Monasterio de Clarisas de la Encarnación


También llamado Convento de Santa Clara, es uno de los edificios históricos más emblemáticos de la localidad y ejemplo destacable del barroco en la región de Madrid.

Ubicado en la Plaza de las Monjas, nº 2, su construcción se la debemos don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma, valido de Felipe III y señor de la Villa de Valdemoro de 1602 a 1625. Poderosísimo favorito del monarca, ideó el convento para trasladar allí a las mujeres de su linaje que decidieran profesar votos. El duque tuvo la idea porque el monasterio de las Descalzas Reales se hallaba ocupado casi al completo por religiosas directamente emparentadas con la realeza, dejando sin hueco a las hijas de la nobleza.

Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma

Tras redactar las condiciones de la obra, en el año 1609 recabó las licencias necesarias para erigir el convento en la villa de Valdemoro y dar cobijo en él a cuatro hermanas del Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid. Con la aportación de los vecinos de la villa (Los vecinos se comprometieron a carrear toda la leña que Felipe III donara de limosna al monasterio; a sacar y llevar a pie de obra 15.000 carros de piedra de mampostería, 400.000 ladrillos, 64.000 tejas y 18.000 fanegas de cal) y del señor Duque, el día 19 de mayo de 1616, sólo tres años después de su inicio, se inauguró el convento.


Ese día, se trasladaron allí las monjas que, hasta ese momento, se alojaban en el hospital de San Andrés. La primera abadesa del monasterio fue sor Ana de Víctor, sobrina del duque de Lerma.

Debió ser un gran acontecimiento, pues el traslado que inauguró el nuevo cenobio (1) se realizó por calles cubiertas de toldos y con toda ostentación de lujo o riqueza, en una procesión encabezada por el rey don Felipe III y doña Margarita de Austria, su esposa, acompañado por el duque don Francisco. La Misa Pontifical a presidió el cardenal de Toledo, don Baltasar Moscoso y Sandoval.

Juan Gómez de Mora 1586-1648

Por sus características estilísticas, se atribuye el diseño de los planos del edificio al arquitecto Juan Gómez de Mora, autor de proyectos tan conocidos como la Casa de la Villa y la cárcel de la Corte madrileñas. Lo que sí se sabe con bastante certeza es que, en su construcción, participaron Pedro de Lizargárate, aparejador que trabajó de maestro de cantería con Francisco de Mora en Madrid y con Juan Gómez de Mora en El Escorial, y fray Alberto de la Madre de Dios, reconocido como uno de los arquitectos religiosos más importantes del siglo XVII y muy vinculado a las obras impulsadas por el duque de Lerma.

Pedro de Lizargarate

El edificio se distribuye en torno a un claustro central cuadrado. Posee varios cuerpos edificados y engarzados, rematados con una espadaña, más claustro, fuentes y jardincillos; muestra asimismo un espacioso huerto con más de 200 árboles.


El huerto del convento, se surtía gracias a un manantial que se encontraba en el paraje de la Fuente Vieja (actual calle Illescas). Estuvo en funcionamiento hasta mediados de la década de los 80 del siglo pasado, cuando la proliferación de construcciones de viviendas sobre acuífero lo agotó. La falta de agua, junto a la jubilación del hortelano, provocó el abandono de la huerta.

Los materiales de las fachadas son los típicos de las construcciones toledanas formadas por cajones de mampostería asentadas entre franjas horizontales de ladrillo. La entrada principal se sitúa en la fachada meridional del edificio, se corresponde con el lado de la Epístola de la iglesia y tiene como eje la elegante portada de entrada. Portada de caliza de estilo barroco rematada con la escultura de Santa Clara , flanqueada por dos pétreos escudos nobiliarios: el del linaje de la Casa de la Cerda, herederos de Alfonso X y el blasón del ducado de Lerma.


Catalina de la Cerda, esposa del Duque de Lerma (1602)

La iglesia constituye el elemento más interesante del conjunto arquitectónico; aparece integrada en el ala norte del edificio monacal, su planta es de cruz latina con una sola nave, cúpula sobre el crucero y coro alto a los pies con reja de clausura. La nave se cubre con bóveda de cañón dividida en tres tramos mediante arcos fajones sustentados por pilastras con capiteles arquitrabados.


