Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción - Todos los detalles de su arquitectura


La Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora de Valdemoro, orientada este a oeste, se encuentra localizada en el punto más alto del casco histórico, en la parte meridional del mismo, dominando la campiña que se extiende a sus pies tras un amplio paseo de ronda. Esta ubicación, en el perímetro del núcleo y en un altozano, podría estar asociada a una función defensiva original, como parecen indicar los contrafuertes troncocónicos de la fachada sur, que apoyan un recinto si no fortificado -se desconoce si estuvo la villa amurallada- al menos cercado .

El acceso principal por los pies se efectúa a través de un espacio irregular conectado a dicho paseo y a la plaza del Rosario, donde se encuentra la portada septentrional, de uso habitual. Este ámbito urbano, uno de los más representativos de Valdemoro, está dominado por la magnífica torre campanario de la iglesia. El conjunto se encuentra en una parcela urbana, antes entre medianerías, cerrada a la calle por un muro de mampuesto y sencilla reja. Más interés tiene la calle estrecha oriental -denominada de la Torre- que proporciona una imagen intocada del casco urbano, con el alzado de la cabecera y la gran torre.

El conjunto presenta una gran heteroge­neidad, por lo que muestra diversas etapas cons­tructivas que se reflejan en la planta, técnicas edificatorias y materiales utilizados. 

La iglesia consta de una nave de gran tamaño (60x28 m) y no excesiva altura que se cubre por bóveda de cañón con lunetos y se acompaña de capillas laterales cupuladas, cinco a cada lado y dos de ellas enfrentadas que sirven de atrio de acceso, capilla mayor con ábside y cúpula encamonada con tambor bajo y linterna, coro alto y torres a los pies, así como sacristía, antesacristía y demás dependencias en la cabecera, junto a otra torre de mayor tamaño. 

Entorno de la Iglesia parroquial a finales del siglo XIX.

La planta sigue el modelo jesuítico, según el cual se sustituyen las naves laterales por capi­llas separadas por contrafuertes.

Según Ronce de León las trazas prevén una nave crucero no construida a ambos lados de la cúpula principal, en lugar de las sacristías y otras habitaciones, como parece indicar el arranque de un gran pilar con un orden arquitectónico diferente al del resto de la iglesia situado en la antesacristía, al sur de dicha cúpula, por lo cual los accesos se desarrollarían en este crucero y no en los puntos actuales, que más asemejan a capi­llas laterales. Las pilastras de piedra existentes en la antesacristía han sido fechadas a mediados del siglo XVI.

La nave se organiza con cinco tramos iguales cubiertos por bóveda de cañón y cuatro capillas laterales a cada lado más el acceso, como ya se ha dicho. Los soportes de los arcos que separan los tramos consisten en grandes pilastrones adosados de importante sección, con órdenes en los tres lados, entablamento con modillones geométricos y gran cornisa acodada que recorre todo el perímetro sobre decoración de ovas y pequeñas ménsulas pareadas. Los arcos de las capillas son de medio punto sobre pilastras toscanas y portan rejas, algunas de gran valor; sobre ellos se dibuja otro arco que alberga el vano de iluminación -hoy cegados por el desarrollo de la cubrición de las capillas- y el consiguiente luneto en el cañón. Todo ello se decora con senci­llas fajas cajeadas y, en los capiteles, definidos de sexto orden por el hermano Bautista, piezas sobre­doradas que dibujan las hojas de acanto, tipo utilizado repetidamente por el fraile en su obra. 

La capilla mayor, cupulada con tambor sobre pechinas pintadas al fresco por Vandepere -los Cuatro Evangelistas- , se decora en el anillo con modillones pareados y en el arranque de la cúpula, así como en el interior de la linterna, con festones sobre huecos y pilastras cajeadas, que son simi­lares a las de la iglesia del Colegio Imperial de Madrid. La cúpula tiene sencillos nervios pareados y cajas.

