Obra del artista Santiago Diges Junco (2003), está ubicada en la glorieta del Pozo de San Pedro de Valdemoro.
El escultor valdemoreño Santiago Junco ha participado en los Salones de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores. Entre sus principales logros están la obtención del Premio Reina Sofía en 1977, siendo nombrado Socio de Honor. Y en el año 2022 seleccionado igualmente entre los artistas del 89 Salón de Otoño de la AEPE-Asociación Española de Pintores y Escultores.
Realizada en acero cortén, presenta una figura femenina que observa la línea del horizonte, símbolo de una localidad que mira hacia el futuro.
La escultura tiene 10 metros de altura y se sostiene sobre un gran bloque rectangular de hormigón tratado, cuyo acabado le proporciona un aspecto similar a la piedra.
Se trata del desarrollo a gran escala de la maqueta de una escultura en madera que obtuvo el primer premio Ayuntamiento de Madrid del Distrito de Moncloa-Aravaca
Música: Mago de Oz feat. Ara Malikian - "Te traeré el horizonte"
El estilo arquitectónico de la biblioteca guarda mucha relación con los edificios del centro de actividades educativas. Su diseño se pensó para presentarse ante el público como un espacio acogedor. Además, para su organización y diseño de espacios, se contó con la directora de la biblioteca en aquel momento.
Cada espacio está pensado conforme a las necesidades que pueda tener el usuario y distribuido por franjas de edad: una planta baja donde se puede encontrar el material divulgativo, el mostrador para el préstamo, la sala infantil y la sala de usos múltiples; una primera planta organizada en sala de lectura juvenil y acceso a Internet; y, finalmente, una sala especial de estudio para las épocas de exámenes, que dispone de acceso directo desde la calle.
En mi parecer personal, cuando se habla de la biblioteca Ana María Matute se habla de uno de los edificios más bonitos de Valdemoro. Para que cualquier persona pueda componer una idea respecto a este epicentro cultural, no solo basta con acceder a su interior, sugiero contemplarla en una vista nocturna, desde su lateral en la avenida de España, con su iluminación interior encendida.
Si bien es cierto que ya existía en Valdemoro una pequeña biblioteca, en 1986 se creó otra en el centro cultural Juan Prado. Tras la inauguración y apertura en 2008 de la biblioteca Ana María Matute, esta pasa a establecerse como la principal, lo supone un gran cambio en la localidad.
La biblioteca Ana María Matute recibe, mayoritariamente, a un público joven, sobre todo estudiantes y padres con niños, a diferencia del que suele asistir a Juan Prado, que, por su localización, atiende a gente más mayor. Estos datos, si los trasladamos a cifras, nos permiten hablar de que se superan los 30.000 usuarios.
Frente a otros municipios y localidades como Pinto, Aranjuez, Ciempozuelos, Parla o Getafe, las bibliotecas municipales de Valdemoro presentan unas estadísticas positivas y, lo que es quizá más importante, esperanzadoras de cara al desarrollo y comunicación con los lectores y usuarios.
La buena comunicación entre los usuarios y la biblioteca, así como con su entorno, tiene un fiel reflejo en los centros de interés que más interesan a su público: lecturas para padres y educadores, narrativa actual, multimedia, cómics, manuales de medicina, libros de cocina o libros de idiomas, debido a la cercanía con la escuela de idiomas. Este año, la ayuda de la comunidad ha permitido sumar a esta lista un fondo de la UNED, cuyos manuales tenían mucha demanda, al estar tan próxima la escuela para adultos. Los 5 000 libros con los que empezó su catálogo, este ya se ha visto ampliado hasta cerca de los 100.000 entre los tres centros actualmente.
Las visitas de los centros escolares son un clásico y todos los años se inauguran nuevas actividades, procurando que tengan continuidad en el tiempo junto al resto de actividades que se ofertan, que van desde la semana del libro, los premios de cuento e ilustración, cuentacuentos, presentación de libros....
La página web y los perfiles de Facebook y Twitter juegan también un papel importante en este proyecto y otras muchas de las iniciativas que se plantean se realizan con la Comunidad de Madrid, como e-biblio, un proyecto de libros digitales, el CIFE, que es un plan de formación e información de la Comunidad Económica Europea o la difusión de anuncios de becas, empleo y programas de formación.