En su copioso archivo conventual duerme buena parte de la vida civil y económica de la cerealera villa de Valdemoro.

Libros de cuentas del Archivo del Monasterio

Noticias de la fundación del convento - Archivo del Monasterio

El convento alberga distintas obras de arte pictórico e imaginero, aunque la mayoría de autor desconocido.

La Transfiguración de San Antonio - (1690) Cano de Arevalo

La Virgen leyendo - Autor desconocido

Pentecostés - Autor desconocido

San Antonio de Pádua - Autor desconocido

La Piedad - Autor desconocido

Cristo arrodillado en la cruz - Autor desconocido

Cristo sostenido por un ángel. - Autor desconocido

El Monasterio ha sufrido todos los avatares históricos con sus épocas de bonanza y de despojos.

Sufrió durante la Guerra de Independencia contra los franceses en 1808.  La iglesia, sacristía y convento fueron enteramente saqueados. En el archivo municipal de Chinchón consta la orden de supresión del convento decretada por José I en 1809 y la posterior incorporación de las monjas al monasterio de las clarisas de dicho municipio.

En la guerra civil, (1936-1939), de igual forma, debieron exclaustrarse precipitadamente con motivo de la ocupación del edificio. El frente de batalla se desplegó por las inmediaciones de Valdemoro y un proyectil de obús cayó sobre la cubierta del templo destruyendo parcialmente la iglesia, si bien el retablo, permaneció intacto. Los daños causados, obligaron a una primera restauración en el año 1941.

Gracias a otra restauración realizada en los años 70 del siglo XX y a la que se ha realizado en los últimos años, el conjunto formado por el templo de la Encarnación y las dependencias del monasterio anejo de las Clarisas, es uno de los mejor conservados de la Comunidad de Madrid.

Se sabe que la iglesia contó con tres retablos de gran calidad, realizados al finalizar las obras, de los que actualmente sólo se conserva el retablo mayor, dedicado a la Encarnación, que cuenta todavía con dos lienzos de gran tamaño y cierto mérito artístico: La Encarnación, en la parte central, y El Calvario, en el ático; ambos atribuidos a la escuela madrileña del primer tercio del siglo XVII.

Retablo Mayor de la Iglesia

La Encarnación

El Calvario

En el año 2000, a iniciativa del Obispo de Getafe, Monseñor Francisco José Pérez Fernández-Golfín, preocupado por el estado de abandono y envejecimiento de la comunidad religiosa, se inicia el estudio de rehabilitación del convento, evitando que el monasterio se cerrase por falta de monjas —quedaban cuatro monjas— al lograr que vinieran a vivir en él hermanas clarisas de otros monasterios (comunidad de clarisas franciscanas que moraba en Soria). Con ello dio comienzo a una nueva etapa de florecimiento.

El monasterio femenino es habitado hoy por 16 hermanas, consagrando su vida en el silencio y la clausura. La apertura al público de nuevas áreas del convento requiere autorización papal, pero mantienen abierta, día y noche la iglesia conventual, convertida en capilla de Adoración.





Aquel 19 de mayo de 1616, fue uno de esos días que quedan marcados en la historia de cualquier población y, por ello, en 2016, se aprovechó el cumplimiento del cuarto centenario del convento para, por un lado, elevarlo a la categoría de Bien de Interés Cultural y, por otro, conmemorar la serena presencia de este lugar de recogimiento monacal a lo largo de la historia de Valdemoro, cuatro siglos en los que no ha sido ajeno, ni a la vida cotidiana del vecindario, ni a los acontecimientos más traumáticos de la historia de España.


El Convento de clausura de las Clarisas de Valdemoro es actualmente una isla del pasado en este ya siglo XXI, y todavía, sus tapias y construcciones, delimitan una extensión de casi cuatro hectáreas en el centro de la ciudad, un remanso que nos invita a la serena contemplación de la historia.






(1) Cenobio: Casa o lugar, generalmente alejados de una población, donde viven en comunidad y retiro los monjes o monjas.