
Igualmente son considerables las referencias documentales en el siglo XIX donde se pone de manifiesto la proliferación de las actividades vinculadas al yeso. En el último tercio hay
constancia de numerosas peticiones recibidas por el concejo para la instalación de hornos en distintos puntos del término municipal; muchas de ellas procedentes de particulares que veían así una oportunidad de hacer dinero al margen de las tareas agrícolas que constituían la base de la economía de la época. Asimismo, se conservan múltiples contratos de arrendamiento de terrenos de titularidad pública para la extracción de la piedra de yeso.
Ya en el siglo XX, en los años posteriores a la Guerra Civil, se produjo uno de los periodos álgidos en la producción yesífera, relacionado directamente con la necesidad de materiales de construcción para reparar los destrozos provocados por el conflicto bélico. Es en ese momento cuando se crea una de las primeras fábricas con las características y peculiaridades de una manufactura moderna: La Yesera Nacional (1941), entre las más emblemáticas de la localidad hasta su desaparición en 1963. El edificio que acogió las ilusiones empresariales de Marcos Medina y contribuyó a mejorar las condiciones de vida de tantos valdemoreños era una gran nave de planta rectangular y muy alargada que experimentó sucesivas ampliaciones a medida que se incrementaba el negocio.
La proliferación de compañías influyó de modo notable en la demografía local que aumentó considerablemente su población debido a las posibilidades de trabajo ofrecidas por las canteras y fábricas de yeso. En el padrón municipal de habitantes correspondiente a 1960 (4.411 personas) se contabilizan casi 100 trabajadores empleados en este sector: peones yeseros, canteros, chóferes de las fábricas y administrativos.
Pero la situación cambió a principios de la década de los años 70. La irrupción de nuevas factorías relacionadas con la fabricación de muebles, la alimentación infantil y los derivados del fibrocemento animó a muchos yeseros a cambiar de oficio, buscando mejores salarios y unas condiciones de trabajo más livianas. Evidentemente, también tuvo que ver el traslado de las principales firmas a San Martín de la Vega, no por agotamiento de la materia prima sino, quizá, por encontrar allí unas oportunidades de implantación más ventajosas.
En la actualidad, buena parte de la superficie ocupada por las canteras en la antigüedad ha sido sustituida por uno de los polígonos industriales con más solera de Valdemoro: el Valmor que, junto al de Las Canteras, de creación más reciente, conforman una de las áreas empresariales de mayor proyección económica a día de hoy.
En su viario se han mantenido los nombres relacionados con la fabricación del yeso: las avenidas de los Yeseros y de las Canteras configuran los ejes principales en torno a los que se asientan las distintas empresas; Los Carros (rememorando el primitivo medio de transporte desde las canteras a las fábricas), La Patrona, Aprisco y Cruz de Medallas (denominación de antiguas canteras) también recuerdan el vínculo con el mineral blanco.
De todo aquello solo queda el recuerdo, la recuperación toponímica, algunos restos de arqueología industrial, un paisaje cada vez más mermado de cantiles y formaciones rocosas diseminados por la zona y muchos fragmentos de espejuelos (el sulfato calizo cristalizado que da origen al mineral de yeso) que afloran del terreno e indican su omnipresencia en el subsuelo.
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Texto: María Jesús López Portero. Archivera Municipal de Valdemoro
Fotografías: Archivo Municipal de Valdemoro




