El último proyecto en curso es quizá el más importante: formar parte del catálogo de bibliotecas de la Comunidad de Madrid, con un carné único, que facilita el acceso al catálogo conjunto de cualquier biblioteca de la Comunidad.
Ana María Matute nació en Barcelona en el año 1925 y falleció en la misma ciudad en 2014, a pocos días de cumplir los 89 años.
Una de sus últimas apariciones públicas fue, precisamente, en una biblioteca. En 2013 se inauguraba en Carabanchel la Biblioteca también nombrada Ana María Matute. El discurso que improvisó para la ocasión es un compendio de sabiduría y literatura sobre las bibliotecas, los bibliotecarios y los libros.
Mujer de blancos cabellos, corazón infantil y voz pausada, frágil, lánguida, de quien está acostumbrada a saborear lentamente las palabras, Ana María Matute confesó en aquel momento:
"Si yo no fuera escritora, sería bibliotecaria; así estaría entre mi familia siempre."
"La primera vez que entré en una biblioteca recuerdo la emoción que sentí: era el silencio hecho de palabras, palabras calladas que nos habían dejado y nosotros teníamos que conservar como un gran tesoro."
"en la biblioteca tenemos un patrimonio, el mejor patrimonio que se puede dejar a un pueblo, a los hijos: nuestras ideas, nuestras palabras, palabras que no por estar encerradas y silenciosas dejan de ser grandes, importantes".
"Los libros pueden ser en sí mismos un símbolo para la convivencia, para la paz. Los libros no se odian, pueden tener ideas distintas, pueden hablar de cosas totalmente diferentes, pero no se odian"
Música: Mariage d'Amour - Paul de Senneville || Jacob's Piano
Pacense de nacimiento, pero criado desde los tres años en la capital, Francisco Duque Reboto, fue más conocido como Capitán Duque.
Jinete, deportista, guardia civil, profesor, padre, e incluso doble de acción en cine, principalmente ha sido y será ilustre figura de Valdemoro por sus años como maestro e instructor en el Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada, lugar donde dedicó 32 años de su vida.
El capitán Duque optó por entrar en la guardia civil porque le gustó "el tricornio y el uniforme", el que le había visto a un primo de Badajoz cuando este se fue a vivir a su casa para sacarse el curso de guardia civil que se impartía en El Escorial.
Entró en el Instituto Armado con veinte años después haber pasado primero por la mili, trabajar en una imprenta de repartidor de paquetes y prepararse una oposición con diecisiete años para entrar en los almacenes Galerías Preciados.
"Mi padre, mi tío y mi abuelo eran militares, pero tampoco fue algo decisivo. Mi padre no quería que me metiera en la Guardia Civil al principio. Recuerdo que mi padre me decía que estaba loco, porque iba a ganar menos dinero que en Galerías, pero fue una decisión personal porque me atraía especialmente ese mundo, era lo que me gustaba."
Perteneció a la unidad de el Móvil, lo que hoy se conoce como el GRS –los antidisturbios de la Guardia Civil–. En el escuadrón de caballería entró en 1959 donde se convirtió en una especie de centauro y solía recordar a sus caballos Huracán, Tabulo, Delio y Pandino. Llegó incluso a concursar en trofeos militares.
Estando en el escuadrón, en el año 1961, les propusieron formar parte de la figuración de «55 días en Pekín». Participaron cuarenta guardias y el dinero que consiguieron sirvió para comprar máquinas de escribir para el Móvil.
Cuando asistieron a la película «La caída del imperio romano» le dieron un papel más importante: le escogieron para todo tipo de figuración a caballo. Ahí trabajó con actores y actrices como Sophia Loren, Stephen Boyd o Anthony Quayle.
Llegó al escuadrón de Valdemoro de la mano del teniente coronel Ángel Pérez Macías, que acababa de ascender a coronel y le destinaron al Colegio. Fue él quien le propuso dar las clases de equitación. Para él su mejor recuerdo de aquellos tiempos siempre fueron "los alumnos".
"Yo no tenía ni idea de dónde estaba Valdemoro. Viniendo de Madrid imagínate. Valdemoro era un pueblo muy pequeño para mí. Cogí el 600 que tenía y me presenté aquí."
