María Teresa Junquera Ibrán



Jerónimo Ibrán fue uno de nuestros grandes hombres. Aunque había nacido en Mataró (Barcelona), se le considera mierense de adopción. Numa Guilhou lo vio claro cuando le confió la dirección técnica y administrativa de su fábrica y que su hijo era incapaz de asumir. Gracias a su trabajo y a su ingenio el negocio no solo superó sus dificultades, sino que se convirtió en un ejemplo de lo ahora se llama I+D, abordando las construcciones metálicas con aplicación a puentes y vigas armadas con la tecnología más moderna de su época. Fue también un eficaz director de la Escuela de Capataces de Minas y de los Ferrocarriles Económicos de Asturias y consejero de las empresas más importantes de Asturias.

Jerónimo Ibrán y Mulá
1842, Mataró - 1910, Oviedo.

Menos conocida es su vida personal, pero encontré con una sorpresa en la figura de una de sus nietas: María Teresa Junquera Ibrán, a la que poco se conoce en Valdemoro y sobre la que he encontrado una biografía digna de reseñar en este blog.


María Teresa Junquera Ibrán nace el 1 de octubre de 1890 en La Rebollada, parroquia del concejo de Mieres, en Asturias.

Sus padres, Buenaventura Junquera Domínguez y María Ibrán Cónsul (hija de Jerónimo), tuvieron seis hijos. La primera fue una niña llamada María Teresa, que nació en La Rebollada en abril de 1889 y falleció en diciembre del mismo año. Para recordarla, siguiendo una costumbre que antes era muy corriente, su hermana, que llegó al mundo en octubre de 1890, fue bautizada con su mismo nombre: María Teresa Junquera Ibrán.

Ella tuvo más suerte y una larga vida, 91 años, lo que la permitió asistir a todos los acontecimientos interesantes de la historia del siglo XX español e incluso ser protagonista de algunos, demostrando siempre un interés por la cultura y un carácter liberal y moderno que heredó tanto de sus padres como de sus abuelos, haciéndola destacar en un ambiente donde el respeto a los derechos de la mujer aún estaba muy lejos.

Buenaventura, el padre de María Teresa, fue secretario del Consejo de Administración de Fábrica de Mieres, lo que le permitió vivir como Jerónimo Ibrán en una de las casas construidas en La Rebollada para sus empleados técnicos y directivos. Después, la familia se trasladó a Oviedo.


Teresa siempre sintió inclinación por la medicina, pero matricularse en un Facultad era una pretensión casi imposible en la primera década del siglo para una mujer española, por lo que en un principio se tuvo que conformar con obtener el título de enfermera, aunque como contaba con el apoyo moral y económico de su familia, lo hizo en 1911 en una de las mejores escuelas europeas del momento, la de Bayona, aprovechando que allí vivía su tía Catalina Ibrán.
Entonces no hacían falta más estudios para acceder a la enfermería y podía haber cerrado aquí su curriculum, pero no se conformó. En 1917 obtuvo su bachiller en Oviedo y un año más tarde ya trabajaba -de nuevo en Francia- en el Hospital Val de Grâce de París.

Entretanto, las cosas ya habían empezado a cambiar para las jóvenes españolas y por fin en 1920 pudo empezar también en Oviedo los estudios de Medicina y Cirugía, que concluyó en el hospital madrileño de San Carlos en una promoción de la que formaron parte otras cinco mujeres. Allí empezó también su doctorado y siguiendo su empeño por reivindicar la dignidad del trabajo femenino fue fundadora y vicesecretaria de la Asociación de Médicas españolas desde sus inicios en 1928 hasta 1936.


Una de las experiencias que la marcaron profesionalmente llegó con su estancia en Londres, en 1926, donde conoció las técnicas más modernas de enfermería y completó su formación con el director de la Escuela Nacional de Puericultura Enrique Suñer. En Inglaterra pudo ver a la vez los métodos de Florence Nightingale en el Hospital de St. Thomas, que en 1929 quiso aplicar cuando fue nombrada subdirectora de la Escuela de Enfermería, recién inaugurada en la Casa de Salud de Valdecilla.

