Cerro del Telégrafo


El telégrafo óptico tuvo un desarrollo tardío en España, de forma que se instaló a mediados del siglo XIX. Las turbulencias, el estado de guerra civil casi permanente y el bandolerismo endémico llevaron a que las estaciones repetidoras estuviesen fortificadas, siendo en realidad pequeños fortines. La de Valdemoro es la estación nº 3 de la línea Madrid-Cádiz, que funcionó entre 1848 y 1857. Los restos están bastante perdidos, y el cerro presenta una densa fortificación de la guerra civil, que puede haber contribuido a su deterioro.

Torre de Telegrafía Óptica de Valdemoro 

Aunque restan un montón de escombros del derrumbe de la obra, se conoce su original planta cuadrada y alzado iguales a las otras construidas.


El principal impulsor de la telegrafía óptica en España fue José María Mathé Aragua. Nacido en San Sebastián en 1800, ingresó en el Cuerpo de Ingenieros de la Armada, y aunque sirvió como oficial de Marina, en 1844 era Brigadier de Caballería y Coronel de Estado Mayor. Ese año, Mathé decidió presentarse al concurso que establecía la creación del servicio telegráfico, con un sistema que superaba en mucho al de sus competidores en rapidez y visibilidad.



En realidad el nombre propio de este enclave era CERRO DE LA CABEZA DEL ARENAL, (emplazamiento concreto: Cerro Testigo), pero terminó conociéndose como del Telégrafo, por haberse usado para este menester desde que se empezó a aplicar la telegrafía digital en España, mucho antes de que se inventara el telégrafo eléctrico.

Latitud: 40º 12' 48" n
Longitud: 3º 39' 05" w
Altitud: 678 m

Este cerro también fue protagonista durante la guerra civil española, ya que formó parte de la línea defensiva durante la Batalla del Jarama, y estuvo atrincherado, de lo que todavía se conservan algunos restos. Actualmente solo hay construido sobre el cerro un vértice geodésico.

Vértice geodésico del Cerro del Telégrafo

Como todos sabemos, el telégrafo es un aparato para escribir a grandes distancias. Y básicamente el telégrafo digital u óptico era un utensilio diseñado para ser visto a gran distancia. Colocando torres en las cotas más altas de los cerros, podía conseguirse que cada torre repitiese el mensaje de la anterior, propagándose visualmente y recorriendo grandes distancias en un tiempo muy inferior al requerido por un mensajero a caballo.

Agustín de Betancourt y Molina

En España, Agustín de Betancourt y Molina obtiene de Carlos IV una Real Orden (RO de 17-2-1799) por la cual se aprueba el proyecto de instalación de la telegrafía óptica en España. La primera línea proyectada era Madrid-Cádiz, con unas 60 ó 70 estaciones, dotada con un millón y medio de reales y dirigida por el propio Betancourt. No obstante, de toda esta línea en principio sólo se construyó el tramo Madrid-Aranjuez, el cual comienza a ser operativo a partir de agosto de 1800.

Posteriormente se fueron construyendo nuevas torres, hasta llegar a Cádiz en 1851. Aunque su vida fue muy corta, ya que fueron sustituidos progresivamente por los postes de los telégrafos eléctricos, hasta que en agosto de 1868 se dispuso la enajenación total de los mismos.

Las torres que al principio operaban eran:

1ª.- Convento de la Trinidad Calzada en Madrid.
2ª.- Ermita del Cerro de los Ángeles.
3ª.- Cerro de la Cabeza del Arenal en Valdemoro.
4ª.- Alto de la cuesta de la Reina en Seseña.
5ª.- Cerro de Valdelascasas en Aranjuez.







La evolución económica de Valdemoro (ss XVIII - XX)


Pedro López de Lerena Cuenca

Conde de Campomanes

Durante el setecientos, con el fin de paliar la precaria situación, fue beneficiario de dos grandes proyectos industriales: uno en 1712, mediante la fundación de una fábrica de tejidos por un prócer de la localidad, D. José Aguado Correa, y otro en 1785, gracias al empeño de D. Pedro López de Lerena, ministro de Hacienda y natural de Valdemoro, consistente en revitalizar la antigua fábrica de Correa por medio de la Compañía de Lonjistas de Madrid. Lerena había promovido esta empresa motivado quizá por las doctrinas de su contemporáneo, el Conde de Campomanes, defensor a ultranza del restablecimiento industrial de los pueblos y apesadumbrado por la decadencia financiera de sus paisanos, dedicados únicamente a las escasas e improductivas labores agrarias.