Como capitán en el Colegio de Guardias Jóvenes y profesor de gimnasia y equitación, ha sido el mentor de miles de "polillas", como se conoce a los guardias jóvenes, su lema había sido siempre el de "servir", «Que me imiten en lo bueno, en servir, servir y servir; disciplina y tesón».
Empezó a instruir dentro y fuera del Colegio creando un grupo de «cross» y, desde hace años, los guardias honraban su labor como docente con una carrera solidaria en su nombre.
Él decía que era "del montón" hasta que un día comenzó a destacar. Su secreto, decía, fue el estar dispuesto a colaborar en todo, en cada momento. Y es que, la sacrificada, a la que cuidó en la última etapa, era su mujer, Julia Martínez, que nunca se quejó y a la que llamaba «la dama».
Los guardias jóvenes que pasaron por el Colegio de Valdemoro, hoy dispersos por toda España, le deben su preparación para pasar las pruebas físicas en todos los exámenes y convocatorias. A lo largo de tres décadas, el capitán Duque se convirtió en el profesor más querido y, cuando se le preguntaba su secreto, él solía decir que era porque «les trataba como personas». Pero no solo los alumnos, también le quería el resto de profesores del Colegio y los vecinos de Valdemoro porque siempre estuvo dispuesto a ayudar a todos de manera altruista, los mismos que hoy se han quedado un poco huérfanos con su partida.
De sus años como profesor del Colegio trataba de explicar a los alumnos la importancia de «obedecer y saber estar» y confesaba que de ellos también había aprendido "que la vida va cambiando», pero «la disciplina tiene que existir siempre, porque sin ella no hay mando ni voluntad" y siempre fue un instructor de los que "daba ejemplo".
Además de en las vigilancias, en Valdemoro participó en desfiles, procesiones y todo tipo de eventos
Una vez en la reserva, con cincuenta y seis años, fue jefe de protocolo y por sus funciones tuvo mucha relación con los diferentes gobiernos y partidos políticos de cada momento.
"Nunca me han interesado las inclinaciones políticas, lo que me interesa son las personas."
A los sesenta y cinco años abandonó el cuerpo, pero siempre dijo que hubiera continuado.
"Yo estoy seguro de que habría seguido. Me gusta la enseñanza, me gusta conocer a la gente, enseñar a los chavales y ayudarles en todo lo que pudiera."
El centro le honró bautizando con su nombre a la carrera solidaria que organiza anualmente, en la que Duque participó por última vez el 21 de abril de 2024, portando un dorsal con su apellido y partiendo de la salida junto a los más de 1.400 participantes que colaboraron con la asociación Valdetea, colectivo local integrado por padres de menores con Trastorno del Espectro Autista (TEA).
El capitán también fue honrado en el municipio con una calle, después de que en mayo de 2018, durante el gobierno del socialista Serafín Faraldos, la corporación municipal acordase por unanimidad dar su nombre a la vía que linda con el Colegio Nuestra Señora del Rosario. La placa con la inscripción fue descubierta en un acto en el que estuvo presente su sobrino, Pedro Duque, astronauta y ministro de Ciencia e Innovación de junio de 2018 a enero de 2020.
El capitán de la Guardia Civil Francisco Duque falleció el domingo 12 de enero de 2025, a los 87 años de edad.
"Cuarenta y dos años dedicados a la Guardia Civil y a Valdemoro son más que suficientes para premiar a un nieto, sobrino e hijo de militares que lleva la Benemérita prendida en el alma y que fue guardia por vocación. No podía ser de otro modo en un lugar tan emblemático y tan unido a la Guardia Civil como Valdemoro".
Serafín Faraldos
“Se va un amigo y sobre todo una excelente persona. Descansa en paz capitán, los que hemos tenido la suerte de conocerte no te olvidaremos.”
David Conde
«El Colegio de Guardias Jóvenes ha sido mi casa durante 32 años»
Francisco Duque
Francisco Duque Reboto.
Lección de vitalidad, sacrificio y voluntad. Descanse en paz.
Nicolasa, «La Pajuelera», nace en Valdemoro. La fecha de su nacimiento es motivo de controversia y la fecha de su fallecimiento igualmente se desconoce.