Para acceder al sistema inglés se exigían unos requisitos mínimos: buen aspecto, buena conducta, buenos modales y saber leer y escribir. La formación se desarrollaba en tres años bajo régimen de internado, con prácticas diarias en un centro hospitalario y siguiendo un programa teórico que incluía materias médicas y de laboratorio. El intento de María Teresa fracasó en España al no recibir ningún apoyo: las alumnas de Valdecilla eran maltratadas e insultadas por las instructoras y tanto el director como la marquesa de Pelayo, benefactora de la institución, boicotearon el plan de estudios al considerarlo demasiado progresista.

María Teresa Junquera en su habitación.

En junio de 1930, las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul sustituyeron en la administración del hospital a María Teresa y poco más tarde, desencantada, regresó a Oviedo para atender a su madre enferma y abrir una consulta de pediatría junto a Matutina Rodríguez Álvarez, una compañera de promoción con la que mantuvo siempre una gran amistad.
En la capital de Asturias las dos vivieron los acontecimientos revolucionarios de octubre de 1934, donde Teresa prestó sus servicios a los heridos sin hacer distinciones entre los bandos; al año siguiente, tras la muerte de su padre, fue nombrada por José Giner directora del Orfanato de El Pardo, en Madrid, y en este puesto vivió la Guerra Civil, aceptando junto a sus niños a huéspedes tan diferentes como un grupo de seminaristas y otro de hijos de brigadistas internacionales.

En 1937 se fué a Francia donde siguió cuidando a los niños refugiados y estuvo en París hasta que la ocupación nazi la empujó de nuevo hasta Madrid. Allí compró en 1952 una casa con finca en Valdemoro, abandonando para siempre la medicina para vivir junto a su hermana María Jesús y su cuñado Santiago, dedicándose a los trabajos del campo y sin perder nunca el contacto con Matutina Rodríguez y su marido Antonio Martínez Torner, quien también era pediatra.

María Teresa Junquera Ibrán murió en Valdemoro en diciembre de 1981, dejando huella en la historia de la enfermería española.


La Rebollada en el año 1960,
a la derecha se ve una de las chimeneas de la Fábrica y al fondo Mieres.





Fuentes:
  • Ernesto Burgos - Historiador
  • elblogdeacebedo.blogspot.com

Música: "Abrázame así" - Ana María Gonzalez

18 de marzo de 2026 - Valdemoro deja de ser el único municipio madrileño sin bandera

 


El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobó, el 18 de marzo de 2026, autorizar al Ayuntamiento de Valdemoro la adopción de una bandera municipal oficial y la modificación de su escudo heráldico. 

Ambos emblemas cuentan con informes favorables y aval de instituciones especializadas, como la Real Academia de la Historia y la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, que han emitido informes favorables. Este respaldo garantiza el rigor histórico y la adecuación de los símbolos a los criterios oficiales.

El municipio, cuya primera referencia documental se remonta al siglo XII, carecía hasta ahora de bandera oficial. Por este motivo, la entidad local organizó en mayo de 2019 una consulta participativa para que los vecinos eligieran entre cuatro diseños. Más de 2.700 ciudadanos (76.000 habitantes censados en 2019) participaron en la votación, obteniendo la opción ganadora un respaldo del 40%.


La opción seleccionada presenta fondo blanco —en alusión a la tradición yesera de la localidad— y dos bandas diagonales: una verde, que simboliza los olivos, las vides y la histórica vinculación de la ciudad con la Guardia Civil, y otra roja, en referencia a Castilla y a la Comunidad de Madrid. En el centro se incorpora el nuevo escudo, que adquiere carácter oficial tras su aprobación por el Consejo de Gobierno.


