor de pared de entre 30 y 40 cm y una profundidad conservada de más de 2,5 m. Se localizan próximos entre sí, y con una orientación similar sureste-noroeste. Constituyen un conjunto de tres hornos de cal que procesaban una ingente cantidad de cantos calizos de entre 40 y 50 cm de envergadura que, una vez sometidos a altas temperaturas y deshidratados, se convertían en la cal que era utilizada como materia prima indispensable para la construcción. Tras la excavación arqueológica, en su interior se han encontrado restos de estos cantos calizos, junto a paquetes de tierra quemada y, en el fondo, estratos blanquecinos de cal, de hasta medio metro de potencia, lo que nos hace pensar que los hornos fueron abandonados en pleno proceso de uso.

Detalle del acceso a otro de los hornos de cal. 
Ermita de Santiago

Se trataba de un modelo de explotación que no ha variado mucho hasta época reciente. Es un método ingenioso de procesamiento que cohesiona los materiales de construcción a través de un orificio circular en el terreno, reforzado por un anillo de piedras y sobre el que se disponía un paquete de arcillas de entre 30 o 40 cm de grosor. Una vez cocida en las diversas fases de uso, la pared se iba endureciendo cada vez más, dándole mayor consistencia al horno. Al interior se accedía por un pequeño orificio de 1,5 m de altura y 1 m de ancho, rematado superiormente a modo de arco que se utilizaba para introducir la carga, retirar la producción y proceder a la limpieza del horno. La cubierta superior tenía forma de cúpula y se rehacía en cada carga, lo que ayudaba a introducir esta y a extraer la producción.


El proceso de fabricación de la cal necesita de al menos una semana. Primero hay que localizar un lugar próximo para la obtención de las materias primas, en nuestro caso está a escasos cien metros, con unos afloramientos calizos de escasa consistencia sobre los niveles de yesos. Después se acopia la materia prima junto a los hornos para proceder a su cocción con temperaturas superiores a los 700º, que inciden en la deshidratación de la piedra caliza, convirtiéndola en una masa blanquecina que, una vez molida, permite su trasladado y uso, no sin antes esperar unos días a que se enfríe. Por eso, la presencia de tres hornos juntos hacía la fabricación más eficiente e impedía parones de producción generados por esperas técnicas. Mientras la carga de un horno se enfriaba, otro horno estaba cociendo, y en el tercero ya se podía recoger la carga o iniciarla.

El resultado de esta producción debió de generar múltiples residuos y acopios de piedras que dibujaron el horizonte próximo al arroyo de la Cañada. La presencia de ingentes montículos cenicientos o ennegrecidos, derivados de la limpieza y retirada de cada carga; manchas de cal; restos de acopios calizos; de leña para la combustión; y pequeños hogares o lechos de fuego permanentes, que permitían avivar la combustión de los hornos en todo momento debió de ser el paisaje con que se despertaban y convivían cada jornada los habitantes del vicus romano de la ermita de Santiago. Pero eso es otro capítulo que contaremos en otra ocasión…

Esta actividad extractiva e industrial se vuelve a identificar apenas cien metros más al oeste, y bastantes siglos después. A finales del siglo XIX y principios del XX, los habitantes de Valdemoro emularon a los romanos y explotaron en la zona canteras y hornos de yeso con el mismo fin y con tecnología similar. La actividad industrial de Valdemoro durante buena parte del siglo XIX y del XX fue principalmente la explotación de las zonas con yesos, extrayendo los cristales de esta roca que, una vez calentados en hornos, se transformaban en polvo de yeso que ha servido para la construcción. La toponimia y el callejero de la zona son testigos de esta actividad (avenida de los Yesares, calle de los Carros, avenida de las Canteras, Polígono de las Canteras, etc.). En las proximidades de lo que actualmente se denomina avenida del Ferrocarril aún quedan restos de uno de estos yesares, y podemos observar que la técnica de funcionamiento, salvando las distancias, no era muy dispar.

Localización y vista aérea de uno de los últimos yesares de Valdemoro. 
Calle Ferrocarril. junto a km 27 A4. 

En época romana se utilizó la parte superior del afloramiento rocoso convertido en caliza (en este caso de escasa calidad como piedra para la construcción, por su alto grado de disgregación) que sometida a una temperatura adecuada es susceptible de ser transformada en cal viva. Posteriormente, nuestros coetáneos de Valdemoro explotaron las cotas inferiores de estas crestas calizas que contenían principalmente yesos, con una tecnología más avanzada, pero con idéntica finalidad.

Se cumple así un círculo histórico de explotación de los recursos naturales en Valdemoro que se inició en época romana y que estuvo presente hasta finalizada la anterior centuria.


Fuente: larevistadevaldemoro.com

Agradecimientos:
Daniel Armero, Coloma Díaz, Patxi del Río, Eduardo, Rodríguez, Ángel Lancho, Laura Sánchez, Almudena Sanguino, Luis Santano y, especialmente, a Forum Creacciones, S. L. por la financiación.

Texto_Juan Sanguino Vázquez, Pilar Oñate Baztán (Gabark, Consultores en Patrimonio Histórico 2013, S. L.)

Música: Relaxing Backyard Tour

Valdemoro, madre del yeso



La explotación del yeso en Valdemoro ha sido un importante recurso económico durante más de cuatrocientos años. Las primeras noticias documentadas sobre la extracción de la piedra de las canteras y su transformación en polvo blanco corresponden al siglo XVI. Con el devenir del tiempo, los yesos locales llegaron a alcanzar una reconocida fama en la comarca; ya en el Catastro de Ensenada aparecen registradas una docena de yeserías y a finales del siglo XVIII los peritos encargados de responder al cuestionario estadístico encargado por el cardenal Lorenzana también se hacían eco de las excelentes propiedades del producto: "…solo hay canteras muy abundantes de yeso negro y blanco y se fabrica también el yeso mate para los doradores, uno y otro de la mejor calidad que se conoce..."

