Colegio Marqués de Vallejo (Finca El Juncarejo)



El Juncarejo aparece documentalmente ya en el siglo XVI, dos centurias después era propiedad de José Aguado Correa y ya tenía en estas fechas un magnífico jardín con bóveda de acceso y estanque.

Posteriormente pasó a manos del marqués de Gavina, que compró tierras en Valdemoro en 1837, sobre todo en la zona sur en la carretera de Borox, con quién se convirtió en un lugar de reunión de la intelectualidad de la época.

Los marqueses de Vallejo adquirieron las fincas y casas de los Gaviria en Valdemoro, y entre ellas el Juncarejo, en 1877.

Diego Fernández y Vallejo

Intentaron donar esta finca a los Padres Paúles, pero fue rehusada por no poder mantenerla, por lo que fue entonces cedida a la Guardia Civil en 1879, junto a otras propiedades y el solar del derruido convento de Carmelitas, proveniente todo de la casa Gaviria, situado en la parte oriental del casco cerca de la carretera de Andalucía (aparece en el plano de 1923 la Casa Huerta y picadero de la Guardia Civil en dicha parcela), con el fin de establecer un colegio para sus huérfanas regentado por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y sufra­gado voluntariamente por los individuos del Cuerpo, a excepción de la capilla, costeada por el marqués de Vallejo.

Plano del núcleo urbano, 1923

Primeramente se pensó erigir el edificio en dicho solar en el centro de Valdemoro, pero se decidió localizarlo en dicha finca del Juncarejo, en el lugar más elevado.

El 19 de junio de 1880 se inauguraron las obras del colegio, colocando Alfonso XII la primera piedra. Fue ésta la única ocasión en que, como rey de España, revistó y visitó el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro. Una compañía del 14º Tercio hizo los honores de ordenanza en la estación férrea.

Dispuestos por el arquitecto Bruno Fernández  de los Rondero los últimos detalles, fue depositado en el interior de un hueco, hecho a tal efecto en el terreno, un ejemplar de la ‘Gaceta’ del día, una copia de la escritura y veinte monedas de curso legal. Colocada por Alfonso XII la primera piedra, ofició el acto religioso el Obispo Auxiliar de Madrid. Por el brigadier secretario general, José Arderéis, se levantó acta del acontecimiento.

Terminadas las obras, comenzó Juncarejo tímidamente su funcionamiento en 1885, bajo el cuidado de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl y con una capacidad para 100 alumnas, aunque durante los diez primeros años, por falta de recursos, sólo se admitió a 40. Cien años después -curso 1984,85- permitió el acceso a niños externos vinculados a la Guardia Civil.

Clase de lectura en el colegio, 1920

En la Guerra Civil se convirtió en hospital de heridos de las fuerzas republicanas y, posterior­mente, hospital de sangre del bando nacional.

Antigua vista de la enfermería,1920. 

El edificio constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura del siglo XIX de Valdemoro, tanto por su claridad compositiva en planta y alzados como por el rigor y austeridad en el diseño de los detalles.

Alzado del edificio principal.

La Finca el Juncarejo se encuentra al sur del núcleo histórico de Valdemoro, a un kilómetro escaso de la plaza de la Constitución. Sobre un altozano y rodeado de amplios jardines se levanta el colegio Marqués de Vallejo para Huérfanos de la Guardia Civil, un elemento más de las impor­tantes dotaciones de este Cuerpo localizadas en Valdemoro.

El conjunto se compone de tres edificaciones principales: el colegio original, su ampliación posterior reciente y la villa del marqués de Vallejo.

Vista de la fachada posterior del Colegio.

La construcción primitiva, orientada en direc­ción este-oeste, es un imponente edificio de casi 120m de longitud compuesto por una pieza central retranqueada de dos plantas con dos cuerpos extremos compuestos a su vez por dos elementos de dos plantas relacionados por un pequeño pabellón de un único nivel.
Las piezas extremas, añadidas posteriormente en el mismo estilo, tienen un uso que les permiten funcionar exentas (salón de actos y comedor), por lo que se unen al edificio original por sendos patios cubiertos. Por lo tanto, dicha construcción primera era menor (68m de longitud) y tenia un diseño clásico de pabellones laterales sobresalientes y parte central con acceso marcado mediante la repetición del esquema compositivo de la fachada en dichos pabellones anejos. La ampliación redunda en la forma de estas piezas extremas, pero el ancho de la crujía es mayor: los pabellones se desarrollan perpendicularmente a la fachada principal para dibujar en el edificio original una H a la que se le añade la capilla detrás del elemento de acceso.

Antigua vista de la capilla hacia el altar mayor, 1920. 

La planta se distribuye por amplios pasillos centrales con habitaciones a ambos lados y esca­leras en los extremos con iluminación cenital que se manifiesta en la cubierta. En la planta baja se situaban las salas de clases, de aseo, comedor y habitaciones de baño, así como la capilla. Los dormitorios de las huérfanas, situados en la primera planta, se constituían por grandes salas con huecos en las dos fachadas, para posterior­mente subdividirse en pequeños cuartos con pasillo central. En la planta sótano se introdu­jeron la cocina y dependencias de servicio las piezas más significativas eran el comedor y la capilla.


Clase de bordado en el colegio, 1920

Clase de mecanografía, 1920

El comedor se realiza en el pabellón meri­dional buscando un espacio único, para lo cual se introducen pilares de hierro fundido; el pavi­mento es de baldosa hidráulica, similar al del resto del colegio, y los muros perimetrales se alicatan con un zócalo a un tercio aproximado de la altura libre, en el cual se apoyan los bancos y mesas corridas. 