De aspecto masculino, pelo corto y rizado, esposa del banderillero navarro Francisco Gómez, toreó y ejerció de picadora con bastante éxito por distintas plazas del país. Mujer pionera dentro de la tauromaquia tanto por la antigüedad como por la destreza demostrada en el manejo de la vara de detener.
Autores como José Sánchez de Neira en su obra Gran diccionario taurómaco (1896) cambia el apodo pero menciona el nombre real de la torera Nicolasa Escamilla, indicando Valdemoro como el lugar de origen pero no se refiere al año del nacimiento, en cambio sí menciona 1776 como la fecha de referencia en la cual La Pajuelera ya estaba toreando y cita:
"Escamilla, Nicolasa (la Pajolera).—Natural de Valdemoro. Salió a torear en Madrid antes del año de 1776, según afirma un libro manuscrito por D. José Daza, que posee el Sr. Espinosa, vecino de Sevilla."
José Delfín Val Sánchez en su obra "Lanzas, espadas y lances" (1996) recopila información sobre la torera, aportando diferentes datos de referencia, como un escrito del padre Sarmiento de 1762, del que Vargas Ponce se hace eco en "Disertaciones sobre las corridas de toros" (1807).
Delfín Val también menciona un documento en el Archivo General de Palacio conservado por Patrimonio Nacional. En él consta que el 8 de agosto de 1748 se celebró en Salamanca un festejo taurino por la Sala de Alcaldes de Corte, en el que fueron bregados dieciocho toros de Diego Gamarra por la mañana y otros doce por la tarde, lidiados por los varilargueros Juan de Luna, José Daza y Nicolasa Escamilla, «La Pajuelera» a quien le correspondieron dos toros. El mismo José Daza (picador y cronista taurino) que cita Sánchez de Neira en su obra como autor del manuscrito propiedad del Sr. Espinosa; en el mismo documento se menciona que la torera ya había actuado un año antes. Siendo por tanto, 1747, la primera fecha conocida y documentada sobre la aparición de "La Pajuelera" en actuaciones taurinas.
"...retirados estos, a ejemplo de lo que se practicó en las fiestas del año pasado (1747) salga en traje decente a quebrar garrochones a dos toros Nicolasa Escamilla, de estado soltera en esta corte, con beneplácito de su padre, como lo ejerció el año pasado en Valdemoro en una de sus fiestas, con lucimiento y destreza del caballo y aplausos de todos los concurrentes."
En ese documento del Archivo General de Palacio que glosa su primer envite con los toros del que haya quedado constancia, no se halla burla por su intromisión en unas tareas reservadas a los varones, sino que se recalca su "lucimiento y destreza en el manejo del caballo"..."la entrega y el esfuerzo de la torera, alabando la destreza y acierto en el manejo de la suerte de varas y el caballo así como el valor demostrado en la lidia". Es decir, no se saca a La Pajuelera con permiso de su padre al ruedo para reírse de ella, sino para admirar su habilidad en un ejercicio que hasta entonces había sido una actividad inusual o fracasada entre las mujeres.
Ya había mujeres aficionadas a las faenas camperas de encierros y tientas, pero la primera que aparece en el escalafón taurino como profesional fue Nicolasa, siendo por tanto la más importante entre las mujeres toreras del siglo XVIII.
Según consta en el documento manuscrito conservado en la Real Academia de la Historia, su familia valdemoreña se dedicada a la fabricación de pajuelas de azufre, que se utilizaban entonces para desinfectar las barricas de vino; (un método que empezaron a usar los romanos de las tres provincias de la Hispania). En su juventud vendía dichas pajuelas o alguaquidas —mecha o cuerda que arde recubierta de azufre —oficio del que tomó su apodo.
"La Pajuelera" se enmarca en la categoría de los picadores, dada la importancia de estos respecto al papel de los toreros de a pie a lo largo del siglo XVIII. El torero a caballo figuraba por delante del torero a pie que aún no contaban con toda la relevancia que adquirieron unos años después.
En 1911 Antonio García Boiza menciona en el ensayo biográfico «Don Diego Torres de Villarroel» la actuación en Salamanca en 1758 de "la Pajuelera" en una corrida de toros organizada por la Orden Tercera del Carmen (orden de los Carmelitas Descalzos).
