Feria Barroca - Privilegio de Feria a la Villa (1603)



El 13 de enero de 1603 el rey Felipe III firmaba en Valladolid el documento por el que otorgaba un privilegio de feria a la villa de Valdemoro, en esa época bajo el señorío jurisdiccional de su valido el duque de Lerma. 

La feria tuvo una duración inicial de ocho días, cuatro antes del 15 de agosto y cuatro después. Pero muy pronto se convirtió en uno de los encuentros mercantiles más bulliciosos de la comarca, hasta el punto de que el duque hubo de dirigirse a la corona para cambiar el tiempo de celebración y no perjudicar a otros lugares vecinos. 

La fecha elegida se trasladaba a octubre, cuatro días antes de San Simón y San Judas y tres después, teniendo en cuenta la ausencia de otros mercados anuales en ese tiempo, firmándose el nuevo documento el 26 de septiembre de 1612 en Madrid. Quizá en esta decisión también influyera la coincidencia con la época de finalización total de las labores propias de la cosecha y, por tanto, momento del cobro de las rentas del año agrícola; además, la recolección a fines del verano permitía cancelar en las ferias de octubre las deudas contraídas en las de mayo. 

La convocatoria fue ampliada durante el reinado de Fernando VI a veinte jornadas debido a la gran concurrencia de mercaderes.

Duque de Lerma (Rubens)

La feria de Valdemoro durante la primera mitad del siglo XVIII fue una de las más importantes de Castilla, siendo la más señalada de la provincia de Toledo. 

En 1720 acudieron cuarenta comerciantes provenientes en su mayor parte de Madrid, Toledo y Segovia, aunque también se encontraba alguno de la apartada región valenciana. Su actividad produjo ese año la cantidad de 1.115 reales de vellón pagados por el uso de los claros de la plaza a la Real Hacienda.

 
Pese a la pujanza comercial, en las últimas décadas de la centuria la villa se sumió en un preocupante declive económico. Las influencias cortesanas actuaron en consecuencia y el monarca concedió un privilegio de mercado franco de alcabalas a celebrar cada domingo del año en perpetuidad. 

En un principio resultó muy concurrido, posiblemente debido a las pocas expectativas de la zona, pero como a los mercaderes se les impedía mantener el género de una semana para otra custodiado en lugar seguro dejaron de asistir por el desembolso añadido al acarrear las mercancías una vez tras otra. Sin embargo, la feria siguió manteniendo unos buenos indicadores de crecimiento, manteniendo prerrogativas reales, reflejo de la importancia adquirida a lo largo del siglo y medio de su existencia. 


En la segunda mitad del XVIII los beneficios se habían triplicado pues, a tenor de la respuesta dada a la pregunta número veintinueve del interrogatorio del Catastro de Ensenada, la feria produjo tres mil seiscientos noventa y seis reales y quince maravedíes de vellón en concepto de alcabalas. 

La calidad de los productos de intercambio fue considerable, incluso la Junta de Comercio y Moneda se vio obligada a dictar algunas disposiciones para controlar el peso preciso de objetos tan valiosos como el oro y la plata. Acaso fuera éste uno de los pilares que logró estabilizar los recursos valdemoreños en un periodo prolongado hasta la Guerra de la Independencia.


 
2017

     
2018

 
2018 - Feria 360º

2019




Fuentes:

LÓPEZ PÉREZ, María del Mar: "Una aproximación al sistema fiscal del Antiguo Régimen. La recaudación de tributos en ferias y mercados en Castilla en el siglo XVIII", Documentos, nº 27-mayo 2001, Madrid, Instituto de Estudios Fiscales
LÓPEZ PORTERO, María Jesús: "El privilegio de feria de Valdemoro (1603): estudio preliminar", en Ferias y mercados en España y América. A propósito de la 550 Feria de San Miguel de Zafra, Badajoz, 2008, pp. 457-470.

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