Valdemoro siglo XIX


La población, a pesar de las incidencias de la Guerra de la Independencia, aumentó considerablemente durante la primera mitad del siglo XIX, pues si en 1828 tenia 1.864 habitantes veinte años mas tarde alcanzaba la cifra de 2.532, casi un 40% más. Las cifras disminuyeron por la epidemia de cólera de 1855 en la que desapa­reció un 7% de la población. El número de habitantes crece progresivamente desde mediados de la centuria, con 2.310 almas en 1869, 2.706 almas en 1888 y un año después 2.775, crecimiento propiciado por la implantación en la villa del Colegio de Guardias Civiles Jóvenes y el Colegio de Huérfanas de la Guardia Civil. Finalmente, una serie de brotes epidémicos en la década de los 80 únicamente permiten alcanzar una pobla­ción de 2.895 habitantes en 1900.

Debido a la toma por los franceses durante la Guerra de la Independencia, se causaron nume­rosos daños en la agricultura y ganadería, acelerando la decadencia de Valdemoro, aunque sus condiciones de desarrollo eran óptimas.

Constituían razones de peso para el enriquecimiento de la población: la nueva división territorial, el desarrollo de la carre­tera de Andalucía, la fácil salida de los cereales y otros productos como vino, aceite, yeso, etc. así como el establecimiento del ferrocarril a mediados de siglo, siendo una de las primeras poblaciones de España con línea férrea.


La economía valdemoreña, una vez desapa­recida la fábrica de tejidos durante la ocupación francesa, se centra en una producción agrícola anticuada y pobre basada en el cereal y, en menor medida, en el viñedo y olivo, a pesar de la práctica ocupación total del territorio no se consiguieron buenos rendimientos durante el siglo XIX, aunque se paliaron con el funciona­miento del pósito.

El ganado sólo se usaba para labor, con unas 250 cabezas en 1871, pero llegando a 2.000 cabezas a finales de la centuria.

Tenia sólo una actividad industrial a comienzos de siglo, una fábrica de jabón duro que funcionaba en 1868 con 18 operarios, situada tras el convento de los Padres Paúles. En el transcurso de la centuria se le sumaron la producción de cuatro molinos de aceite y, en los últimos años de siglo, se fundaron importantes fábricas de yeso, como La Mejor, con máquina de vapor (para el trans­porte del material) situada cerca de la estación, y La Integridad. El resto de la industria, en este momento, era escasa: elaboración de vino, fábrica de aguardiente y aceite e industria de elabora­ción de vidrios dedicada al azogue de espejos (1).

Uno de los ingresos principales de la pobla­ción lo constituía la carretera de Andalucía, con el avituallamiento y descanso de los viajeros: en 1828 se mencionan trece posadas, dos buenos paradores, caja de correos y parada de diligen­cias, que se reducen a doce posadas y paradores a mediados de siglo. Por otra parte el ferrocarril disminuye la riqueza generada por la carretera, pues desciende el número de posadas y para­dores a 3 y una casa de huéspedes (se había alcanzado la cifra de dos decenas a finales del XVIII). Aún así, el comercio fue uno de los recursos económicos principales centrado en dicha vía, que cruzaba el término, con portazgo (2): a mediados de siglo había tres tiendas de lencería y tres de abacería, y a finales del Novecientos vuelve a adquirir la importancia del siglo XVIII, con 6 tiendas de comestibles, dos de lelas, una tahona y dos hornos de pan, tres carnicerías y 17 tiendas de vino, así como mercado diario.

Diligencia, 1862

La decadencia económica en este momento era común en toda la comarca -y en general en toda Castilla- por lo que a mediados del siglo XIX Valdemoro, a pesar de la escasez de medios productivos, constituía una de las principales villas de la comarca, centralizando en ella diversas administraciones, como la de correos, tabacos y las salinas de Espartinas. Tenía, además, a mediados de siglo, escuela de primeras letras de niños y dos de niñas, así como colegio de lati­nidad, número que aumenta a finales de siglo a cuatro escuelas de niños, párvulos, niñas y adultos, con más de 400 alumnos, ademas do dos médicos municipales para las 202 familias pobres, dos farmacias, biblioteca y beneficencia privada de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Contaba, también, con un pequeño casino y un teatro municipal.