Según documentación propiedad de un coleccionista taurino encontrada en Sevilla, "La Pajuelera" torea en la Plaza de toros de la Puerta de Alcalá (Madrid) en 1776 y posteriormente en Zaragoza.
José María de Cossío la calificó como la más importante torera del siglo XVIII.
"Valor varonil de la célebre Pajuelera en la de Zaragoza" (1814 – 1816).
Francisco de Goya.
Sanguina sobre papel verjurado
Museo Nacional del Prado
EL RETRATO DE GOYA
En la serie Tauromaquia, un conjunto de grabados realizado entre la primavera de 1814 y el otoño de 1816, Francisco de Goya quiso plasmar sobre el papel la historia del toreo en España. De entre todos ellos sobresale una mujer, protagonista del grabado número 22, la primera torera con nombre propio, Nicolasa Escamilla. Aunque en la primera tirada de la serie el título era puramente descriptivo, en una posterior se añadió un calificativo más provocador: "Valor varonil de la célebre Pajuelera en la de Zaragoza". La picadora fue retratada con un aspecto masculinizado, que se acentúa al exponerla en soledad ante la embestida del bóvido y que contrasta con sus rasgos mucho más femeninos del dibujo preparatorio que se conserva en el Museo del Prado.
Grabado sobre la Pajuelera
Francisco de Goya
"Goya, aunque la inmortalizó, no vio nunca actuar a La Pajuelera", asegura José Delfín. "Y su aguafuerte, como otros muchos, forma parte de la crónica plástica de los sucesos populares de mayor trascendencia."
Trazada más hombre o más mujer, el valor de "La Pajuelera" reside en su conversión gracias al testimonio gráfico de Goya en pionera entre las féminas que se lanzaron al mundo del toreo
Plato de loza del Museo Arqueológico Nacional
de finales del siglo XVII
dibuja a una alanceadora,
el testimonio más antiguo en este sentido,
pero la fémina es desconocida
LAS PRIMERAS MUJERES TORERAS
Las mujeres habían hecho su aparición en la tauromaquia en el siglo XVII y de ello da fe un escrito del Consejo de Castilla, fechado el 25 de junio de 1654, pero sería una centuria después, en el XVII, cuando su presencia en los cosos alcanzó notoriedad definitiva.
En este siglo XVII, esa época más antigua en el que tenemos constancia de la presencia de la mujer en los espectáculos taurinos, ya que aparecen reflejadas imágenes de ellas picando un toro en la loza talaverana y ya se las cita en alguna disposición oficial. Lo que sí parece cierto es que en sus inicios la mujer no toreaba a pie por considerarse “indecoroso”, haciéndolo tan solo a caballo. También a finales de este siglo, las mujeres empiezan a manifestarse dentro del mundo rural, ya que elaboraban faenas y labores de campo. Esto lo hacían de forma privada, cuidando que nadie pudiera verlas, ya que no estaba permitido que una mujer demostrara su valentía y sus aptitudes delante de una res brava.
Ya entrados en el siglo XVIII y, pese a las complicaciones a las que hicieron frente, comienzan a salir algunos nombres cuya fama trasciende a lo largo y ancho de la geografía española y que podemos considerar como el inicio del largo camino de la igualdad de condiciones en el ruedo. De entre todos estos primeros nombres, Nicolasa destaca sobre el resto.
"Las señoritas toreras"
Cartel de la Plaza de Toros de Cartagena de 1897
Fernando Soteras, poeta y crítico taurino, menciona a "la Pajuelera" en una estrofa del poema que crea para los actos en conmemoración del centenario del fallecimiento de Francisco Goya celebrado el 12 de mayo de 1927 en Zaragoza. El poema se publicó en el Heraldo de Aragón bajo el seudónimo de Juan Gallardo y en un artículo en el semanario taurino «La Fiesta Brava»:
"No olvida a Apiñani, ni a la Pajuelera,
ni al audaz Martincho que su amigo fué...
Y la Plaza marcha con su gran chistera...
Sigue imaginando:
¿Qué és lo que veré?"
