Arqueología en Valdemoro, la historia enterrada

Los restos revelan más de 4000 años de actividad en el municipio



Para realizar este viaje en el tiempo nos ayudaremos de la imprescindible aportación del arqueólogo y empresario Juan Sanguino Vázquez. Su estudio de arqueología está especializado en la realización de informes del patrimonio arqueológico para la ejecución de obras tanto públicas como privadas. Gracias a su actividad, Juan y su equipo han tenido la oportunidad de aproximarse al patrimonio arqueológico de Valdemoro, ciudad de la que, a pesar de tener un muy bajo porcentaje excavado, ya se conocen bastantes datos sobre la vida que aquí se desarrolló.

 Los yacimientos de Valdemoro se encuentran en la zona sureste del término municipal y comienzan a estudiarse con la intención de desarrollar el sector industrial perteneciente al polígono Valmor. Conscientes de la presencia de restos arqueológicos en la zona, como indicaba la cartografía, Juan Sanguino y su equipo realizaron en 2006-2007 una campaña de sondeos mecánicos en los que se detectaron tres zonas reseñables: la ermita de Santiago, la Calderona y una última próxima al campo de tiro.


Quince siglos de historia enterrada

 Por su orografía, Valdemoro se encuentra ubicado en una zona elevada respecto al yacimiento. Fruto de este desnivel, el municipio se ha caracterizado tradicionalmente por un conjunto de arroyos, en la actualidad calles, que atraviesan la localidad y confluyen en la zona baja, ocupada en su mayoría por el parque Bolitas del Airón.

 Esta llanura se encuentra divida por un conjunto de cerros que establecen dos zonas diferencias: la zona del arroyo de la Cañada y la zona de El Espartal. Ambas poseen restos abundantes de asentamientos asociados a un poblamiento prehistórico de época calcolítica. 2000 años antes de Cristo, la zona ya estaba habitada y el principal motivo era su importancia como vía de comunicación.

 El arroyo de la Cañada está asociado también como una vía de comunicación principal que ya en época de los romanos era denominada la vía veinticuatro del itinerario de Antonino. Centenares de años más tarde, la misma zona estaría ligada a la tradicional ruta real que cursaban ya en época de los Austrias para viajar desde Toledo a Madrid.

 Durante los 4000 años de vida en esta zona tan concreta de nuestro municipio se pueden identificar tres grandes épocas, en las que la actividad llegó, incluso, a ser mayor que la que hubiera en lo que hoy conocemos como núcleo urbano. Estas tres grandes épocas fueron el Calcolítico, la Época Romana y la Época Visigoda.


Época prehistórica 

La época calcolítica se remonta en torno al 2000 a. C., época en la que la cerámica posee una gran importancia. Es por todos conocidos el hallazgo del vaso campaniforme. Este periodo se caracteriza por dos estilos de vaso campaniforme: el marítimo —característico de la zona Atlántica— y el de interior de la meseta. De este último estilo es el vaso encontrado. También de este tiempo datan una necrópolis y numerosos yacimientos. En esta etapa, y hasta la llegada de los romanos, la ocupación se caracterizaba por una producción ganadera y agrícola que se nutría del arroyo.

 Durante la Edad de Bronce se continúa el hábitat y ya en la Edad de Hierro, los carpetanos —pueblos indígenas de la zona— no dejan importantes restos de actividad. Normalmente, estos pueblos se ubicaban en una zona alta, denominada ópida. Se trataba de una especie de cerro amurallado que tenía una función claramente defensiva. Por las características de la zona se cree que esta ópida fue la actual Titulcia.

Época romana

De los tres periodos establecidos quizás fue el de mayor auge de la zona. El principal motivo tiene que ver una vez más con su relevancia como zona de paso y vía de comunicación romana. Gracias a este hecho, en el área del arroyo de la Cañada se instauró un vicus romano.

 Un vicus es un conjunto agropecuario en el que viven varias familias y en torno al cual se aglutinan una serie de servicios: artesanos, ganaderos y agrícolas. Ubicado en lo que hoy conocemos como ermita de Santiago, el vicus de Valdemoro fue uno de los más importantes de la zona y mantuvo su hábitat hasta época muy tardía (siglo V o VI), ya en época visigoda. En la actualidad se trata del yacimiento más importante de esa época en la Comunidad de Madrid, debido a su excepcionalidad y estado de conservación.