Vista interior de la capilla hacía el altar mayor.

La capilla tiene planta en forma de T, pues el presbiterio no prolonga la única nave, se cubre ésta con bóveda de cañón con cuatro lunetos de ancho mitad de la nave, dos de ellos con huecos de iluminación y otro de igual ancho para el crucero: se separan las bóvedas origi­nadas mediante arcos fajones que apoyan, como el arranque del cañón, sobre un entablamento neoclásico que recorre perimetralmente todo el espacio, a excepción del retablo del altar mayor, y pilastras toscanas que conforman el ritmo estruc­tural de la nave.

El retablo del altar mayor, neoclá­sico y dorado con advocación de San José, está acompañado de dibujo míxtilíneo en la pared frontal. A los pies tiene coro alto y tras la cabe­cera la sacristía. En los años 70 se decoraba con altares laterales y pulpito, hoy desaparecidos.

Vista interior de la capilla hacia los pies.

Se construye el edificio con muros de carga de mamposteria toledana, con ladrillo visto que encierra fajas de mampuesto de piedra, elementos que confieren al conjunto un ritmo vertical: los pabellones, con su remate triangular de la cubierta a dos aguas, se decoran de manera sencilla con trabajos en el ladrillo de sencillas bandas, impostas y arcos a sardinel, aleros triscados, alféizares y encuadrado de huecos con diversos dibujos de la imaginería neomudéjar y neogótica. Esta ornamen­tación se repite en la fachada trasera y en las ampliaciones posteriores. Las cubiertas, anterior­mente de madera y teja cerámica curva -aunque en una de las reformas, en la sala de juegos, se encontraron cerchas metálicas originales-, fueron sustituidas por estructura metá­lica, rasillón y retejado.


Antigua vista del edificio principal, 1920.

Se han realizado diversas reformas, entre las que destacan la ampliación proyectada y dirigida por Rafael Gil, comenzada en el año 1986. El nuevo conjunto ordenaba la parte posterior del edificio original del Juncarejo -alrededor de la piscina existente- mediante la construcción de nueva planta de un discreto edificio que cerraba un patio de juegos por el este, compuesto de varias alas de una planta con arquerías unidas por un elemento central acristalado de dos niveles.

El edificio se encuentra situado en el punto más alto de un altozano que se aterraza para generar un interesante jardín. Se mantiene la terraza superior, pieza orna­mental del conjunto, con sus calles ortogonales, cuadros de aligustre, plantación de flores y gran arbolado; por una escalera curva a ejes con el pabellón original septentrional se accede a la siguiente terraza que comunica mediante otras escalinatas con otra inferior, con un mirador en el punto central. En dicha terraza se encuentra un magnífico paseo de cipreses con una ordenación más libre que se comunicaba con el jardín de la villa del marqués de Vallejo y con la cascada del parque, elemento acuático que surge de un gran arco en un muro de conten­ción y varios estanques sucesivos.


En la parte posterior al edificio, donde se ha desarrollado el patio escolar, se encontraba un gran estanque con tres gruesos caños rodeado por una barandilla de hierro y machones, susti­tuido por la piscina del colegio. El acceso se realizaba por una bóveda vegetal todavía existente a fines del XIX.

En la parte septentrional, cerca de la entrada, se encuentra la villa del marqués de Vallejo, ante­rior propietario de la finca. Es un edificio de mediados del siglo XIX con dos plantas y portada neorrenacentista con grandes piezas almohadi­lladas. Muy restaurada, conserva los balcones de hierro forjado y una plataforma en su lado norte con pinos.


Finalizado el curso 2004-2005, las Hijas de la Caridad dejan el Colegio Marqués de Vallejo. La falta de vocaciones y la tendencia a reagruparse de las hermanas parece estar en el origen de esta decisión. En la comunidad educativa del Juncarejo se respiraba cierto pesimismo desde la partida de las Hermanas. El número de matriculaciones había descendido y muchos dudaban incluso de la continuidad del Centro en un futuro cercano.

En el curso 2012/2013, el entonces presidente de la Asociación Pro Huérfanos, el General Rogelio Masegosa, decide clausurar el Colegio Infanta María Teresa. Con esta coyuntura, se plantea como solución laboral para el claustro de profesores del Infanta su traslado al Juncarejo.

El efecto de esta decisión no se hizo esperar. Ese mismo curso ya hubo un repunte en el número de matriculaciones, tendencia que se mantiene hasta nuestros días, con un índice de ocupación del 90%, 735 alumnos matriculados en el curso 2017/18.



"Valores tradicionales como el esfuerzo, la constancia, el respeto, el gusto por el trabajo bien hecho… siguen muy presentes en la labor educativa. Creemos que siguen siendo muy necesarios hoy y que además son perfectamente compatibles con otros que la sociedad demanda y a los que es preciso atender, como son la iniciativa, el emprendimiento, el trabajo cooperativo, el juicio crítico… el reto está en conjugar, en hacer compatible la riqueza de nuestra tradición con las demandas y necesidades de la sociedad de hoy."