Música: "Mi primer Pasodoble" - Antonio Campillo Saura
He tenido la suerte de encontrarme con una bonita publicación, dentro de la cual se hace referencia a muy interesante información sobre Valdemoro. "El estudiante de las hierbas", se basa en el Diario del botánico Juan Isern Batlló y Carrera, miembro destacado de la expedición científica del pacífico en los años 1862-1866 y martir romántico de la ciencia española. Dicha publicación pertenece al Consejo Superior de Investigaciones Científicas y redactado por Paloma Blanco Fernándes de Caleya y las hermanas Dolores y Pilar Rodríguez Vaiga Isern. La tarea que se propusieron las autoras del libro no era fácil, los apuntes de Isern conservados en el Real Jardín Botánico eran algo caóticos, lo que hace de esta obra una valiosa recuperación de los trabajos de este famoso botánico.
Joan Isern Batlló nació en Setcases (Ripollès), en una familia campesina de condición humilde. Pero sus extraordinarias dotes intelectuales, que manifestó desde bien pequeño, animaron a sus padres a orientar su futuro hacia la carrera eclesiástica; que, en aquel momento, era la única posibilidad de estudiar que tenían los niños de casa pobre. Estudió en el seminario de Girona, pero a los veintiséis años abandonó la profesión eclesiástica y se matriculó en la facultad de medicina de la Universidad de Barcelona. Para sostenerse económicamente, durante aquellos años, vendía plantas medicinales que previamente había recolectado en las montañas del Pirineo. A los treinta años obtuvo la plaza de recolector del Museo de Ciencias Naturales de Madrid.
Joan Isern descubrió y catalogó más de ocho mil especies de plantas medicinales, que revolucionarían el mundo farmacéutico. No obstante, Isern no vería el resultado de su trabajo porque una enfermedad tropical que había contraído durante el viaje precipitaría su prematura muerte a los cuarenta y cuatro años de edad.
Una vez leáis este artículo, entenderéis porqué he creído más correcto el ubicar su entrada dentro del apartado "Personajes" del Índice de este blog, en lugar de en "Bibliografía, textos y referencias", como inicialmente tenía previsto.
Diario del botánico
pag.18
En 2002, y gracias al Jefe de Tráfico de Girona, Enrique Errea, y a su mujer Carmen Laura, «la Chata», llegamos a Girona en «temps de flors» y subimos al Pirineo, Setcases y Vall de Ter, pasando por Vic, donde gracias a nuestras entrañables amigas Carme Tíó y Margaret Mariadas Chettiar encontramos el Archivo Episcopal que nos abrió sus puertas y nos dieron toda clase de facilidades para localizar los datos de la familia Isern que ya Miquel Perals nos había avanzado. También M.ª Jesús López Portero, archivera municipal del Ayuntamiento de Valdemoro, nos facilitó los datos sobre la partida de bautismo de la mujer de Juan Isern así como su partida matrimonial, que se encontraban en el Archivo Parroquial de Valdemoro.
pag.42
Conozco a mi esposa en Valdemoro
En el año 1855 me encontraba recolectando plantas en Valdemoro, localidad madrileña situada a veintiséis kilómetros de la capital, y entre las variadas especies que encontré había una que ni yo ni Vicente Cutanda lográbamos identificar. Me acorde entonces de Agustín Yáñez, que desde que le conocí en Barcelona me había demostrado una casi paternal amistad, y decidimos ponerle su nombre al nuevo descubrimiento, la Reseda yannezii. Fue casi como un homenaje a su bondad con todos los estudiantes que le conocimos. Cuando falleció, algunos amigos pidieron semillas de dicha planta para colocarlas alrededor de su tumba.
Mi estancia en Valdemoro se alargó más de lo previsto y no precisamente por los trabajos como colector. Hasta allí se había extendido durante el verano una epidemia de cólera por el mal estado del alcantarillado y de los pozos negros y, sin pensarlo, me presenté ante el alcalde para decirle que quería ayudar como médico. Tuve que trabajar con ahínco, casi sin dormir ni comer durante los meses que duró la epidemia que se llevó a 152 personas. Este trabajo me llevó a enfermar. Una familia de sencillos labradores de Valdemoro tuvo a bien abrir sus puertas para que se repusiera aquel médico que había acudido desinteresadamente en ayuda de las gentes de ese pueblo. Así conocí a Tomasa del Olmo y Soto, nacida el 29 de diciembre de 1834, hija de Manuel del Olmo, natural de Valdemoro, y de Mariana Soto y Mateo, natural de Borox, provincia de Toledo.