Planta del proyecto de restauración, 1990. Arq. P. Ponce de León. Archivo Central

El ábside es curvo y se cubre con un casquete esférico donde se alberga el retablo mayor, de corte neoclásico, realizado de estuco imitando mármol y madera sobredorada siguiendo el perí­metro del ábside y alcanzando la bóveda supe­rior Se compone de un solo cuerpo y tres calles separadas por pilastras de orden compuesto con capiteles dorados y cornisa acodada rematada por esplendor dorado sostenido por dos ángeles con orlas laterales. El cuerpo central es de mayor tamaño y contiene un gran cuadro con arco de medio punto con el tema de la Asunción de la Virgen, mientras las calles laterales, adinteladas y más pequeñas, albergan otros dos lienzos. El altar se encuentra sobreelevado varios escalones, originalmente acompañado de una cancela que lo rodeaba y separaba de la nave. A los pies de ésta se encuentra el coro alto, situado sobre el pórtico de acceso y cubierto por la bóveda de cañón de la nave central, que se pinta al fresco y alberga un órgano introducido en 1737.

Dicha bóveda de cañón de la nave se subdivide en cinco compartimentos por los arcos fajones y en su parte central, donde terminan los lunetos, se conforma una gran banda de cinco pinturas al fresco realizadas por Antonio Vandepere, con los siguientes temas: Asunción, Martirio de San Sebastián, Degollación de San Juan Bautista, Nacimiento de Jesús y Adoración de los Reyes. Tanto las pinturas como arcos fajones y lunetos se decoran con sencillas bandas geométricas. 

Las cuatro capillas laterales a cada lado -una sirve de atrio de acceso- se dedican, en el lado del Evangelio, a Nuestra Señora del Rosario, San José, Virgen del Carmen y subida al coro; y en el de la Epístola, al Cristo del Amparo o de la Agonía, Amor Hermoso, Concepción y San Pedro Apóstol.

Se cubren con cúpulas semiesféricas o vaídas, a excepción de una elíptica, la del ingreso meri­dional, sin tambor ni linterna -salvo las del Rosario, San José y Cristo del Amparo-.

Las más interesantes son las de Nuestra señora del Rosario, patrona de Valdemoro, y la del Cristo del Amparo, ambas cupuladas con tambor sobre pechinas decoradas con fajas y cajeados, pero la primera con linterna y mayor decoración barroca realizada con modillones y festones, similares a los de la gran cúpula del presbiterio, situada en los arranques de las costi­llas y anillos; la segunda, más sencilla, tiene un aire clasicista cercano a la sobria decoración de la nave -el resto se realiza de escayola imitando mármoles, a excepción del entarimado, de mármol auténtico, y las columnas y adornos dorados simulando bronce-.

Tiene el templo tres puertas: la de los pies con pórtico exterior, bajo el coro alto, y la meri­dional y septentrional, cada una con un atrio similar a las capillas laterales, con sencilla cúpula de media naranja la septentrional.

Al exterior encontramos una serie de trazados superpuestos que muestran las diversas vicisi­tudes constructivas del templo: el alzado sur es el más heterogéneo, con restos de la primitiva construcción de la iglesia, mientras que la fachada principal, la occidental, se realiza ex novo y de forma continua en el siglo XVIII, la septentrional presenta varios elementos yuxtapuestos pero ordenados, yes la oriental, de nuevo, una amal­gama de piezas de diferentes épocas y estilos.

En el alzado meridional encontramos cuerpos de mampostería alternados con los de ladrillo a diferentes cotas. Destaca en la gran capilla sur dedicada al Cristo del Amparo un saliente con base rectangular con torreones a modo de contra­fuertes de mampostería -uno de sección circular-y en el segundo nivel, remate curvo con arco de medio punto y contrafuertes troncocónicos de ladrillo como los existentes en la iglesia de San Martín de la Vega-. Las distintas volumetrías se intentan homogeneizar mediante una cornisa cerámica realizada con hiladas de piezas en distintas disposiciones -en forma de gola, ladri­llos a sardinel formado aleros, fajas, etc.-, que recorren las capillas laterales y el cuerpo bajo del saliente citado de la capilla del Cristo del Amparo, para desaparecer en la antesacristía y sacristía, ambas de sillería de piedra con restos de muro que indicaban una continuidad mayor en el conjunto no realizada; ambas presentan impo­nente cornisa y salientes a modo de pilastras toscanas en los ángulos. 

Antigua vista de la fuente de la Villa e Iglesia parroquial.