La localidad madrileña venía utilizando un blasón desde 1983 que no poseía ningún tipo de refrendo oficial. De ahí que se propusiera uno, adaptación del que corona la Fuente de la Villa, datado en 1605 y considerado el más antiguo del que se tiene constancia.

El nuevo escudo destaca por sus tonos oro, rojo carmesí y azules, y está acompañado por la figura de un rey con su corona y cetro encadenado a la fortaleza del castillo con una cadena de plata. Por último, se timbra con la corona real de España.

Más allá de su valor institucional, la nueva bandera y el escudo servirán para identificar a Valdemoro en actos, edificios y comunicaciones y reforzar el sentimiento de pertenencia.







Alonso de Valdemoro - "Perucho"



Alonso Hernández o Fernández, carmelita de la provincia de Castilla, nació en Valdemoro hacia 1524/1525. En el epistolario de Santa Teresa de Jesús, aparece con el criptónimo de ‘Perucho’. 

Ingresó joven en la orden, profesando hacia 1539-1540 en el convento de Toledo. 
En 1548 es conventual en ‘Los Valles’ (Burgos) y sucesivamente ejerce cargos de responsabilidad: fundador y primer prior del convento de Valderas (1566), confirmado en el cargo el año 1567 en el Capítulo Provincial presidido por Rubeo. Es a la vez Definidor Provincial. Parece ser él quien dé el relevo al P. Antonio de Heredia como vicario de Medina del Campo, cuando éste renuncia a su cargo prioral para encaminarse a Duruelo. Prior del Carmen de Avila en 1574-1576. Reelegido para el cargo este mismo año, pero le es aceptada la renuncia. En 1577 se le encomienda la fundación de un convento en su pueblo natal Valdemoro, si bien ésta no se logrará hasta 1589. 

En el epistolario teresiano aparecerá como vicario de Medina del Campo en 1578. Todavía en 1579 es designado prior de San Pablo de la Moraleja. Cuenta con un hermano carmelita, no muy afortunado, y con un primo, el maestro Córdoba, también carmelita. Pero cuenta sobre todo con el aprecio del Provincial Angel de Salazar y del General Rubeo.

A pesar de su bien merecido prestigio, Valdemoro entra con mal pie en el epistolario teresiano, por haber sido él quien, siendo prior del Carmen de Avila, apresa y lleva desterrado a Medina a fray Juan de la Cruz y a su compañero de tarea en La Encarnación, a finales de 1575, mientras la Santa está en Sevilla. 


A primeros de enero de 1576 se lo referirá ella, dolorida, al General de la Orden, lamentando que Valdemoro goce del favor del Provincial Angel de Salazar: 

"como es prior de Avila, quitó los descalzos de La Encarnación con harto gran escándalo del pueblo, y así trae aquellas monjas…, que es lástima el gran desasosiego que traen"
(carta a Rubeo, enero de 1576, n. 16). 

Los otros achaques que indispondrán a la Santa respecto de él son sus intentos de amistad, que ella cree fingidos:

"tengo sospecha que amistad para hacernos bien… no la tendrá"
(carta a Gracián, del 21.10.1576, n. 9; y carta del 3.11.1576, n. 1)

Sus tanteos para introducir entre los descalzos a su propio hermano, expulsado de la Orden, en que la Santa usa fina ironía respecto del buen "Perucho". 

Todavía se enojará con él Teresa a causa de su intervención en la famosa ‘elección machucada’ de la Encarnación y las subsiguientes censuras de las monjas carmelitas: 

"él y el Provincial no han hecho sino hacer diligencias y amenazarlas"
(carta a R. de Huerta, del 12-3-1578, n. 2). 

"Muertas de miedo de él’ están por esas fechas las carmelitas de Medina, donde Valdemoro es Vicario" (carta a Gracián, del 19.8.1578, n. 4). 