Trabajadores de la yesería de Pariente, en la calle Bretón de los Herreros - 1948

Igualmente son considerables las referencias documentales en el siglo XIX donde se pone de manifiesto la proliferación de las actividades vinculadas al yeso. En el último tercio hay
constancia de numerosas peticiones recibidas por el concejo para la instalación de hornos en distintos puntos del término municipal; muchas de ellas procedentes de particulares que veían así una oportunidad de hacer dinero al margen de las tareas agrícolas que constituían la base de la economía de la época. Asimismo, se conservan múltiples contratos de arrendamiento de terrenos de titularidad pública para la extracción de la piedra de yeso.

Plano de la fachada principal de La Yesera Nacional - 1947

Ya en el siglo XX, en los años posteriores a la Guerra Civil, se produjo uno de los periodos álgidos en la producción yesífera, relacionado directamente con la necesidad de materiales de construcción para reparar los destrozos provocados por el conflicto bélico. Es en ese momento cuando se crea una de las primeras fábricas con las características y peculiaridades de una manufactura moderna: La Yesera Nacional (1941), entre las más emblemáticas de la localidad hasta su desaparición en 1963. El edificio que acogió las ilusiones empresariales de Marcos Medina y contribuyó a mejorar las condiciones de vida de tantos valdemoreños era una gran nave de planta rectangular y muy alargada que experimentó sucesivas ampliaciones a medida que se incrementaba el negocio.

Grupo de yeseros a la puerta de La Yesera Nacional - 1950

La proliferación de compañías influyó de modo notable en la demografía local que aumentó considerablemente su población debido a las posibilidades de trabajo ofrecidas por las canteras y fábricas de yeso. En el padrón municipal de habitantes correspondiente a 1960 (4.411 personas) se contabilizan casi 100 trabajadores empleados en este sector: peones yeseros, canteros, chóferes de las fábricas y administrativos.

Imágenes publicitarias de las fábricas La Yesera Nacional 
y La Imperial, programa de fiestas patronales de mayo de 1954

Pero la situación cambió a principios de la década de los años 70. La irrupción de nuevas factorías relacionadas con la fabricación de muebles, la alimentación infantil y los derivados del fibrocemento animó a muchos yeseros a cambiar de oficio, buscando mejores salarios y unas condiciones de trabajo más livianas. Evidentemente, también tuvo que ver el traslado de las principales firmas a San Martín de la Vega, no por agotamiento de la materia prima sino, quizá, por encontrar allí unas oportunidades de implantación más ventajosas.

Trabajadores de la yesería La Mundial, situada en la actual calle Trigo - 1950

En la actualidad, buena parte de la superficie ocupada por las canteras en la antigüedad ha sido sustituida por uno de los polígonos industriales con más solera de Valdemoro: el Valmor que, junto al de Las Canteras, de creación más reciente, conforman una de las áreas empresariales de mayor proyección económica a día de hoy.

Fotografía aérea de las canteras - 1956

En su viario se han mantenido los nombres relacionados con la fabricación del yeso: las avenidas de los Yeseros y de las Canteras configuran los ejes principales en torno a los que se asientan las distintas empresas; Los Carros (rememorando el primitivo medio de transporte desde las canteras a las fábricas), La Patrona, Aprisco y Cruz de Medallas (denominación de antiguas canteras) también recuerdan el vínculo con el mineral blanco.

Fotografía aérea de la ubicación de las antiguas canteras - 2025

En esa zona se concentraban la mayor parte de los yacimientos que abastecían a las yeserías locales del material necesario y aún se pueden contemplar las ruinas de una de las últimas fábricas en funcionamiento, Safrye, creada en 1965 gracias a la iniciativa de dos entidades de probada experiencia, Yesos Humanes y Yesera La Mundial, con el fin de obtener una elaboración del yeso más racional y económica con las características y exigencias técnicas que se requerían en el momento.

Ruinas de la antigua fábrica Safrye - 2004

Una actividad de tan larga tradición en la economía valdemoreña como fue la producción del yeso marcó de manera indeleble la sociedad, el urbanismo y la demografía local. Un negocio productivo durante siglos fue dejando paso a otros con tareas menos sacrificadas y mejor remunerados, protagonizando, en cierta manera, una especie de «segunda revolución industrial local». Pero, lo que es indudable, es el importante papel que desempeñaron canteros y yeseros en una época, la posguerra y, más adelante, en pleno desarrollismo, en las que, gracias a su ímprobo esfuerzo se revitalizaron los niveles económicos del municipio.

Espejuelo: yeso cristalizado en láminas brillantes. 
Materia prima de las yeserías de Valdemoro - 2004 

De todo aquello solo queda el recuerdo, la recuperación toponímica, algunos restos de arqueología industrial, un paisaje cada vez más mermado de cantiles y formaciones rocosas diseminados por la zona y muchos fragmentos de espejuelos (el sulfato calizo cristalizado que da origen al mineral de yeso) que afloran del terreno e indican su omnipresencia en el subsuelo.








Contenido creado por Ayuntamiento de Valdemoro
Texto: María Jesús López Portero. Archivera Municipal de Valdemoro
Fotografías: Archivo Municipal de Valdemoro


Música: siglo de oro español.

175 años de trenes en valdemoro



El 9 de febrero de 1851 se puso en marcha el trazado férreo entre Madrid y Aranjuez. Valdemoro fue elegida como una de las paradas intermedias, en el km. 28 del recorrido. Desde entonces el ferrocarril ha formado parte importante de la historia del municipio, dejando interesantes imágenes representativas de estos 175 años.

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