 Una vez más, podemos pensar que su prolongación estuvo motivada por la importancia de nuestra vecina Titulcia, antiguo mansio. Los mansio eran áreas de servicio ubicadas a un día de viaje y donde los viajantes paraban a descansar. En torno a estas áreas se aglutinaban construcciones y viviendas de gente que vivía de atender a los viajeros.

 En este periodo se establece una economía productiva como tal en la que encontramos infraestructura asociada a la producción de vino y aceites, así como hornos para el ejercicio de la alfarería y cerámica. Es muy probable que los primeros olivares que existiesen en Valdemoro daten de este tiempo.


Época visigoda y musulmana

 Con la llegada de los visigodos a la península, la producción se continúa con menos organización. Con la caída del imperio romano la situación toma un matiz anárquico y esto se refleja en la producción cerámica; las piezas dejan de tener un patrón único y nos encontramos con restos cerámicos que denotan una producción artesanal descentralizada y de menor calidad.

 Con la llegada de los musulmanes, los hispanos-romanos que hasta entonces convivían con los visigodos abandonan la zona hacia el norte en busca de refugio en los castillos cristianos. Una vez finalizada la Reconquista y asentadas las fronteras, los reinos cristianos realizan una repoblación de las zonas.


Punto de encuentro entre pasado y futuro

 Una de las preguntas que asaltan a cualquier valdemoreño interesado en este tema es cuál va a ser el futuro de este conjunto de yacimientos. Como ya adelantábamos al comienzo del reportaje, la zona es objeto de una ampliación urbanística del polígono industrial Valmor. Es aquí donde surge una paradójica relación entre urbanismo y conservación.

 El urbanismo puede ser un factor que ponga en riesgo la integridad de los restos; la escueta información que se tiene sobre el terreno hace pensar que una parte de los restos arqueológicos del municipio ha desaparecido fruto de la actividad urbanística y de su proximidad con el núcleo urbano que hoy conocemos. Por el contrario, debemos reconocer que toda la información que tenemos acerca de estos yacimientos proviene de la excavación y estudio privados, que tienen como objetivo la valoración de la zona para una posterior construcción.

 Hasta el momento tan solo manejamos los datos que nos ha arrojado la excavación de entre un 5 % y 10 % de la superficie total, en cuanto al yacimiento de la ermita de Santiago se refiere. Una tasa tan baja de excavación nos hace pensar que aún queda mucho por descubrir de esta zona y que esa labor será tarea de futuros arqueólogos. Mientras que ese día llega, la ciudadanía, y en concreto las instituciones políticas y administrativas, deben ser los órganos que garanticen la integridad de los yacimientos y la conservación del paisaje con el fin de armonizar la actividad de nuestros días con el entorno en el que se han desarrollado más de catorce siglos de historia continuada.





Fuente:larevistadevaldemoro.com

Aulas y raíces educativas


1880 Clase de niñas junto a su maestra de la Fundación Conde de Lerena.

El documento más antiguo correspondiente a la enseñanza en el municipio de Valdemoro se remonta a 1572 y refiere el pago del salario del maestro de niños, Agustín Pérez, estipulado en 4.000 reales anuales, a cargo del presupuesto anual de gastos del concejo. Desde entonces se conservan diferentes testimonios escritos generados por la gestión municipal en materia educativa que permiten trazar un panorama bastante aproximado de cómo han ido evolucionando las escuelas, alumnado y personal docente en el municipio.

1900  Grupo de colegiales del colegio de huérfanos “Duque de Ahumada”

1900 Escuela de párvulas dirigida por las Hijas de la Caridad.

1900 Escuela de párvulas dirigida por las Hijas de la Caridad.

1920  Clase de bordado en el colegio Marqués de Vallejo.

 A la contabilidad de los colegios, inventarios de efectos, memorias anuales de maestros, programas de instrucción, programas de exámenes y registros de niños y niñas, entre otros tipos documentales, se ha ido añadiendo una interesante colección fotográfica que, sin duda alguna, enriquece la visión de la población escolar entre 1880 y los años 70 del pasado siglo XX.



1920  Clase de bordado en el colegio Marqués de Vallejo.

1920 Clase de mecanografía en el colegio Marqués de Vallejo.
1920 Huérfanas del Juncarejo.

Donaciones particulares y de instituciones como el colegio Marqués de Vallejo o el de guardias jóvenes Duque de Ahumada muestran las materias impartidas en sus dependencias.
Los alumnos y alumnas de las Hijas de la Caridad, en las primeras décadas del siglo XX, el grupo de adolescentes que recibían lecciones particulares del maestro don Primitivo, las clases de gimnasia en el antiguo Grupo Escolar Cristo de la Salud o los retratos de escolares que, año tras año, inmortalizaba un fotógrafo profesional con el fondo del mapa de España y el globo terráqueo son imágenes que evocan un pasado donde se fueron cimentando las raíces educativas que acompañarían durante toda la vida a los que en ellas aparecen.