Pablo Zúñiga López, Director del Colegio ‘Marqués de Vallejo’





Fuentes: 
  • Archivo del estudio de Rafael Gil Álvarez. Proyecto de Reforma en el Colegio de Huérfanas de la Guardia Civil en la finca "El Juncarejo" -Valdemoro, 1986-. Arq. Rafael Gil Álvarez.
  • AYUNTAMIENTO DE VALDEMORO. Memoria de Valdemoro II Fotografías Catálogo Exposición.Valdemoro: Ayuntamiento de Valdemoro, 1994. BAlLLO, R. Valdemoro. Madrid: Rubiños, 1891.CORREA, A. Testamento y memorias de Antonio Correa. Memorias y fundación de la Fábrica de paños finos, [S.a.]. Valdemoro. Madrid: [s.n.]1914.
  • FEO PARRONDO, F. Fincas rústicas desamortizadas en la Provincia de Madrid (Inédito). Madrid:Consejería de Ordenación del Territorio, Medio Ambiente y Vivienda, 1984.
  • ORCAJO, A. "Reseña histórica de la Familia Vicenciana en Valdemoro", Anales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, 2001, tomo 109, n° 4, págs. 303-81.
  • polillasdesevilla.com







Un tonel en el yacimiento El Colegio

 

Este tonel pertenece al yacimiento de el Colegio en Valdemoro. De tradición ibérica es uno de los pocos conservados en la Comunidad de Madrid ya que su origen se encuentra en Valencia.

Fotografías del tonel del tonel de El Colegio

El yacimiento de “El Colegio” en Valdemoro, se sitúa dentro del casco urbano de la localidad, sobre un pequeño promontorio que controlaba el arroyo de la Villa y junto al colegio municipal que le da nombre. 

Fue excavado en toda su extensión en el año 2004, en el contexto del PERI 4 “Fuente de la Teja”. La excavación de “El Colegio” ha proporcionado una estratigrafía compleja donde en un espacio relativamente reducido se concentra un considerable número de estructuras pertenecientes a cinco ocupaciones diferentes: Calcolítico, Bronce Primera y Segunda Edad del Hierro, y época romana.

De la 2ª Edad de Hierro se han localizado dos estructuras de habitación, de planta rectangular, con zócalo de piedra y alzados de adobe, compartimentadas interiormente en varias estancias, con bancos corridos, hornos, vasijas de almacenamiento, etc.
En sus inmediaciones, de este mismo período, y relacionadas con ellas se excavaron varias estructuras de almacenamiento subterráneas. Se trata de una serie de tres silos alineados, los dos de los extremos de la edad de Bronce final y el central, que corta a los otros dos, de la Segunda Edad de Hierro. Este último, de planta circular, con un diámetro de 1’26 m, paredes rectas y base plana, con una profundidad de 1’60 m está colmatado por tres depósitos diferentes: el superior, contiene abundantes incrustaciones de piedras calcáreas. Bajo éste, otro de arenas con abundantes incrustaciones de margas y piedras calizas de tamaño medio (20-30 cm) y grandes (+30 cm), debajo de las cuales se han depositado grandes cantidades de fragmentos cerámicos y restos de fauna, y por último, sobre la base de la estructura, un estrato que contiene numerosos fragmentos de cerámica a torno y torneta, de cocción oxidante y reductora; pertenecientes al menos a 11 recipientes, la mayoría grandes contenedores, 3 de ellos lañados, entre los que destacan un tonel, una cazuela y un timaterio.

Dibujo del tonel de El Colegio.

Se ha especulado respecto a la funcionalidad de esta estructura, bien como lugar de reciclaje de grandes contenedores cerámicos, al aparecer piezas casi completas o lañadas, o bien como un lugar ritual donde se depositan restos cerámicos y elementos de fauna junto con un quemador ritual.

El tonel, casi completo, corresponde al tipo I de Fletcher. Se trata de una pieza de cuerpo cilíndrico, con una longitud de 62,3 cm, una altura de 30’44 cm. En la parte superior del cuerpo presenta una abertura, en forma de gollete circular, con un diámetro de 12 cm y 2’5 de altura, con borde redondeado ligeramente exvasado, y en la parte inferior un orificio de desagüe de 2’5 cm de diámetro. Se conserva prácticamente completo uno de los casquetes, con pie marcado, de 12 cm de diámetro y umbo ligeramente marcado, la base del otro casquete no se ha conservado, pero se puede apreciar que tendría también un fondo con pie marcado, similar al anterior.
El cuerpo presenta dos acanaladuras, en ambos extremos, como engarce de las cuerdas de las que se colgaría el tonel, con la particularidad, que, en una de ellas, presenta 14 orificios de unos 4 mm de
diámetro, post coctvram, a ambos lados de una de las acanaladuras, en la zona de unión entre el casquete y cuerpo del tonel, se trata de huellas de lañado realizadas para una reparación anterior al momento de su fragmentación. Estas lañas no conservan restos de metal, por lo que probablemente las juntas estarían atadas con cuerda de esparto o tendones de animales.
La pasta es de color anaranjado muy fina y cuidada, paredes de tamaño medio, degrasantes micáceos, con nervio de cocción, sin ningún tipo de elemento decorativo.


Son muy numerosas las referencias bibliográficas sobre la identificación de este tipo de recipientes en diversos yacimientos del área carpetana. En el yacimiento El Baldío, en Torrejón de Velasco, se han
localizado varios toneletes, uno de ellos en un área dedicada a la fundición de hierro; en el cerro de la Gavia se encontraron más de un centenar de fragmentos de toneles, igualmente, en Plaza de Moros se han documentado una decena de toneletes, o en el cerro del Gollio, donde tenemos noticias de la presencia de toneletes entre los materiales indígenas identificados en este yacimiento.