Carlos III

Merced a las Reales Cédulas emitidas por Carlos III, el 20 de diciembre de 1785 y el 11 de septiembre de 1787, se puso en marcha una nueva industria textil especializada en la fabricación de medias, gorros, guantes, cintería y listonería. La manufactura recibió un gran impulso en el comienzo, sus instalaciones demandaban mano de obra artesana al menos en veinte pueblos de los alrededores, además, contaba con almacenes asociados en Madrid, Medina de Rioseco, La Coruña, Aranjuez, Toledo, Sevilla y Cádiz. Mas, pese a los esfuerzos del ministerio en conseguir el beneplácito real y de la importante inversión realizada por la Compañía de Lonjistas materializada en la compra de utensilios valorados en tres millones de reales, no se obtuvo el resultado esperado y la economía local fue cayendo en un declive cada vez más acusado.

Los desastres de la guerra de Goya

La primera contienda bélica contemporánea, la Guerra de la Independencia, ocasionó una gran ruina en la localidad, tanto a nivel material como de bajas humanas. Las cifras demográficas más cercanas al conflicto que se pueden consultar indican una ligera variación en el número de habitantes, teniendo en cuenta la distancia de ambas con los puntos álgidos del enfrentamiento: el censo de Floridablanca, efectuado en 1786, cifra la población valdemoreña en 1.984 habitantes, años después de finalizar la invasión francesa, en 1828, se podían contabilizar 1.826 residentes. El debilitamiento económico generalizado, junto a los desastres de la posguerra, serían causas suficientes para ralentizar el proceso de recuperación.

Plano del núcleo urbano de Valdemoro 1890

El municipio de Valdemoro llegaba al siglo XIX inmerso en una profunda crisis económica que venía padeciendo ya desde la segunda mitad de la centuria anterior. Su economía se había basado, durante todo el Antiguo Régimen, en la producción agraria, extenuada a finales de la Edad Moderna debido a la falta de inversiones y al agotamiento de los terrenos. Unido al cultivo de cereales, vid y olivo se situaban las pequeñas explotaciones de yeso, de rendimiento variable.

Los fracasos empresariales del siglo XVIII dieron paso, en el XIX, a nuevos intentos de pequeños empresarios encaminados a establecer industrias de diverso tipo, con el propósito de contribuir a paliar la baja productividad obtenida en las explotaciones agropecuarias. Fábricas de jabón y lejía, de yeso mate (usado por los doradores), de cal o de cordelerías (aprovechando la materia prima del esparto, de gran abundancia en el término municipal), ayudaron a mejorar, en cierta medida, el precario nivel de vida de la población.

Javier de Burgos

Fernando VII

Con la ordenación territorial llevada a cabo por Javier de Burgos por mandato de Fernando VII, Valdemoro pasaba a formar parte de la recién creada provincia de Madrid en 1822. Los nuevos planteamientos políticos no repercutieron de forma proporcional a la mejora socio-económica y son continuas las peticiones a la Diputación Provincial en demanda de ayuda financiera. Los Libros de Acuerdos concejiles refieren de modo incesante solicitudes monetarias a fin de costear diferentes obras de interés público por no tener el consistorio recursos para ello, igualmente aparecen con cierta frecuencia alusiones al déficit constante del presupuesto municipal. Circunstancia que se veía agravada por las distintas epidemias de cólera producidas en la primera mitad del siglo, siendo de mayor virulencia la de 1834 y la de 1855, ésta última afectó al 16% de la población y provocó la muerte de 152 personas.

Estación de tren - Alzado principal edificio de viajeros 1926

La llegada del ferrocarril en 1851, en contra de un posible avance para el pueblo, como sucedió en otros lugares, no supuso sino una fuente añadida de conflictos con sus habitantes, motivo por el cual su desarrollo urbano se expandió en sentido contrario al camino de hierro, hacia el oeste del término municipal.
V. López y López de Lerena, A. de la Calle Hernández y R. Baíllo, cronistas que escribieron sobre Valdemoro en el último cuarto del siglo XIX, se hicieron eco del efecto negativo que significó el trazado ferroviario entre los pobladores:

“La población en general ha perdido mucho en su riqueza por falta del uso de la carretera de Valencia y Andalucía, consistiendo ésta sólo en sus cereales, viñas y olivares … con la proximidad del ferrocarril, hace que aún sea asiento y descanso de esclarecidos literatos y poetas (Sres. Larra, Zumel, Bretón de los Herreros, Nandin, Cánovas, Frau y otros personajes), de rectos magistrados, de consejeros entendidos y de hombres políticos y financieros…”
V.LÓPEZ Y LÓPEZ DE LERENA: Historia de la villa de Valdemoro, Madrid, 1875, pp. 36 y 37.