La portada principal, abierta a poniente y a los pies del templo, se compone de un atrio abierto con tres arcos de medio punto que generan otras tantas calles separadas por pilastrones y con salientes cuadrados sobre los arcos, concluidos mediante un frontón con hueco central, y todo ello situado entre dos torres bajas con bóvedas de falsas aristas sin campanario y cubierta de teja curva a cuatro aguas. Mientras estos elementos simétricos se realizan con mampostería y encadenados en esquina de sillería, el cuerpo central es de ladrillo. A pesar de ser la única fachada realizada ininterrumpidamente no presenta unas proporciones acertadas: el frontón es excesivamente alto y pesado para el cuerpo bajo con tres calles, y las torres, demasiado chatas transmiten, aún más, una imagen pesada. Forma parte de un conjunto de fachadas madrileñas muy características provenientes de la obra post-herreriana y de Francisco de Mora, pero con pórtico, elemento nada usual en esta tipología.

La fachada septentrional, comúnmente la de acceso, se encuentra definida, como la meri­dional, por los volúmenes de las capillas -con el contraste vertical de la gran torre campanario-: destacan las de Nuestra Señora del Rosario, con cubierta a cuatro aguas de pizarra, gran cornisa de ladrillo con diversos dibujos y chapitel con elementos de ventilación, linterna octogonal y, sobre ella, bola, veleta y cruz de forja, y la de San José, de volumen similar pero simple linterna de obra; entre ambas se encuentra la portada norte, dentro de un arco rebajado.

El alzado restante, el oriental, presenta un escorzo acusado en la estrecha calle de la Torre, en el que se aprecia en primer término la torre y, tras ella, el ábside.

La torre campanario se localiza en el extremo nororiental, en la cabecera del templo. Consta de cuatro cuerpos de fábrica con revoco que imita ladrillo visto sobre basamento de piedra y remate con gran cornisa, chapitel de pizarra y cinc, bola, veleta y cruz de forja. Tiene pequeños huecos en el primer nivel, saeteras en los dos siguientes y en el cuerpo de campanas vanos de medio punto en los cuatro lados similares a los proyectados por José Pérez en 1752. Los cuerpos se separan por impostas y en los esquinales se introducen encadenados de revoco imitando sillería. Este modelo fue muy utilizado en la arqui­tectura castellana del siglo XVIII.

Estructuralmente funciona mediante muros de carga construidos con mampostería y refuerzos de encadenados de sillería en las esquinas, aunque algunos paños se erigen completamente en piedra de Colmenar bien labrados, como el ábside poli­gonal, la base de la capilla del Cristo del Amparo y los muros de la sacristía; no se revocan los muros ni recubren superficialmente, a excepción del acceso septentrional: el ladrillo queda visto, principalmente, en el cuerpo central de la fachada principal, en la parte superior de la capilla de Cristo del Amparo y en el añadido oriental del ábside. Se cubre con armadura, tablazón y teja cerámica curva en la nave y capillas, a excepción de los chapiteles, de pizarra y cinc. La torre, como ya se ha descrito, es de ladrillo revocado con base de piedra. Las cornisas se hacen de ladrillo visto y otras piezas cerámicas, algunas revestidas como la de la torre y capilla de San José; pétrea es la de la sacristía, de orden toscano. Los huecos se dibujan con piezas de sillería en los cuerpos de piedra -algunos más modernos con ladrillo y en los de muro de fábrica se utiliza el ladrillo a sardinel o las fajas sobresalientes. 

Valdemoro. Litografía de Pie de Leopold, dibujo de J. Mieg, 1851. Reales Sitios

En su interior, a pesar de los incendios y suce­sivas adversidades, se custodian todavía bienes muebles de gran riqueza. Así, se conservan cuatro tablas de Pedro de Cisneros, seguidor de Juan de Borgoña dentro de la escuela de pintura tole­dana del siglo XVI, y un conjunto de platería de Celestino Espinosa, director que fue de la Real Fábrica de Martínez. Desaparecido, pero visto por Baíllo a finales del XIX, destacar el taberná­culo de piedras y maderas preciosas donado a finales del siglo XVIII por el primer conde de Lerena, Ministro de la Real Hacienda y patrono de la capilla mayor.