Sin embargo, no se ofrecen datos concretos sobre la tipología y características de estas vasijas, si bien, para el caso de las piezas procedentes de Plaza de Moros, Urbina y Urquijo señalan que carecen de asas, pero sí presentan las típicas acanaladuras laterales, producidas probablemente por el rozamiento de las cuerdas de soga de las que colgarían. 
En Titulcia se han identificado varios toneles completos, que sus excavadores atribuyen al tipo Fletcher I, e igualmente, se han estudiado dos ejemplares, procedentes del Museo de Toledo, uno, completo, del tipo Fletcher I, y el segundo, del que sólo se conserva uno de los casquetes presenta la particularidad, como el nuestro de El Colegio de tener 8 lañas. Entre los materiales publicados del Cerrón de Illescas figura otro tonel, conservado también parcialmente  y en el enclave de El Llano de la Horca, en Santorcaz (Madrid), se han localizado, al menos dos toneletes, uno zoomorfo, con decoración pintada polícroma, y otro, que conserva parte del cuerpo cilíndrico y la boca completa, de características similares al nuestro de El Colegio.


 En cuanto a su funcionalidad, la mayor parte de los investigadores parecen estar de acuerdo en que se utilizarían como contenedores de líquidos, principalmente agua o vino, sin embargo, es probable que también fuesen utilizados como contenedores de cerveza, e incluso podrían utilizarse para la fabricación de leche cortada mediante el procedimiento de vaivén, sujetos sobre cuerdas que penden del techo o de una viga

La presencia de lañas en vasijas, no son desconocidas en este período, cabe destacar por citar sólo algunos ejemplos, de varias piezas en Plaza de la Armería de Madrid, todas ellas piezas decoradas o las vasijas localizadas en El Llano de la Horca, sobre una tinaja y un plato. El hecho que se reparen tanto vasijas finas, como de cocina o almacenaje, refleja la importancia del reciclaje en recipientes de cierta entidad y/o tamaño. 

En lo referente a la cronología de estos recipientes hay un consenso general en datarlos entre los s. IV a III a. C., salvo los de El Llano de la horca que se les atribuye una cronología entre los s. III-I a. C. En el caso de El Colegio, los materiales atribuidos a la segunda Edad del Hierro, consisten sobre todo en cerámicas finas de tradición ibérica con las decoraciones típicas de este período (bandas y círculos y semicírculos con pintura roja o color vino), contenedores de tamaño mediano y vasijas de almacenaje de grandes dimensiones; las cerámicas comunes son las más escasas, consistiendo sobre todo en ollas de cocción reductora. También están presentes cerámicas a mano, casi todas de tamaño medio y factura tosca, probablemente dedicadas a contención o procesado de alimentos. Destaca asimismo la ausencia de cerámicas jaspeadas y de materiales foráneos, por lo que no hay datos suficientes para datarlo más allá de su adscripción general a la Segunda Edad del Hierro. El único dato de que disponemos para precisar o ajustar la cronología de esta fase procede de una fíbula anular hispánica de bronce de la que se conserva el puente, cuyo paralelo más cercano estaría localizado en Armuña de Tajuña, que podría datarse en torno a los siglos IV – III a. C.




Música: La Música en la Iberia Antigua 

Fuentes:

-Almudena Sanguino Tallón - Graduada en arqueología por la Universidad Complutense y estudiante de Máster en Arqueología Virtual por la Universidad de Alicante

-Pilar Oñate Baztán y Juan Sanguino Vázquez - GABARK 2013, Consultores en Patrimonio Histórico S.L.

Monasterio de Clarisas de la Encarnación


También llamado Convento de Santa Clara, es uno de los edificios históricos más emblemáticos de la localidad y ejemplo destacable del barroco en la región de Madrid.

Ubicado en la Plaza de las Monjas, nº 2, su construcción se la debemos don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma, valido de Felipe III y señor de la Villa de Valdemoro de 1602 a 1625. Poderosísimo favorito del monarca, ideó el convento para trasladar allí a las mujeres de su linaje que decidieran profesar votos. El duque tuvo la idea porque el monasterio de las Descalzas Reales se hallaba ocupado casi al completo por religiosas directamente emparentadas con la realeza, dejando sin hueco a las hijas de la nobleza.

Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma

Tras redactar las condiciones de la obra, en el año 1609 recabó las licencias necesarias para erigir el convento en la villa de Valdemoro y dar cobijo en él a cuatro hermanas del Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid. Con la aportación de los vecinos de la villa (Los vecinos se comprometieron a carrear toda la leña que Felipe III donara de limosna al monasterio; a sacar y llevar a pie de obra 15.000 carros de piedra de mampostería, 400.000 ladrillos, 64.000 tejas y 18.000 fanegas de cal) y del señor Duque, el día 19 de mayo de 1616, sólo tres años después de su inicio, se inauguró el convento.


Ese día, se trasladaron allí las monjas que, hasta ese momento, se alojaban en el hospital de San Andrés. La primera abadesa del monasterio fue sor Ana de Víctor, sobrina del duque de Lerma.

Debió ser un gran acontecimiento, pues el traslado que inauguró el nuevo cenobio (1) se realizó por calles cubiertas de toldos y con toda ostentación de lujo o riqueza, en una procesión encabezada por el rey don Felipe III y doña Margarita de Austria, su esposa, acompañado por el duque don Francisco. La Misa Pontifical a presidió el cardenal de Toledo, don Baltasar Moscoso y Sandoval.

Juan Gómez de Mora 1586-1648

Por sus características estilísticas, se atribuye el diseño de los planos del edificio al arquitecto Juan Gómez de Mora, autor de proyectos tan conocidos como la Casa de la Villa y la cárcel de la Corte madrileñas. Lo que sí se sabe con bastante certeza es que, en su construcción, participaron Pedro de Lizargárate, aparejador que trabajó de maestro de cantería con Francisco de Mora en Madrid y con Juan Gómez de Mora en El Escorial, y fray Alberto de la Madre de Dios, reconocido como uno de los arquitectos religiosos más importantes del siglo XVII y muy vinculado a las obras impulsadas por el duque de Lerma.