“Cuando iba en tendencia de levantar su riqueza con la ventajosa salida que proporcionaba a sus cereales y otros artículos de general consumo, el uso de la carretera de Andalucía y Valencia, vino el ferrocarril a matar su esperanza y a reducir esta riqueza casi exclusivamente a los rendimientos de sus cereales, viñas y olivares”
A. de la CALLE HERNÁDEZ: Op. cit., p. 16.

“La carretera general de Andalucía, que se construyó en tiempos de Carlos III, ha dado a Valdemoro mucha riqueza con la fácil salida de granos y el producto que diariamente se dejaba en sus paradores y posadas, donde diariamente pernoctaban infinidad de transeúntes y trajineros … el ferrocarril, en cambio, mató todas sus ilusiones, razón por la cual no es extraño que los valdemoreños fuesen tan refractarios a su instalación, y que se opusieran (¡triste error!) a que pasase más cerca del pueblo según el primer trazado. Es lo cierto que, desde que se puso en explotación la vía férrea, ha venido acentuándose en notable decadencia la villa de Valdemoro”
RAMÓN BAÍLLO.: Valdemoro, Madrid, 1891, p. 45.

Desde el mismo momento en que se iniciaron los trabajos preliminares, empezaron los problemas con agricultores y ganaderos por el perjuicio que representaba para ellos el paso de la vía por sus tierras. Perjuicio que se traducía en la imposibilidad de atravesarla para realizar sus labores al otro lado de la misma, así como la dificultad del tránsito pecuario que también sufría las molestias del ruido del tren.

 Las fuentes documentales relacionadas con el impacto del ferrocarril, conservadas en el Archivo Ferroviario, son abundantes y muestran multitud de altercados, latentes hasta bien avanzado el siglo XIX, disputas protagonizadas por los sectores económicos más afectados. Por un lado, aquellos que vivían de la agricultura y, por otro, los posaderos y mesoneros cuyos negocios se distribuían en los márgenes de la carretera de Andalucía y, como consecuencia del paso del tren por el término, vieron mermados considerablemente sus ingresos.

Sin embargo, no todo fueron inconvenientes, ya que el trazado de la vía muy pronto sería aprovechado por ciertos estratos de la sociedad en beneficio propio. Unos mediante la compra de grandes fincas de recreo situadas a ambos lados del camino hacia la estación y que, por consiguiente, les otorgaba un lugar privilegiado de esparcimiento, cercano a un medio de transporte rápido para sus frecuentes viajes a la capital. Otros, gracias al establecimiento de fábricas y negocios diversos, en terrenos inmediatos a las instalaciones ferroviarias, conseguían que sus productos tuvieran una distribución al exterior fácil y cómoda, con el consiguiente aumento de ganancias.

Una vez examinados los documentos, podemos constatar la puesta en funcionamiento de importantes empresas dedicadas a la extracción de piedra de yeso, tejares, bodegones y aparcamiento de tartanas destinadas a los viajeros, kioskos de refrescos, etc., muestras indudables del cambio experimentado por la población de Valdemoro a medida que el ingenio del ferrocarril fue confirmando su utilidad, hasta el punto de convertirse en un medio de transporte indispensable para los valdemoreños y así se comprueba en los libros de acuerdos concejiles correspondientes a las primeras décadas del siglo XX.

Vista aérea 1961

El emplazamiento de una gran factoría de productos asfálticos en una vasta extensión de superficie anexa al tendido férreo durante la década de los 60 ratificaba la creciente necesidad que tenían muchas empresas de contar con un medio de transporte para sus productos cercano, barato y ligero.

Pese a la progresiva transformación de mentalidad apreciada en los habitantes de la villa, la lejanía de la estación respecto al casco urbano (un kilómetro) y el impedimento que suponía atravesar la carretera nacional de Andalucía, eje vertebral del caserío, representaron obstáculos insalvables en el asentamiento de nuevos barrios cercanos al ferrocarril. Entre los años 40 y 50 se empieza a apreciar un ligero aumento demográfico, la lenta recuperación de la guerra civil y el establecimiento de las primeras manufacturas de muebles en el municipio hacen inevitable la construcción de viviendas para los recién llegados.