Las instituciones, equipamientos y servicios a mediados de siglo se reducían al ayuntamiento, la cárcel, doce paradores o posadas, dos hospi­tales el de San José, para enfermos pobres, y el de San Andrés y San Sebastián para viudas elementos pobres y dos fuentes: Carmen y Nueva. Hay que señalar que sólo 19 pueblos de la provincia de Madrid tenían en 1868 esta­blecimientos de beneficencia para acoger enfermos, entre ellos Valdemoro. El crecimiento de la población provocó la mejora de las infraestructuras y equi­pamientos básicos, como en el abastecimiento de agua, para el que se creó una nueva fuente y un lavadero. La nueva fuente denominada del Pozo Bueno, canaliza el agua de un manantial al oeste del pueblo y abas­tecía al Colegio de Guardias Civiles Jóvenes. Por otra parte, la construcción del Lavadero tiene lugar a finales de siglo, surtido de la fuente de la Villa.

Antigua vista de la fachada principal del Colegio de Guardias Jóvenes.

Es destacable el proyecto de cerca planteado en 1837 para impedir el asalto de la villa por bandoleros.

Por último, se crea un teatro antes de 1853, situado en la talle Grande, anejo al asilo de San Andrés, hoy sustituidos ambos edificios por la Casa de Cultura.
La villa Tenia una superficie aproximada de 45 hectáreas, según el plano catastral realizado entre los años 1860-1870 y su casco urbano se orga­nizaba mediante 37 calles y 9 plazas agrupadas en dos distritos: el de las Casas Consistoriales y el de San Andrés, con sendos Alcaldes. La calle Grande sería, con seguridad, la divisoria de los dos distritos.

Catastro de Valdemoro. Hoja 93. H. 1860. Instituto Geográfico Nacional.
Primer documento gráfico del casco urbano de Valdemoro 

Por lo tanto, como se puede todavía ver en el plano de 1890 publicado por el doctor de la Calle, encon­tramos dos claras partes: una densa alrededor de la plaza Mayor y otra de menor densidad edificatoria que rodea la anterior formando una U. Además, en este plano encontramos el portazgo, a la salida de la carretera de Andalucía, la más antigua y probablemente única representación del convento del Carmen, las eras, el lavadero y la fuente del Carmen.


Plano del núcleo urbano, 1890. Memoria médico-topográfica de la villa de Valdemoro


La calle Grande, según los documentos gráficos, mantenía la calzada elevada respecto a las aceras laterales para alojar el curso del arroyo que configuraba la calle, hecho que obligaba a construir unos pontones o puentecillos en su cruce con la carretera de Andalucía, como se puede observar en el plano catastral de rústica delineado entre los años 1860-70 por la Junta General de Estadística; en 1908 el Ayuntamiento construyó en el mismo punto un puentecillo "para el libre curso de las aguas pluviales".

Sin duda la construcción en 1851 de la línea férrea Madrid-Aranjuez, ampliada más tarde a Alicante, y el establecimiento de una estación a un kilómetro de la población, en dirección a San Martín de la Vega, y conectada por un nuevo camino, constituye el hecho urbano más signi­ficativo del siglo XIX. Si bien parece que en un primer momento no se extendió la ciudad hacia este punto, más adelante propició la creación de una pequeña zona industrial y residencial.

Diversas instituciones de carácter religioso y militar se establecen en Valdemoro, una vez desa­parecidos los Carmelitas Calzados, transformando el casco histórico y conviniendo la villa en un centro de segundo orden de organismos colec­tivos de gran interés: destaca la transformación de la fábrica de paños en Compañía de Guardias Jóvenes; esta institución fue propuesta en 1853 por el duque de Ahumada, fundador de la Guardia Civil, con el fin de educar a los hijos del Cuerpo, constituyéndose la casa central en la Corte, trasladada después a Pinto. Se procedió, dos años después, a la compra de la antigua fábrica de paños deno­minada Los Longuistas o Lonjistas, reformán­dose para el establecimiento en la misma de la Compañía en el año 1856. Según Baíllo, el edificio era del arquitecto provincial Bruno Fernández de los Ronderos, como el Asilo de Huérfanas del Juncarejo, de 1885, aunque no aparece representado en el plano que Anastasio de Lacalle publica en 1890.

Vista aérea del Colegio de Guardas Jóvenes, 1922. 
Ejército del Aire. Centro Cartográfico y Fotográfico.

Se trasladó el Colegio a su ubica­ción actual, al norte del casco urbano, en 1972. El edificio primitivo fue cedido al Ayuntamiento, que lo derribó a excepción de vanos muros exte­riores que se utilizaron como cerramiento del nuevo parque organizado en el solar, denomi­nado Duque de Ahumada.

Otros conjuntos organizados en estas fechas -segunda mitad del siglo XIX- son el convento de las Hermanas de la Caridad, con dos casas -San Diego y San Nicolás-, la casa de los Padres Paúles y el Colegio del Juncarejo para Huérfanas de la Guardia Civil, situado extramuros.