Pedro de Lizargarate

El edificio se distribuye en torno a un claustro central cuadrado. Posee varios cuerpos edificados y engarzados, rematados con una espadaña, más claustro, fuentes y jardincillos; muestra asimismo un espacioso huerto con más de 200 árboles.


El huerto del convento, se surtía gracias a un manantial que se encontraba en el paraje de la Fuente Vieja (actual calle Illescas). Estuvo en funcionamiento hasta mediados de la década de los 80 del siglo pasado, cuando la proliferación de construcciones de viviendas sobre acuífero lo agotó. La falta de agua, junto a la jubilación del hortelano, provocó el abandono de la huerta.

Los materiales de las fachadas son los típicos de las construcciones toledanas formadas por cajones de mampostería asentadas entre franjas horizontales de ladrillo. La entrada principal se sitúa en la fachada meridional del edificio, se corresponde con el lado de la Epístola de la iglesia y tiene como eje la elegante portada de entrada. Portada de caliza de estilo barroco rematada con la escultura de Santa Clara , flanqueada por dos pétreos escudos nobiliarios: el del linaje de la Casa de la Cerda, herederos de Alfonso X y el blasón del ducado de Lerma.


Catalina de la Cerda, esposa del Duque de Lerma (1602)

La iglesia constituye el elemento más interesante del conjunto arquitectónico; aparece integrada en el ala norte del edificio monacal, su planta es de cruz latina con una sola nave, cúpula sobre el crucero y coro alto a los pies con reja de clausura. La nave se cubre con bóveda de cañón dividida en tres tramos mediante arcos fajones sustentados por pilastras con capiteles arquitrabados.


En su copioso archivo conventual duerme buena parte de la vida civil y económica de la cerealera villa de Valdemoro.

Libros de cuentas del Archivo del Monasterio

Noticias de la fundación del convento - Archivo del Monasterio

El convento alberga distintas obras de arte pictórico e imaginero, aunque la mayoría de autor desconocido.

La Transfiguración de San Antonio - (1690) Cano de Arevalo

La Virgen leyendo - Autor desconocido

Pentecostés - Autor desconocido

San Antonio de Pádua - Autor desconocido

La Piedad - Autor desconocido

Cristo arrodillado en la cruz - Autor desconocido

Cristo sostenido por un ángel. - Autor desconocido

El Monasterio ha sufrido todos los avatares históricos con sus épocas de bonanza y de despojos.

Sufrió durante la Guerra de Independencia contra los franceses en 1808.  La iglesia, sacristía y convento fueron enteramente saqueados. En el archivo municipal de Chinchón consta la orden de supresión del convento decretada por José I en 1809 y la posterior incorporación de las monjas al monasterio de las clarisas de dicho municipio.

En la guerra civil, (1936-1939), de igual forma, debieron exclaustrarse precipitadamente con motivo de la ocupación del edificio. El frente de batalla se desplegó por las inmediaciones de Valdemoro y un proyectil de obús cayó sobre la cubierta del templo destruyendo parcialmente la iglesia, si bien el retablo, permaneció intacto. Los daños causados, obligaron a una primera restauración en el año 1941.

Gracias a otra restauración realizada en los años 70 del siglo XX y a la que se ha realizado en los últimos años, el conjunto formado por el templo de la Encarnación y las dependencias del monasterio anejo de las Clarisas, es uno de los mejor conservados de la Comunidad de Madrid.

Se sabe que la iglesia contó con tres retablos de gran calidad, realizados al finalizar las obras, de los que actualmente sólo se conserva el retablo mayor, dedicado a la Encarnación, que cuenta todavía con dos lienzos de gran tamaño y cierto mérito artístico: La Encarnación, en la parte central, y El Calvario, en el ático; ambos atribuidos a la escuela madrileña del primer tercio del siglo XVII.

Retablo Mayor de la Iglesia

La Encarnación

El Calvario

En el año 2000, a iniciativa del Obispo de Getafe, Monseñor Francisco José Pérez Fernández-Golfín, preocupado por el estado de abandono y envejecimiento de la comunidad religiosa, se inicia el estudio de rehabilitación del convento, evitando que el monasterio se cerrase por falta de monjas —quedaban cuatro monjas— al lograr que vinieran a vivir en él hermanas clarisas de otros monasterios (comunidad de clarisas franciscanas que moraba en Soria). Con ello dio comienzo a una nueva etapa de florecimiento.

El monasterio femenino es habitado hoy por 16 hermanas, consagrando su vida en el silencio y la clausura. La apertura al público de nuevas áreas del convento requiere autorización papal, pero mantienen abierta, día y noche la iglesia conventual, convertida en capilla de Adoración.





Aquel 19 de mayo de 1616, fue uno de esos días que quedan marcados en la historia de cualquier población y, por ello, en 2016, se aprovechó el cumplimiento del cuarto centenario del convento para, por un lado, elevarlo a la categoría de Bien de Interés Cultural y, por otro, conmemorar la serena presencia de este lugar de recogimiento monacal a lo largo de la historia de Valdemoro, cuatro siglos en los que no ha sido ajeno, ni a la vida cotidiana del vecindario, ni a los acontecimientos más traumáticos de la historia de España.


El Convento de clausura de las Clarisas de Valdemoro es actualmente una isla del pasado en este ya siglo XXI, y todavía, sus tapias y construcciones, delimitan una extensión de casi cuatro hectáreas en el centro de la ciudad, un remanso que nos invita a la serena contemplación de la historia.






(1) Cenobio: Casa o lugar, generalmente alejados de una población, donde viven en comunidad y retiro los monjes o monjas.