Es entonces cuando el Instituto Nacional de la Vivienda presenta un proyecto destinado a construir treinta y tres viviendas unifamiliares, en el camino de la Estación (sobre la Colonia, "Hermanos Miralles, queda pendiente un futuro y particular capítulo en este blog). Este proyecto,  que resulta novedoso pues hasta ahora se había desestimado la idea de residencia permanente en la zona. Mientras en el centro, norte y oeste de la población se iban edificando nuevos inmuebles de tipo colectivo, será el lustro de 1970 a 1975 el momento de renovado interés a cargo de promotoras inmobiliarias en los terrenos próximos a las vías del tren.

Núcleo urbano 1975

Edificio de telefónica años 70

Fábrica de Composan años 70





Fuente:
María Jesús López Portero - Archivera Municipal de Valdemoro
La estación de Valdemoro en el trazado de Madrid-Aranjuez - Fuentes documentales para la Historia ferroviaria

Pozos de Nieve


Imagen de la calle Pozo Chico desde su confluencia con Alarcón, Nicasio Fraile y Tirso de Molina, espacio conocido popularmente como “Las cuatro esquinas". Años cincuenta del siglo XX 

Los pozos de nieve desempeñaron un papel esencial en la sociedad y la economía no sólo de Valdemoro, sino de toda España, entre los siglos XVII y XVIII. Eran un negocio floreciente que reportaba beneficios a las arcas municipales y también a la Real Hacienda, en unos tiempos en los que la nieve y el hielo constituían el único medio posible para conservar y mantener fríos los alimentos.

Hoy día, la calle Pozo Chico es un topónimo que podría remitir a la existencia de un nevero en esa zona del muni­cipio. Hasta tres llegó a tener Valdemoro, dos de ellos regentados por la cofradía de la Minerva y el tercero por el cabildo de San Pedro.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento. El Coronel Aureliano Buendía recordaba aquella tarde remota en la que su padre le llevó a conocer el hielo”
Cien años de soledad - Gabriel García Márquez 

Se descubrieron sus posi­bilidades terapéuticas en hemorragias, inflamaciones y dolores y la utilidad del frío natural para la conserva­ción de los alimentos y para hacer más llevaderos los rigores estivales. Factores decisivos todos ellos que con­virtieron a la nieve y el hielo en artículos de primera necesidad, casi equiparables al pan.

Con el tiempo su uso se fue extendiendo y dejó de ser una mercadería exclusiva de las clases altas para popu­larizarse. La demanda se incrementó de forma espectacular. Fue entonces cuando el agua congelada pasó a ser sinónimo de bienestar y, claro, objeto de intercambio mercantil sobre el que recaía una elevada presión fiscal y un control exhaustivo de su comercio por parte de las autoridades.

En Madrid y su entorno y también en la Corona de Castilla fue un avispado catalán, Pablo Xarquíes, el que consiguió el permiso del monarca Felipe III, a través de un privilegio real de 1607, para explotar en exclusiva el comercio del hielo y la nieve. Xarquies se hizo así con el monopolio del frío.

Era el punto de partida para que lo que empezó siendo una modesta empresa familiar establecida en la entonces denominada calle Alta de Fuencarral en Madrid, se transformara pronto en todo un emporio con 'franquicias" en un buen número de municipios madrileños y castellanos. Era la Casa Arbitrio de la nieve y el Hielo de Madrid y el Reino, que estuvo ope­rativa entre 1607 y 1863. 

Una de sus delegaciones estuvo en Valdemoro. Xarquíes cedía sus derechos monopolísticos mediante una licencia de arrendamiento que, en el caso de Valdemoro adquirió la cofradía de la Minerva, con sede en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Así entraron en funcionamiento el pozo grande y el chico.


Años después fue el cabildo de San Pedro, también establecido en la iglesia parroquial, quien decidió hacer la competencia a la hermandad de la Minerva.

Tanto ésta como el hielo tenían un precio similar que osciló entre los 12 y los 18 maravedíes la libra, aunque en tiempos de escasez llegó a alcanzar los 24 maravedíes.