No resta ningún retablo original, pues debieron perderse en el incendio y la posterior reforma neoclásica; los realizados para la capilla mayor -los colaterales por el escultor José de Ratés en 1679 y el altar mayor por José de Acedo dos años después- también han desaparecido. El retablo principal actual, erigido a finales del siglo XVIII, está dedicado a la Asunción de Nuestra Señora, con cuadro sobre el mismo tema de F. Bayeu y dos pequeños laterales dedicados a San Pedro Mártir y San Julián, de R. Bayeu y Goya, respectivamente. Los altares colaterales están destinados a San Juan Bautista y a Sta. Ana, acompañados de otros de estilo barroco y neoclá­sico en las capillas, entre los cuales destaca el barroco en arcosolio de la capilla de Nuestra Señora del Rosario, que albergaba una imagen venerada desde al menos el siglo XVI, quemada a mediados del XVIII en un incendio -la actual está realizada por el escultor José Miranda, expo­liada por los invasores franceses- y cuya magní­fica carro/a se adquirió en 1671 y restauró en 1777 y 1862. Muy interesante también el retablo con arcosolio de la capilla de San José, de un cuerpo, tres calles y ático, y el del Cristo del Amparo, de estuco imitando mármol de estilo neoclásico y compuesto por un cuerpo con cuatro columnas corintias bajo entablamento muy deco­rado y rematado por grupo escultórico.

Los cuadros, casi todos pertenecientes al desaparecido convento de Carmelitas, se custo­dian en el museo de la parroquial, con obras de Claudio Coello, Carducho, Tristán y otros, así como vanas tablas flamencas del siglo XVI y escul­turas del XVII.

En la visita al arcedianato de Madrid orde­nada por el arzobispo de Toledo en 1427 la iglesia de Valdemoro aparecía como importante en la región, pues poseía vasos sagrados y cruz de plata, 23 libros litúrgicos y numerosos ornamentos, así como diversas propiedades rústicas, dos tinajas y una cuba. A esta iglesia original y sus poste­riores reformas y añadidos, asociada seguramente a la repoblación cristiana de los siglos XIV y XV, parecen pertenecer una serie de restos posible­mente mudéjares que todavía se conservan, conse­cuencia de un incendio acaecido en el siglo XVI que destruiría el templo primitivo, que son los cuerpos cilíndricos de la fachada meridional y el aparejo de ladrillo de la misma distinto del resto y de fecha muy anterior, así como el alfarje-resto de un artesonado mudejar de par y nudillo- perte­neciente, seguramente, a la antigua cubierta, así como las pilastras de piedra situadas también en la antesacristía.

Existen libros parroquiales desde 1518 -fecha que algunos autores consideran de su fundación tras la destrucción de la iglesia primitiva-. A finales del siglo XVI ya estaba construida la torre, pues se conserva documentación de obras realizadas por Francisco Alonso en la misma y campanas de los años 1586-88; un año después se hace refe­rencia a la construcción de la sacristía nueva, siendo terminada en 1593 por Nicolás de Ybarra -seguramente la localizada simétrica a la torre, en la esquina sudeste- Tres años después, una vez realizada la cubierta por Pedro Corral, se emplaza la cruz en el chapitel y en 1607, Juan Cabello trabaja en la capilla de la sacristía, que termina dos años más tarde, y en el bienio 1643-4 se arregla el chapitel de la torre. El duque de Lerma fue un impulsor de las obras tras la compra de la villa en 1603, fecha en la que Antonio Correa funda la capilla denominada de la Santísima Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, dotada con una renta y ornamentada con rejas de hierro doradas, retablo, servicio de altar, ornamentos, cajones y lámpara, que en su realización requirió fortalecer un arco para mejorar su estructura ante la erección de una bóveda. En 1602 se concede permiso para realizar la capilla de Nuestra Señora del Rosario, cuya obra se comienza un año después dirigida por Pedro Correa. La reja se colocó en 1663 y hacia 1670 se rehicieron las cubiertas y decoró la capilla, actuación finalizada en 1691 con la pintura de la cúpula.