Valdemoro siglo XX

Vista aérea, 1922. 
Ejército del Aire. Centro Cartográfico y Fotográfico.

Aunque los primeros años del siglo XX fueron propicios para un moderado crecimiento demográfico en Valdemoro (aumenta de 2.895 habitantes en 1900 a 3.517 en 1930, a pesar del descenso de 1920, debido seguramente a la gripe), el declive por causa de la Guerra Civil fue muy importante, casi un 30%, pues se redujeron a 2.713 almas en 1940.
La recuperación fue lenta. Aunque no se alcanzan las cifras de Getafe, Pinto o Leganés, todas ellas ya ciudades medias, la población se dobló en 15 años (entre 1960 y 1975) para doblarse de nuevo en la siguiente década y otra vez en los posteriores 15 años (entre 1970 y 1986 un 163.1%, frente a un 38.4% del total del área sur y un 27 % de la Comunidad). Este aumento fue impulsado por la incorporación al censo de los militares del complejo de la Guardia Civil y la apertura del centro penitenciario. Gracias a la expansión inmobiliaria, la competitividad de los precios, la mejora de los accesos por carretera y tren, y la intensificación del empleo local, la población alcanzó en 2001 los 35.000 habitantes (un 100% más que en la década anterior).

Vista aérea del Colegio de Guardas Jóvenes, 1922.

En cuanto a la edificación, en 1910 había 398 edificios y albergues en compacto y 24 aislados. En 1957 se contabilizaban 347 edificios destinados a vivienda y 45 a otros usos.

A principios del siglo XX el cuartel de la Guardia Civil se encontraba en la calle del Pozo Chico, pero poco después de la Guerra Civil se traslada a la plaza de las Monjas.

Había en la población, al menos, cuatro fábricas de yeso reseñadas, tres fuentes, tres escuelas, tres conventos y seis eras, todas al norte del casco.

La transformación urbana más importante de Valdemoro se produjo en el último cuarto de siglo, tras formar parte del segundo cinturón industrial de Madrid; sin alcanzar el desarrollo de municipios más próximos a la capital. Las causas de la ralentización de su crecimiento, frente a otros municipios, son la mayor distancia a Madrid, la presencia de suelo abundante y barato en el área metropolitana inmediata y la falta de infraestructuras de comunicación, hechos que permitieron que en los años 60 se conservaran todavía muchas casas solariegas con jardines y que en 1974 el casco se mantuviera prácticamente intacto.

Vista aérea, 1940. Ejército del Aire. Centro Cartográfico y Fotográfico.

El primer tercio de siglo supuso para Valdemoro un cambio sustancial respecto a sus equipamientos y servicios urbanos. En estos primeros años del siglo XX, se planteó la sustitución del antiguo matadero municipal -contiguo a la población y sin las infraestructuras básicas, a pesar de su reciente construcción- con un nuevo proyecto del arquitecto Rafael Martínez Zapatero, del año 1915. 

Alzado del matadero municipal,1915.

Planta del matadero municipal,1915. 
(La cuidada planta de 800m. establece una cruz a la que se le añaden lateralmente dos grandes corrales, uno de gran altura, donde se encuentra el ganado, y otro menor perpendicular, con oficinas y otras dependencias.)


La villa de Valdemoro destaca en el tema de la enseñanza, con gran desarrollo desde el siglo XVI. En 1914, había tres escuelas de primeras letras, otras tres de la Fundación del conde de Lerena y dos más de primera enseñanza de niñas y párvulos en la Casa de San Nicolás, la más concurrida de Valdemoro en este momento, aunque, al parecer, con inadecuadas instalaciones de las escuelas públicas; para suplir esta carencia Mariano de Lázaro y Aguado propone en 1916 construir, en una finca suya derruida en la calle Grande nº31, dos aulas para clases de niños y niñas y alojamiento de profesores y sus familias, instalaciones que serían alquiladas al Ayuntamiento.

Proyecto Grupo Escolar 1935

Posteriormente, durante la República se presentó el proyecto de Grupo Escolar, redactado en 1935 por el arquitecto Manuel López Mora. Se encuentra en un espacio urbano situado en ese momento en el extrarradio de la villa, rodeado de huertos y eras, sobre las calles Tenerías y San Vicente de Paúl y al este do la Ermita del Cristo de la Salud.

Este proyecto, seguramente no construido debido a la inminente contienda, fue variado posteriormente con un nuevo documento, redactado probablemente en 1945. Se le añadieron al año siguiente otros dos proyectos en referencia al muro de cerramiento y arbolado, realizados por el aparejador municipal Miguel Leyva. El conjunto se estaba levantando dos años después.

En cuanto a la arquitectura recreativa hay que reseñar el teatro de la calle Grande -citado desde mediados del siglo XIX y cinematógrafo desde 1911-y los dos casinos que, a finales de dicha centuria y comienzos de la siguiente, se encontraban, respectivamente, en la plaza de la Constitución, ocupada hoy por el Ayuntamiento nuevo (casino utilizado por las clases acomodadas), y en la calle de la Sartén -hoy Nicasio Fraile (de la Guardia Civil), ambos derruidos en la actualidad.

Respecto a la edificación singular, la Guerra Civil constituyó, sin duda, un momento de infle­xión en su historia por los daños causados.

La línea de batalla durante la Guerra se encontraba cerca de la villa; las fuerzas nacionales tomaron Valdemoro tres meses después de comenzar la guerra, aunque continuaron las ofensivas aéreas republicanas, que destrozaron parte del casco urbano y en especial la Casa de San Diego de las Hermanas de la Caridad -tras los estragos causados por los bombardeos y su impo­sible reconstrucción, en 1945 se decide vender el edificio, siendo convertido en Cine Alarcón y posteriormente en restaurante-. También el convento de las Clarisas fue saqueado y en parte destruido, así como la iglesia parroquial, la ermita del Cristo de la Salud, que fue reducida a escombros, la capilla de San Nicolás, profanada, y las casas de los Padres Paúles, que acabaron con graves destrozos.