Claro que no todo eran beneficios. El manteni­miento de los almacenes de hielo y nieve requería de atención constante para garantizar la conservación del agua helada y evitar las pérdidas que ocasionaba su derretimiento. Los libros de cuentas de la cofra­día de la Minerva, que custodia el Archivo Parroquial de Valdemoro, reflejan claramente ganancias y gastos de mantenimiento entre los que -amén de los 330 reales por año que abonaban al titular del privilegio de explotación- se contaban las obras de acondicionamiento constantes.

Catastro de Ensenada 1753, 
menciona la existencia de un pozo de nieve.

Las inmediaciones de Somosierra, Navacerrada, Peñalara, los ventisqueros de Colmenar Viejo y espe­cialmente la casa-solar que Xarquíes poseía en el con­cejo de Chozas (hoy Soto del Real) fueron los princi­pales puntos de aprovisionamiento de hielo y nieve.

Las expediciones desde estas localidades para hacer llegar a la capital cantidades ingentes de producto eran frecuentes y se realizaban con periodicidad diaria a eso de las seis de la mañana.

La época de trabajo más duro comenzaba a finales del invierno o en los albores de la primavera. Era entonces cuando las cuadrillas de hombres que ejer­cían el oficio de neveros recogían en capazos las nie­ves tardías, las más resistentes, y las llevaban a los depósitos en serones especiales donde se las aislaba con paja. El transporte se efectuaba en carros tirados por cuatro mulas en horario nocturno para evitar que las altas temperaturas diurnas transformaran el hielo en agua. Los viajes de nieve eran, en definitiva, toda una heroicidad que se pagaba a 11 reales la carga.

La Casa Arbitrio de la calle Alta de Fuencarral era el almacén central de abastecimiento del imperio del frío montado por Xarquíes y de allí se distribuía a los pue­blos de los alrededores de Madrid, Valdemoro incluido, donde se ponía a la venta en tabernas, abacerías y alo­jerías (establecimientos en los que se comercializaba la aloja, una bebida refrescante elaborada a base de agua miel, canela y otras especias que cada alojero mezclaba a conveniencia).

Sección y planta de un pozo de nieve

Los pozos eran unas construcciones generalmente de planta circular, constaban de una profunda cavidad en el suelo que era la que hacía las veces de almacén, sobre la que se levantaba una bóveda de no demasiada altura construida con piedras, que tenía por objetivo proteger la nieve y el hielo de los nocivos efectos de la luz solar. El acceso de los operarios a esta cripta abovedada se realizaba por una pequeña puerta, mientras que el agua de deshielo salía a través de un desaguadero abierto en la parte interior. Su capacidad de almacenaje oscilaba entre las .000 y las 10.000 arrobas (92.016 y 115.020 kilos)

Tanto la nieve como el hielo se depositaban juntos en la parte subterránea del pozo, separados por capas de paja y cubiertos con sal y, a veces, con estiércol que actuaban como aislantes naturales.

Guando llegaba el verano, cada pozo tenía un respon­sable cuya misión era vigilarlos y vender, siempre des­pués del crepúsculo, el nielo al por mayor a botilleros o abaceros que luego eran los encargados del comercio detallista de agua helada.

Dibujo de los pozos de nieve del Real Sitio de Aranjuez

el pozo grande y el chico

Por lo que se refiere a Valdemoro, con los dos neve­ros con que contó primero y el que luego puso en mar­cha el cabildo de San Pedro estaba bien servido.

Si bien se desconoce la ubicación de todos ellos, pudiera ser que al menos uno de la cofradía de la Minerva, el que aparece en las cuentas de la hermandad con el nombre de "pozo chico", se levantara en la calle del mismo nombre. De hecho, esa vía se llamó por un tiempo Pozo Chico de la Nieve.

El pozo grande fue el primero en construirse (1668) aunque para sufragar las obras, la cofradía hubo de empeñarse con un censo o préstamo por el que debía abonar 150 reales de vellón anuales, en calidad de rédi­tos, al convento de las Descalzas Reales de Madrid.

Sin embargo, el pozo chico -ubicado en un extremo del pueblo próximo al camino real, se compró ya construido, un año después, por 1.325 reales.


No es, sin embargo, hasta 1670 cuando los cofrades tramitan la autorización para comercializar la nieve, comprometiéndose a pagar 330 reales por año durante los tres lustros por los que se les otorga la licencia.

Entre 1674 y 1680 las ventas del pozo grande pasa­ron de 14.228 reales a 22.000, mientras que las del pozo chico descendieron en 1.000 reales, de 5.800 a 4.800.