Partida bautismal de Tomasa del Olmo Soto. «Tomasa, hija de Manuel del Olmo
"En la Yglesia Parroquial de esta Villa de Valdemoro, en primero de Enero de mil ochocientos treinta y cinco, Yo Dn. Manuel Fontelo, teniente cura de ella, bauticé solemnemente a una niña que nació en veinte y nueve de diciembre último, hija legitima de Manuel del Olmo, natural de esta villa y de Mariana Soto, que lo es de Borox y vecinos de esta: a la cual puse por nombre Tomasa; su padrino que la tuvo in sacro fonte, Remigio del Olmo, a quien advertí del parentesco espiritual y demás obligaciones. Abuelos paternos, d. Remigio y Andrea Dávila; naturales de esta villa y maternos Francisco Soto y Antonia Mato, naturales de Borox y lo firmé." Manuel Ignacio Fontelo. Libro 21º de bautismos, 1833-1845. Archivo Parroquia de Valdemoro, sig. 111-21, f. 17.
pag.44
El 15 de octubre solicité oficialmente la matrícula para el primer año de Ciencias Naturales que se cursaba en la Facultad de Filosofía de la Universidad Central y, a los dos días, el 17 de octubre de 1856, cuando los colores otoñales vestían el campo, me casé con Tomasa celebrando el matrimonio en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de la Villa de Valdemoro y nos trasladamos a vivir a la calle Hortaleza, 54-56, cuarto Sotabanco, de Madrid.
Partida matrimonial de Juan Isern Batlló con Tomasa del Olmo Soto
"D. Juan Jaime Ysern y Batlló con DJ Tomasa del Olmo (casados y velados) En la Yglesia Parroquial de Ntra. Sra. De la Asunción de la Villa de Valdemoro, Provª de Madrid, Arzobispado de Toledo a diez y siete de octubre de mil ochocientos cincuenta y seis: Yo, D. Yldefonso García, Pbro Teniente cura de ella, desposé y velé in famili ecclesia, por palabras de presente, que hacen verdadero y legítimo matrimonio a D. Juan Jaime Yserny Batlló, soltero, natural de Setcases, Diócesis de Gerona, residente en Madrid, hijo legítimo de D. Ygnacio y Dª. Francisca Carren, difuntos, con Dª Tomasa del Olmo, soltera, natural y residente en esta, hija legítima de Manuel y Mariana Soto, habiendo precedido todos los requisitos necesarios para la validez y legitimidad de este contrato Sacramental. Fueron testigos D. Mariano Bravo y Andrés Hernández, dependientes de esta parroquia y para que conste extendí y autoricé la presente en el libro de matrimonios de la misma fha ut supra."
Yldefonso García.
Libro 13° de matrimonios, 1852-1880, Archivo Parroquial de Valdemoro, sig. 111-37, f. 19 v.
pag.51
El año anterior mi familia había aumentado. A las diez y media de la mañana del 27 de marzo de 1860 vino al mundo nuestro segundo hijo, Enrique Ruperto Emilio, que fue bautizado a los dos días por el teniente cura D. Román Guerrero, en la iglesia parroquial de San Luis (Madrid), siendo sus padrinos D. Enrique y Da Emilia de Graells Alcalde, hijos de Mariano de la Paz Graells y de su primera esposa Dª Juana Alcalde y muy amigos míos. Al poco nos mudamos a otra casa mayor en la calle Alcalá, 40, donde ahora me encuentro soñando despierto, pues debe ser verdad que cuando a una persona le queda poco para dejar este mundo se le pasa por la mente rápidamente toda su vida. ¡Cuántas veces he añorado en América a Tomasa, a los niños y a esta casa!
Tuvimos un tercer hijo, otro varón, que nació y murió estando yo en América. Cuando supe esta trágica noticia se me partió el corazón por estar a tantos kilómetros de mi esposa, pues antes de partir la había tranquilizado diciéndole que nuestro tercer hijo nacería con buena estrella, ya que yo rezaría por ellos desde el otro lado del mundo. ¡Qué poco he podido disfrutar de mi familia! Si mis días están por terminar, confío en que no les faltará de nada con las ayudas que he pedido para ellos a mis colegas y amigos.
pag.263
Vicente Cutanda
Profesor de Fitografía de la Universidad Central y vocal de la comisión del mapa geológico, en su «Flora compendiada de Madrid y su provincia o descripción sucinta de las plantas vasculares que espontáneamente crecen en este territorio», entre las plantas que ha herbolizado, en el prólogo menciona sobre la Reseda yannezii diciendo:
«He visto un sólo un ejemplar incompleto, hallado por D. Juan Isern en Valdemoro, y no encuentro especie alguna a que referirle, aunque afine según creo sobre todo a la Reseda lútea. A petición del inventor, la dedico al benemérito profesor don Agustín Yañez. por tantos títulos digno de curable memoria».