La parte principal del conjunto se realiza en el siglo XVII, seguramente por el hermano Bautista, que aparece junto a otros en referencia a las trazas de la obra de la iglesia, considerada el ejemplo más puro de espacio vignolesco en la provincia de Madrid Según Corella, sus caracte­rísticas estilísticas muestran una datación de la segunda mitad del siglo XVII y diversos elementos, como los capiteles de la nave y de la cúpula del crucero, han sido comúnmente utilizados por el maestro religioso. Diversas similitudes encuentra esta autora entre la iglesia de Valdemoro y la del Colegio Imperial de Madrid, destacando el trazado de tipo jesuítico con una nave, capillas laterales entre contrafuertes y cubierta de cañón con lunetos ciegos, pero diferenciándose en las tribunas de la iglesia madrileña que no son utilizados por inútiles en la parroquial de Valdemoro; asimismo, encuentra la autora concomitancias con la puerta de Mariana de Neoburgo en el Buen Retiro y el patio del Colegio Imperial en las decoraciones de los anillos de las cúpulas de la capilla mayor y de Nuestra Señora del Rosario. En todo caso, si las trazas fueran del hermano Bautista no es probable que la dirección lo sea, pues no aparece docu­mentada: según Tovar, el maestro Melchor de Bueras sustituiría en la obra al fraile tras su muerte acaecida en 1679 y de ahí la declaración del mismo en su testamento, donde afirmó ser autor de la obra y artífice de todos los detalles orna­mentales, por lo que Tovar lo propone como cons­tructor y segundo tracista muy influenciado por Bautista.

Para los redactores del Plan General de Valdemoro, las primeras trazas y condiciones fueron dadas por el maestro mayor de la cate­dral de Toledo, Cosme de Peñalacia y Castillo en 1656, organizando, básicamente, la reconstruc­ción de la nave desde los cimientos, la fachada occidental con su pórtico y el coro a los pies, que se encontraban en estado ruinoso, añadiendo reparaciones en las capillas y la puerta meridional, comenzando las obras en 1658.

Si estos datos son verídicos, la construcción del conjunto se acercó a unas cuatro décadas, pues en 1690-2 Antonio Correas realiza repara­ciones en la linterna de la capilla mayor y el campa­nario y limpia las bóvedas. Otros autores consideran el comienzo de las obras hacia 1670, pero es conocido documentalmente que el pintor Antonio Vandepere pinta éstas en los años 1660-1; otro dato a tener en cuenta es que la torre estaba recién derribada en 1672. Según Corcha la fachada principal se podría fechar en este momento, el último tercio del siglo XVII.

Vista de Valdemoro, de P. M. Baldi, 1668-69. 
Viaje de Cosme III por España (1668-1669). Madrid y su provincia.

En estas fechas, 1668-9, se dibuja la iglesia, junto al caserío de Valdemoro, por Pier María Baldi, artista que viajaba con Cosme de Medicis por España. La imagen se obtiene desde el antiguo camino real de Toledo, entrando en Valdemoro por septentrión, es decir, el punto más alejado de la iglesia; aun así, podemos ver la nueva fachada occidental y sus dos torres con chapiteles. En este documento gráfico la torre -con dos huecos por lado- aparece no en el vértice ME sino en la fachada norte, cerca de la capilla del Rosario -que se repre­senta detrás de la nave- y se dibujan airosos chapiteles en dos torres simétricas en el alzado occidental, que no deben ser las actuales, pues se puede ver el frontón de la nueva fachada sin cubrir en el propio dibujo. Por tanto, la nave de la iglesia llegaba hasta el comienzo del coro y se amplió la bóveda de cañón para cubrir dicho coro situado sobre el pórtico y, derribando las antiguas torres -sobre las capillas de subida al coro y de San Pedro Apóstol , se construyen las que hoy vemos.

Entonces, tenemos una iglesia con bóveda más corta sin coro alto a los pies y dos torres con chapiteles en fachada sobre dos capillas, la torre mayor podría haber estado situada en el espacio inmediato entre la capilla mayor y la del Rosario, pues el grueso de los muros lo permite. Se derrumbó en 1751 provocando graves daños; rotura de la cúpula de la capilla mayor, sacristía y "ochavo de nuestra señora", daños que expli­carían esta cercanía; un año después se proyecta una nueva torre en el mismo lugar de la ante­rior por el Maestro Mayor de la Catedral de Toledo, José Herranz, que no sólo incluye la Torre sino también la reconstrucción del resto del templo reaprovechando los materiales del edificio anterior. La obra final no coincide completa­mente con las especificaciones del proyecto, custodiado en el Archivo Parroquial de Valdemoro, especialmente el tamaño y decoración do los huecos de los tres primeros cuerpos y los contra­fuertes circulares del basamento; este documento utilizaba el llamado "Marco de Madrid", un sistema de medidas de escuadrías y secciones de las armaduras, como señala Ponce de León. Se utilizaron en la construcción materiales de calidad mediana que se revocaron imitando fábrica de ladrillo visto y cantería en los ángulos.