Grupo de colegiales del curso académico 1925-1926.

1926 Grupo de escolares con su maestra Sor Leona.

1926 Grupo de escolares con su maestra Sor Leona.

1932  Grupo de alumnos del colegio de las Hijas de la Caridad.

Seguramente para todos ellos rememoran una época que quedó marcada de modo indeleble en sus vidas porque la escuela representaba uno de los primeros contactos con el mundo exterior, fuera del cobijo familiar. Quizá también muchos encontraran en ella a sus primeros amigos y algunos de ellos les habrán acompañado durante buena parte de su existencia posterior.

1954  Grupo de alumnas en una fiesta en el colegio San José de las Hijas de la Caridad

1955  Grupo de alumnos del colegio San Ignacio junto al maestro Primitivo Moreno.

1958  Grupo de alumnos del colegio San Ignacia junto al maestro Primitivo Moreno.

1959  Alumnos del Aulario Cristo de la Salud con su maestro

1959  Clase de gimnasia en el patio del antiguo Aulario Cristo de la Salud.

1959-60  Alumnos del Aulario Cristo de la Salud




Fuente: valdemoro.es
Música: “Nocturno” - Slavko Fumić

Fiestas Santísimo Cristo de la Salud




Se celebran el primer domingo de mayo después del Día de la Cruz.

1915 - Procesión del Cristo saliendo de la iglesia del convento.

Las primeras fiestas patronales que se celebran en la Villa de Valdemoro son en honor del Cristo de la Salud. Antiguos cronistas remontaron su origen al siglo XV pero hasta 1650 los miembros de la cofradía destinada a su culto no solicitaron al Arzobispado de Toledo el permiso correspondiente para dedicar una fiesta anual a su patrón.

 En 1721 se aprobaron las ordenanzas de la actual cofradía con el propósito de honrar la imagen del Santo Cristo el primer domingo de mayo después de la Cruz y asistir en enfermedades, entierros y todo tipo de necesidades a sus cofrades. La cofradía estaría compuesta por doce sacerdotes y un número indeterminado de seglares, que se iría incrementando a través del tiempo.


 Poco a poco se fueron añadiendo elementos profanos a los actos religiosos que habían protagonizado la festividad en sus comienzos. Junto a la procesión de la imagen que recorría las calles principales entre la Ermita y la Parroquia, sermones y misereres, iban apareciendo otros componentes paganos para engrandecer y popularizar la fiesta. De igual forma que en las cofradías del Rosario, San José y Sacramental, fueron los juegos de cañas y de toros los primeros en formar parte de los regocijos.


 En la segunda mitad del siglo XVIII nuevas diversiones serían incorporadas: los bailes. Danzas de gitanas, de negros y de cintas contribuyeron a dar colorido a los fastos y mermaron en cierta medida el presupuesto para organizarlos, pues solamente el alquiler de los trajes para los danzantes ocasionó un gasto de 20 reales en 1760.


 A finales del siglo XIX con la instalación de la luz eléctrica en Valdemoro, en 1898, la procesión y las actividades programadas en torno a ella adquirieron una mayor brillantez pues todo el recorrido fue iluminado por el nuevo invento de las lámparas incandescentes.


 Más tarde, en los primeros años del XX, serían las comedias las que se integraran entre las diversiones preparadas para el mes de mayo. Conocidas obras del momento como La casa de Quirós, de Carlos Arniches, El sexo débil, de Antonio Ramos, Lluvia de hijos, de Federico Reparaz y La real gana, de Ramos Martín, fueron representadas con gran éxito en el teatro municipal de la Calle Grande (actual Estrella de Elola) durante las fiestas del año 1916, a cargo de la famosa compañía teatral madrileña Delgado y Novillo.


 Pólvora, luminarias, enramadas y la intención de los vecinos de que su pueblo luciera radiante mediante el encalado de casas y arreglo de calles contribuyó en buena medida a que estos festejos valdemoreños se reconocieran más allá de la comarca a través del tiempo. En definitiva, son más de trescientos cincuenta años de una tradición que cada principios del mes mayo aglutina a la población valdemoreña en la conmemoración del Cristo de la Salud.










Fuente de texto: valdemoro.es