El Juncarejo se convirtió, sucesivamente, en hospital de heridos de ambos bandos, así como el Colegio de Guardias Jóvenes lo fue para las fuerzas nacionales. El teatro fue convertido en albergue de soldados, que produjeron importantes destrozos en el edificio. En el Castillejo, cerca del arroyo de la Cañada y de Ciempozuelos, se pueden todavía encontrar varios atrincheramientos.

Tras la Guerra el Ayuntamiento procede con urgencia a reparar los edificios públicos destruidos o dañados en la contienda y establece ayudas a los agricultores.

A mediados del siglo XX, la villa se recuperaba para alcanzar los niveles urbanos obtenidos a comienzos de la centuria; en este momento había tres escuelas de niños, tres de niñas, dos de párvulos y tres colegios de enseñanza privados, así como teatro-cine y baile, alcantarillado, fuentes y matadero, posada y varias casas de huéspedes, dos médicos, veterinario y farmacia.

Plaza y fuente de la Piña, 1914

Durante la posguerra el aparejador muni­cipal, Miguel Leyva, realiza una serie de proyectos para diversos espacios públicos de Valdemoro, como los de la plaza de la Piña, para la cual diseña un quiosco de música y otro de refrescos, ambos de 1947; la ampliación del jardín de la fachada principal del Colegio de Guardas Jóvenes en la plaza Duque de Ahumada, y el cerramiento del monumento a los proyecto de 1947 -la Cruz se diseñó en 1944 y fue inaugurada dos años más tarde-.

Quiosco de música para la plaza de la Piña, 1947.

Otras propuestas, en cambio, mejoraban las infraestructuras del municipio, como la construcción e instalación de abrevaderos en la plaza de Cánovas del Castillo, hecho que supone el traslado de esta función de la fuente del Pozo Bueno al Camino de Torrejón. Asimismo, este mismo año de 1947 Miguel Leyva reforma el edificio propiedad del Consistorio sito en la plaza de Autos con vuelta a calle Eloy López de Lerena, que estaba destinado a escuelas, para habilitarlo como Jefatura del FET y de las JONS, para lo cual se trasladan las escuelas al Grupo Escolar de nueva construcción.

El mismo aparejador redactó un proyecto de una fábrica de yesos y escayolas en 1941 para Yesera Nacional.

En cuanto a la vivienda, hasta después de la Guerra Civil (con la construcción de 33 viviendas unifamiliares por parte del IVIMA en el camino de la estación), no comienza la villa a acercarse a la linea férrea, precisamente uno de los artífices del crecimiento de Valdemoro. A excepción de este ejemplo y otros aislados dentro del casco, se realizaron pocas agrupaciones residenciales en la villa.

Planta del proyecto del cine-teatro, 1948. 

En 1948 se presenta el proyecto de reconstrucción del cine de la calle Grande, que mantiene la cubierta de estructura de madera y muestra la sala y el escenario con capacidad para 350 personas. En 1978 se derriba, dado su estado ruinoso, y se presenta en 1984 el proyecto para Centro Sociocultural y Teatro Municipal", obra terminada en 1986.

Vista aérea, 1961. Paisajes Españoles.

Vista aérea del casco histórico, 1961. Paisajes Españoles

Este crecimiento obliga a construir el conjunto de servicios urbanos básicos que requiere una población del tamaño de Valdemoro: así, en 1965 se presenta el proyecto de abastecimiento de agua, con un depósito en la carretera de Torrejón de Velasco, y un amplio conjunto de equipa­mientos educativos, culturales y asistenciales, especialmente el dedicado a la infancia y juventud, entre ellos figuran en el año 1997: Universidad Popular y Escuela Permanente de Adultos, Casa de la juventud, 25 centros educativos -13 de infantil, 8 de EGB, 3 de BUP y 1 de Formación Profesional, biblioteca, dos centros culturales, cine, plaza de toros. Centro de Salud, Centro de Minusválidos, 3 centros de tercera edad y centro de servicios sociales-.

Núcleo urbano, 1975. COPUT Cartoteca.

Se preserva el casco histórico mediante la constitución de un Catálogo con 36 elementos (sin especificar el grado de protección pero con una amplia visión, mermada en documentos posteriores) y se rehabilitan una serie de edificios de interés.

Económicamente, hay que destacar el desarrollo de la producción de yeso, actividad tradicional del término municipal, que alcanza su punto álgido en 1928 con diez fábricas de yeso y escayola, cuyo declive se produjo por la falta de modernización de los sistemas de producción. En el casco urbano, según el plano de 1923 realizado por el Instituto Geográfico y Estadístico, había, al menos, cuatro fábricas de yeso. Asimismo, so podían contabilizar las fábricas de gaseosas y de losetas. La industria agrícola, basada en la elaboración de vino, entró en decadencia con la filoxera, que atacó la mitad de la superficie de viñedo; la Guerra Civil redujo, a su vez este cultivo a un 9%. Destacaba, en menor medida, la elaboración de aceite y el cultivo de cereales. El pequeño comercio se resumía en 14 tenderos y 15 tahoneros a comienzos del siglo XX.

Vista de Escuela Infantil en calle General Martitegui.

Vista de pabellón cubierto en las instalaciones deportivas del paseo del Prado..