"Plan de la torre que se a de construir en la Parroquial
de la Villa de Val de Moro,...", 1752. Arq. Joseph Herranz.
El Arte en las Cortes Europeas del siglo XVIII.

Cuatro años después, en 1755, el terremoto de Lisboa provocó todavía más desperfectos en las fábricas y especialmente en las cubiertas, por lo que se tiene que reedificar en parte, comen­zando por la capilla mayor, sacristía y tejados, para continuar con la nueva torre y la fachada occidental, proporcionando la imagen actual -con las diversas reparaciones y reconstrucciones de la Guerra Civil y posteriores-. Según Baíllo la torre es de 1764 y se construyó de ladrillo, quedando restos de la antigua.

Las reformas realizadas en el siglo XVIII, centradas en la capilla mayor, fueron costeadas por el conde de Lerena para establecer su lugar de enterramiento. El primitivo ábside se derribó en la segunda mitad del siglo XVIII y se cons­truyó el actual con el altar existente de estilo neoclásico, encargado a José Ballina en 1788 y rematado por Domingo Mª Palmerani. Las pinturas fueron encargadas por dicho noble a Maella, pero finalmente se confiaron a Francisco Bayeu, que fue ayudado por su hermano Ramón y su cuñado Francisco de Goya, realizadas entre 1786 y 1790. El conjunto completo del altar mayor fue sufragado por el conde de Lerena, vecino de la villa.

La nueva cubrición de la nave parece que se superpuso a los restos de la anterior, artesonada, por lo que la altura de la misma no está propor­cionada con la superficie en planta.

En 1791 el retablo de la capilla de la Inmaculada se erige por Pablo Caprani, italiano, con planta y diseño de Ignacio Haan, arquitecto del Arzobispo de Toledo -algunos autores se refieren al de la capilla del Santísimo Cristo del Amparo. La sacristía fue una de las últimas reali­zaciones del conjunto, aunque todavía a finales del siglo XIX se construyó en la capilla mayor la capilla de la Dolorosa. En 1918 fue restaurada la capilla de los Correa. 

Vista del acceso a la Iglesia, 1954

Tras la Guerra Civil, se procede a su repara­ción bajo proyecto del arquitecto José Fonseca y Llamedo, auspiciado por Regiones Devastadas; el párroco solicita la reparación de la iglesia al haber estado el pueblo en línea de fuego y alegando su valor artístico. Los daños sufridos se centraron en la cubierta y algunos superfi­ciales en la torre, así como diversas grietas en las bóvedas, goteras en los frescos de la nave y destrozos en los altares, al arquitecto recomienda en un informe de 1940 reparar los daños impres­cindibles y deponer los impactos no estructu­rales -como los de la fachada principal, que considera de poco mérito arquitectónico-Respecto al interior cree necesario esperar a disponer de los medio económicos necesarios para acometer su restauración, por ser de gran valor artístico y cuantía. Resalta, además, los daños que asimismo ha sufrido la vivienda rectoral, así como se habilita en dicho edificio y dentro del mismo proyecto un local para domicilio de Acción Católica, así como otras obras menores. 

Vista aérea del casco histórico, 1961

Vista aérea, 1961

En el año 1979 se requiere auxilio económico a la Diputación Provincial de Madrid en apoyo a las obras de restauración de la Iglesia, en situa­ción de ruina inminente; las mismas se realizarán bajo la inspección del Servicio Provincial de Arquitectura de dicha Diputación con proyecto del arquitecto municipal.

En la explanada de la iglesia se situó tradicionalmente la picota. El templo había estado rodeado completamente por un espacio vallado con dos accesos desde la plaza del Rosario, por lo que la calle de la Torre pertenecía a este ámbito -no se relaciona en el viario de finales del siglo XIX- y el muro de contención a la ronda, calle Luis Planelles, era continuo; ya en la segunda mitad del XX se reformó el entorno creando dicha calle de la Torre entre la plaza del Rosario y Luis Planelles, y se abrieron otros dos accesos, uno desde dicha vía, tras un transformador eléctrico, y otro desde la de Luis Planelles. El conjunto fue reformado recientemente con la mejora de las entradas y eliminación de dicho transformador.

Un pequeño museo parroquial, conservado hoy en la antesacristía y sacristía, reúne las prin­cipales piezas del templo

Eduardo González Mercadé, arquitecto de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, realizó en el año 1985 sendos proyectos para las obras urgentes del chapitel de la capilla lateral y del chapitel y consolidación do la bóveda centrales. 