Una buena parte de las plantas que recolectaron juntos Cutanda e Isern fueron luego descritas por Willkomm.
La inauguración de la plaza de toros de Valdemoro tuvo lugar en la fecha reciente del 1 de mayo de 1991.
Se trata de una plaza de 3ª categoría, con un aforo de 3.500 personas.
El cartel de inaoguración, fue conformado por toros de Román Sorando Herranz y Carmen Romero (6º) para los diestros Fernando Lozano, Carlos Collado "Niño de la Taurina" y Luis Milla.
El primer toro que saltó al ruedo se llamaba "Remolón" y Carlos Collado "Niño de la Taurina", corto la primera oreja (1.5.1991).
Durante años, la plaza fue protagonista principal de corridas y encierros en los festejos que tenían lugar anualmente en el municipio, pero tras las crisis económicas dejó de tener una dedicación taurina.
Javier Valverde, dos orejas en el único que pudo matar
Eduardo Gallo, oreja y dos orejas y
Alberto Lamelas, que tomaba la alternativa, dos orejas y oreja
Mayo de 2009
Tras quince años sin acoger festejos taurinos y una dedicación principal como cine de verano y ciertas actividades de las fiestas patronales como yincanas y competiciones para las peñas, el pasado 4 de mayo de 2024 fue el escenario de la corrida de toros de la Copa Chenel con Thomas Joubert, Molina y Víctor Hernández en el cartel.
Para poder desarrollar el festejo se llevaron a cabo obras de rehabilitación que también servirían para preparar el edificio para otras utilidades. En la inversión de unos 50.000 euros, se realizaron trabajos de pintura exterior e interior, recuperación del suelo y la instalación de un nuevo albero, reparación de las maderas y repintado con la recuperación de burladeros, renovación de corrales, trabajos de cerrajería, renovación de baños y cañerías o limpieza de diverso de espacios.
En el año 1083, el Rey Alfonso VI conquistó a los moros todo el territorio comprendido desde Talavera a Madrid, dándose una trascendental batalla en este lugar del Valle del Rio Jarama y fue llamado Valle del Moro.
El escudo de Valdemoro, aparece descrito entre los años 1078 y 1085, coincidiendo con la fecha de aquella histórica batalla. En el escudo, se puede ver el busto de un Rey Moro y un Castillo con una cadena colgante. La cadena representa que aquel Rey, fue un cautivo y por lo tanto jamás reinó sobre aquella torre.
Alfonso VI
En 1570, el Rey Felipe II compra Valdemoro y envía a esta Villa un contingente de doscientos treinta y seis moriscos, los cuales habían sido dispersados por el monarca como castigo por la rebelión de Las Alpujarras.
Felipe II
Sin lugar a dudas, estos nuevos vecinos trasladaron desde el sur sus propios medios de subsistencia. Tejedores, sastres, zapateros, curtidores y otros varios, que incrementaron el tejido profesional de Valdemoro.
En la corta estancia de estos moriscos, (unos cuarenta años) aportaron mucho al desarrollo socioeconómico de la Villa, sin que despertaran hostilidades con los vecinos.
Cuando años más tarde, el duque de Lerma determina la expulsión de los moriscos de tierras hispanas. De Valdemoro únicamente salen 153 personas, es decir, 70 es el numero que diferencia de los que habian entrado y que seguramente se habrian convertido, se habian trasladado o habian muerto.
De nuevo el Rey Felipe II, realiza la venta de Valdemoro al noble Marques de Auñon que mantuvo su propiedad hasta el año 1602 en que fué adquirido por el Duque de Lerma, valido del Rey Felipe III .
Música: Danza morisca (Instrumental) · Jordi Savall · Traditional