Casi dos décadas después de la contienda, en 1957, la producción agrícola se mantenía en el secano (olivos y viñedos) y aumentaba en el regadío, mientras que la ganadería, tradicionalmente estancada, se decantaba hacia las granjas avícolas, con cinco establecimientos y 10.000 gallinas, cifras a las que hay que añadir la cabaña ovina de 2.000 cabezas. La industria de extracción de yeso se apoyaba en 10 fábricas de yeso y escayola con 200 obreros -45% de la población laboral-; poseía, además, matadero, tres almazaras, molino de piensos, tres tahonas y cuatro talleres mecánicos, es decir, una producción industrial poco diversificada y desarrollada; en cambio, respecto al comercio, encontramos una variedad que manifiesta el carácter de centro comarcal de Valdemoro: 14 bares y tabernas, 2 pescaderías, 4 fruterías, 8 tiendas de ultrama­rinos, 4 carnicerías, 2 droguerías, 5 mercerías y 3 salchicherías.

La cifra de establecimientos industriales de Valdemoro en 1993 es de 206, con 2.710 empleados (el número dos de la zona sur). En 1996 la proporción de los sectores primarios, industrial y construcción disminuye para aumentar el de servicios, especialmente los dedicados a equipamientos socioculturales y queda en un segundo término el comercio y la hostelería.

La actividad económica se centra en los polígonos industriales y los servicios asociados a dicha industria; el sector agropecuario no tiene la importancia de centurias pasadas, pero aún mantendría más de un 63% de la superficie de su término municipal de terreno cultivado, aunque sólo la mitad registran algún uso, destacando los olivares y los viñedos. El suelo agrícola se va sustituyendo sucesivamente por suelo industrial y residencial, ante la presión del crecimiento demográfico.

El sector servicios, el que más empleo produce, es el de mayor expectativas de desarrollo ante este crecimiento demográfico y las necesidades que genera, tanto educativas, culturales y sanitarias como de seguridad.

Vista aérea, 1983. Paises Españoles.

Para retener y atraer la creación de empresas -frente a la cercana Toledo, más barata y con más apoyo financiero de la Unión Europea- se procedió a mejorar el paisaje urbano y a establecer un sistema de infraestructuras atractivo para las empresas, para lo cual, sólo entre 1983 y 1993 se actuó en 7,3 Km de viales y más de 100.000m2 de intervenciones en diferentes barrios, así como 50.000m2 de equipamientos (piscinas, polideportivos, centros escolares, depuradora, residencia de ancianos, escuela Infantil y casa de niños, centro ocupacional, recinto ferial, plaza de toros y casa de la juventud) y 271.000 m2 de parques y jardines (en 1987 se Inaugura el parque Duque de Ahumada en el solar de la antigua Compañía de Guardas Jóvenes y sus instalaciones, trasladada al norte de la villa). 

El Plan Regional de Estrategia Territorial de la Consejería de Obras Públicas de la Comunidad de Madrid asigna a Valdemoro un carácter de "Foco Metropolitano de Actividad" ante la existencia del ferrocarril de cercanías y mejora de la accesibilidad de la zona con el nuevo viario regional, M-50, que puede permitir el crecimiento productivo de tal forma que la mayor parte de su población pueda trabajar en el mismo municipio. Este Plan Regional promociona el crecimiento residencial apoyado en la creación de un tejido empresarial que atraiga el consiguiente aumento de la demanda de trabajo.

Sin duda, el conjunto residencial e industrial de mayor importancia es el barrio del Restón, con tres millones de m2 de suelo Industrial y 3.200 viviendas. La creación de este conjunto residencial propició el surgimiento de equipamiento diverso, como el Centro de Barrio y la Concejalía de El Restón, el parque Lineal, Centro de Salud, residencia de mayores, centro de día y Colegio Público, así como la erección de una escultura de Leiro, denominada El Astronauta.

Los otros dos grandes crecimientos previstos eran El Caracol, junto al parque de Tierno Galván, al sur de la población, donde se construirán 1.185 viviendas servidas por un nuevo acceso a la N-IV, y la UDE Norte-Oeste, cerca del Colegio de Guardias Jóvenes, con 4.100 viviendas más.

El nuevo planteamiento viario en la zona sur de la Comunidad se centraba en el nuevo trazado de la Autopista del Sur R-4, que discurre al oeste del término y confluye con la actual N-IV en el límite con la provincia de Toledo, al sur de los polígonos industriales; viarios regionales en sentido NO y SE; y, por último, el acceso desde la N-IV al Parque Temático de San Martín de la Vega.

Núcleo urbano, 1988. COPUT Cartoteca.

El Suelo no Urbanizable de Protección Especial incluye las vías pecuarias, el Parque Regional del Jarama, la vega del Arroyo de la Cañada -espacio de interés Agrícola y Ambiental- espacios de interés Forestal y Paisajísticos y espacios de interés ecológico, dentro de los Secanos de Valdemoro, en la zona sur.

Para proteger los valores arquitectónicos y urbanísticos de la villa el núcleo urbano de Valdemoro fue inventariado como Conjunto Histórico-Artístico de segundo orden en 1967-se incorporó como Conjunto Histórico Artístico en 1981, siendo declarado Bien de Interés Cultural ese mismo año.

Otros elementos catalogados por la Comunidad de Madrid son la plaza de la Constitución y la Fuente de la Villa. Al sur del término se catalogó, además, como espacio natural por la Consejería de Política Territorial los denominados Secanos de Valdemoro y la Comunidad adquirió la finca El Espartal, con 1.318 ha. e importante interés arqueológico -declarado Bien de Interés Cultural en 1995-, con una reserva de 715 ha. destinadas a parque regional.