Alzado sur del proyecto de restauración, 1990. Arq. P. Ponce de León. Archivo Central

Así mismo, bajo proyecto del arquitecto Pedro Ponce de León y dirección conjunta con los técnicos municipales comenzó en 1987 la primera fase de la restauración del edificio, dedicada a la torre y su chapitel, y finalizada en 1989; en una segunda se restauraron la fachada principal y parte de la cubierta, entre 1989 y 1991, y en una última, de 1992, se reparó el resto de las cubiertas y rehabilitó el interior. Fue realizado para el Centro Regional de Conservación y Restauración del Patrimonio Histórico Inmueble de la Dirección General de Patrimonio Cultural; esta institución restauró en 1993 las bóvedas del coro, dos años después las de la nave central y pechinas de la cúpula del altar mayor y en 1996 el retablo mayor.

La restauración de la torre ha consistido, básicamente, en el desmontaje del chapitel y su reconstrucción con el criterio de mínima susti­tución. Posteriormente se revocó imitando ladrillo de tono rosado con aparejo de medio pie y se introdujo un encadenado imitando sillería en los ángulos, inexistente en el proyecto del siglo XVIII ni en las imágenes que poseemos de la torre hasta su restauración.

Durante el proceso de levantamiento del solado se encontraron restos de cuerpos exhu­mados en la nave, así como las huellas de un ancho muro.

Hasta la construcción de los bloques de vivienda colectiva en el entorno del casco histó­rico la iglesia constituía un hito paisajístico de primer orden dentro de la Comunidad, aún conservado -aunque desvirtuado- en la silueta meridional de la villa.

En 1980 se declaró Bien de Interés Cultural como Monumento Histórico-Artístico.

Vista del interior hacia los pies.



Protección

Declarado Monumento Histórico-Artístico en 4-12-1980- BOE 27-1-1981
dentro del BIC Conjunto histórico artístico; integral en el PGOU

Fechas

Base: finales del XVI
Conjunto: 1658
Capilla Rosario: 1602
Torre: 1752
Restauraciones 1940, 1985, 1987-92; 
Restauración bienes muebles: 1993-96.

Arquitectos

Trazas: Cosme de Peñalacla y Castillo, Hermano Bautista y Melchor de Bueras. 
Terminación: Antonio Correas. 
Capilla Rosarlo: Pedro Correa.
Torre: José Herranz. 
Restauraciones:

  • 1940: José Fonseca y Llamedo
  • 1985: Eduardo González Mercadé
  • 1987-92: Pedro Ponce de León
Documentación
  • Archivo Central. Ministerio de Cultura, Secretaría de Estado de Cultura, Gabinete, sig. C.87.706. Reg. 2.055. Informe relativo a la propuesta de declaración de Monumento Histórico-Artístico a favor de la Iglesia Parroquial de Valdemoro, 1980 [Textos de Emilio Lafuenle Ferrari y Paloma Jiménez].
  • Archivo Central. Ministerio de Cultura, sig. 80.714. Obras urgentes en el chapitel de la capilla lateral, 1985. Arq. Eduardo González Mercadé. Archivo Central. Ministerio de Cultura, sig. 80.716. Obras urgentes en el chapitel central y consolidación de la bóveda central, 1985.Arq. Eduardo González Mercadé. Archivo Central Consejería de Cultura, sig. 1725. Proyecto de Restauración Integral de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, Valdemoro, para el Centro Regional de Conservación y Restauración del Patrimonio Histórico Inmueble, Dirección General de Patrimonio Cultural, 1987. Arq. Pedro Poncede León Hernández.
  • Archivo Central Consejería de Cultura, sig. 64/1. Proyecto de Restauración de las cubiertas de la Iglesia 
  • Archivo de la Dirección General de Arquitecturade la Consejería de Obras Públicas, Urbanismo y Transporte. OCRE, 1989
  • Archivo General de la Administración. Cultura, Medios y Prensa Gráfica, sig. 682. Iglesia de
  • Valdemoro, 1954
  • Archivo Regional. Fondo de la Diputación Provincial de Madrid, Sección Cultura. Valdemoro. Solicitud de ayuda económica con destino a las obras de restauración de la Iglesia parroquial de la localidad, 1979.



Música: Andrés de Torrentes - Asperges me