A todo ello se debe la imagen negativa que este hombre ha proyectado sobre las biografias de Teresa y de Juan de la Cruz.




Fuente: Pablo Garrido, Interpretaciones erróneas de algunos textos teresianos - 1997.

Peña del Real Madrid en Valdemoro



La Peña Madridista de Valdemoro nació el 22 de mayo de 1981, sólo unos días antes de jugarse la final de la Copa de Europa que disputaron el Madrid de Boskov y el Liverpool en París. 

Joaquín Mazarracín, Facundo Carrero, Dionisio García, Ángel Díaz, Francisco Lerena, Fidel Mateos y Antonio García, madridistas férreos y socios fundadores, decidieron crear una pequeña asociación, bajo el nombre de Peña Madridista de Valdemoro. Al acto de inauguración acudió el por aquel entonces presidente del Real Madrid, Luis de Carlos, y se celebró en los salones del restaurante Quinito, primera sede social de la sede.

El motivo fundacional de la asociación fue la de conseguir unificar a todos los madridistas que vivían en Valdemoro y que cada fin de semana acudían al estadio por separado a animar a su equipo. Por este motivo, como peña acuden a las citas deportivas que se disputan en el Santiago Bernabéu y  fuera de la Comunidad de Madrid también es habitual que la bandera de la peña valdemoreña esté presente en los encuentros celebrados tanto en la geografía española como en toda Europa.


La peña, que comenzó con 35 socios. En los 45 años de actividad el número de socios ha sido variable, alcanzando picos de máxima participación cuando el madridismo ha cosechado grandes temporadas y franjas de menor participación coincidiendo con la crisis económica. 

La peña madridista es la asociación más antigua de Valdemoro. Cuando se creó en ese año 1981 no existía ninguna agrupación local. El Real Madrid contaba con peñas por toda España; es por ello que, a través del club, se formalizó la Peña Madridista de Valdemoro en forma de asociación local. La peña se rige por los estatutos del club, lo que establece un vínculo especial entre la agrupación y el Real Madrid.

Históricamente, las diferentes sedes de la peña siempre fueron bares de la localidad. En vista de los inconvenientes que generaban a la hora de llevar a cabo sus reuniones, los socios optaron por crear su propia sede. La primera se encontraba en la calle San Isidro, más tarde se mudaron a la calle Libertad, hasta que decidieron asentarse en pleno centro de Valdemoro, en el número 4 de la calle Doctor Benito, a pocos metros de la plaza de la Constitución. 


Cabe apuntar que, junto a la Peña La Saeta, son las únicas dos agrupaciones de la Comunidad de Madrid que comenzaron a contar con local propio. Los 184 metros cuadrados de local cuentan con una barra de bar, televisores y mesas y sillas donde ver los partidos o celebrar las competiciones de mus.

El primer presidente de la peña fue don Joaquín Mazarracín, cargo que ocupó por un espacio corto de tiempo; lo mismo ocurrió con Ángel García y Consuelo Humanes cuya presidencia fue de transición. El primer presidente longevo fue Facundo Carrero, quien ostentó el cargo desde prácticamente el nacimiento de la peña hasta el año 1989. Le sucedería hasta el año 1995 Eugenio Escudero, quien dio paso a Santiago Fernández Humanes.


 En la actualidad el perfil de socio de la peña se encuentra entre los 40 y los 50 años, aunque existe una gran participación de jóvenes. La peña pretende fomentar la afiliación juvenil.

Son muchos los madridistas que, desafortunadamente, ya no se encuentran entre los socios de la peña. Todos ellos tienen un recuerdo en la memoria de la asociación. Cabe destacar la figura de Francisco Lerena, madridista acérrimo que, además de ser socio fundador, se volcó con este proyecto prestando ayuda a cualquier socio que lo necesitara. Su recuerdo sigue muy presente en la actividad diaria de la asociación.