En 1878 el marqués do Vallejo cede a las Hermanas de la Caridad una casa, ya destruida, en la calle Mediodía (hoy calle Alarcón), que había comprado un año antes a la marquesa de Gavina. Las religiosas destinaron esta edificación a casa de salud y descanso de sus miembros enfermos (con capacidad para 60 personas) aunque prontamente fue ampliada con compras de otras propiedades anejas.

A estas mismas Hermanas de la Candad el marqués de Vallejo dona unos terrenos al norte de la villa, partido en dos por la calle de San Vicente de Paúl, construida la parte meridional y utilizada la norte como huertos y eras, inclu­yendo una noria y un depósito de agua. En la manzana sur se constituyó el Convento de San Nicolás y, posteriormente, el Colegio de San José sobre la Casa del Rey y la Casa de Labor de los jesuítas.

Para atender motor las necesidades de las congregaciones de San Diego y San Nicolás, los Padres Paúles deciden constituir en Valdemoro, en 1897, una residencia con capilla para media docena de miembros, para lo cual compran la casa con jardín denominada, indistintamente, Parador Nuevo, Casa de Postas o Casa de la Cadena (había tenido estas funciones de posada de arrieros del Camino Real y lugar de portazgo con su cadena correspondiente para cerrar el paso a las caballerías).

Plantas baja y primera del Convento de los Padres Paúles de Valdemoro. 
Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

El casco urbano evolucionó a lo largo del siglo XIX -y comienzos del XX- hacia modelos urbanos, con manzanas cerradas de edificación continua, como muestra el plano del Instituto Geográfico y Estadístico de 1923, desapareciendo viario o fundiéndose propiedades para establecer las grandes fincas de las familias madri­leñas que utilizaron Valdemoro como lugar de descanso y recreo.

Plano de núcleo urbano, 1923. IGN.

La casa de Pedro Antonio de Alarcón, comprada en 1878 y que comprendía tres propie­dades, de las cuales la última era conocida como la Casa de la Cadena, con un magnifico jardín, fue vendida al arzobispo de Burgos". De igual manera, la familia de Cánovas del Castillo compró a mediados del siglo XIX una finca con casa de labor. Ambas casas han desaparecido.

A finales de siglo no se conservaban ninguna de las ermitas de San Gregorio, San Sebastián, San Pedro, San Antón, Santiago y Santa Cruz.

Se establece en 1831 un sistema de tele­grafía óptica ideado por Juan José Lerena entre Madrid y Aranjuez, con torres intermedias en el cerro de los Ángeles y cerro Espartinas, cerca de Valdemoro, del cual no parece haber restos; la línea fue suprimida en 1838. Posteriormente, en 1850 y con el sistema de Mathé, se realiza el tramo Madrid-Puertollano, situándose la torre tercera en el Cerro de la Cuesta del Arenal, en Valdemoro, asimismo sin que prácticamente consten datos sobre la misma.

>> Ver artículo "Cerro del Telégrafo" en esta blog.


Sin duda alguna, uno de los fenómenos que más influyeron en el cambio del tejido urbano del siglo XIX y sobre todo del XX, mucho más denso y compacto que en centurias anteriores, fue la venta de 16 fincas tras la desamortiza­ción, pertenecientes al clero (excepto una): destacan una casa-corralillo, una casa en la calle Colegio perteneciente a los Jerónimos y otra en la calle del Cristo de la Salud; el convento de Carmelitas Calzados se cerró-aunque ya estaba arruinado en 1828, pero es nombrado todavía a finales del siglo XIX- permaneciendo abierto el de Santa Clara. El paso a manos particulares de la mayoría de estas propiedades y la dona­ción posterior de las mismas a diversas órdenes religiosas, que asimismo construyeron y colma­taron (3) los terrenos y procedieron a su venta ya bien entrada la centuria pasada.


(1) En la actualidad se utiliza el aluminio, pero durante muchos años se utilizó el mercurio, y al proceso de crear la lámina de mercurio tras el cristal (y estabilizarla), se le llamó "azogar", es decir, "poner azogue". Quedado "azogar"como sinónimo de "crear un espejo".
(2) El portazgo, era un antiguo impuesto de naturaleza indirecta, existente en los reinos de Castilla, Aragón y Navarra que 
podía gravar los derechos de tránsito, que satisfacían los que iban de camino, pisaban terreno del rey o del señor, o entraban en la ciudad. En otras ocasiones gravaba las transacciones en sí y solían pedirse en los lugares de mayor concurrencia, sobre todo en las ferias y mercados. Podía gravarse tanto a las personas, mercancías o animales.
(3) Rellenar una hondonada o depresión del terreno mediante sedimentación de materiales transportados por el agua.