Ya en los primeros años del siglo XVIII los gestores de los pozos valdemoreños decidieron proveerse de materia prima ahorrándose los costes de transporte de la nieve desde los ventisqueros serranos o, al menos, incrementar la producción. Así fue como se habilitaron en el pueblo unas charcas o balsas para almacenar agua que se congelaba por acción de las bajas temperaturas en las noches de invierno. Según figura en las cuentas de la cofradía la inversión ascendió a 76 reales.

Los dos pozos y este nuevo recurso productor de hielo garantizaron a Valdemoro un abastecimiento de frío natural tan importante que incluso llegó a expor­tarlo a la capital.

Pero en pocos años dejaron de ser necesarias tanto las balsas como los propios pozos. El negocio, en Valdemoro, inició un declive en la década de los veinte del siglo XVIII que llevó a la desaparición de los neve­ros y de todo el entramado económico y comercial que se había desarrollado en torno a ellos.

De hecho, en el Catastro de Ensenada, de 1753, se refle­ja un único depósito de hielo y nieve en servicio: el pozo chico.




Fuente:  Libro "Edificios que son historia"- Valdemoro

"Entre Pinto y Valdemoro", el origen


El significado de la popular frase es estar indeciso, vacilante entre dos cosas u opiniones parecidas o próximas, ambigüedad, indefinición, adoptar una actitud ecléctica, es decir, ni lo uno ni lo otro. Asimismo, también se aplica al que se encuentra en estado de ebriedad, medio borracho o entre dos luces.

Pero, ¿por qué este lugar fue elegido por la tradición oral para metaforizar la indefinición o un pronóstico incierto de futuro? Hay versiones y explicaciones para todos los gustos.

Una leyenda de origen dudoso, es la responsable de la versión más extendida. Habla de una persona amante de la bebida y frecuentador de las tabernas de ambos municipios, saltando un riachuelo que marcaba la frontera entre los dos al mismo tiempo que se jaleaba a sí mismo: “¡Ahora estoy en Pinto, ahora en Valdemoro!… ¡Ahora estoy en Pinto, ahora en Valdemoro!…”, hasta que, una de esas veces, quizá con más vino encima de lo acostumbrado, se cayó en medio del arroyo, viéndose obligado a corregir su frase de ánimo: “¡Y ahora estoy entre Pinto y Valdemoro!”. Hay que decir que entre sus territorio jamás existió un riachuelo lo suficientemente caudaloso como para que ninguna persona, por muy borracha que estuviera, se cayera en él.



Pero esta misma historia, sustituyendo el arroyo por una zanja, fue contada en el periódico político satírico “GIL BLAS” de fecha 16 de febrero de1868. En “Viaje a Andalucía”, Florencio Moreno Godino recordaba la historia de la célebre zanja de esta manera:

“Como yo no sabía la historia de la zanja, supongo que tampoco la saben mis lectores.

Allá va, tal como me la contó el enano.

Al día siguiente de haber sucedido en Madrid el motín llamado de Esquilache (marzo 1766), dos de los principales amotinados, viendo fracasada su intentona, se salieron de la corte y comenzaron a vagar por los alrededores, entrando de vez en cuando en algún ventorrillo, para olvidar sus decepciones, ahogándolas en vino.

Uno de ellos era de Pinto y la querencia le atrajo hacia su pueblo. Su compañero le siguió con esa fraternidad que inspira la bebida, y ambos camaradas se hallaron, sin saber cómo ni cuándo, al lado de la zanja en cuestión.

Uno, el más bebido se sentó al borde de ella, mientras el otro, que era el natural de Pinto y que se encontraba en esa primera etapa de la chispa, en la que la lengua y el cuerpo necesitan moverse mucho, comenzó a saltar del uno al otro lado de la zanja.

Esta zanja servía de línea divisoria entre el término de Pinto y el de Valdemoro, cuya circunstancia daba lugar a que el borracho luciese las galas de su imaginación.

Daba un salto y decía:

-Ahora estoy en Pinto.

Saltaba a la parte opuesta y decía:

-Ahora estoy en Valdemoro.

Repitió los saltos y los dichos, pero en una ocasión se le fue un pie y cayó al fondo de la zanja, en donde se quedó tendido a la larga.

Entonces el compañero, que había presenciado gravemente aquellos ejercicios, le preguntó: -¿Y ahora dónde estás?

–Ahora estoy entre Pinto y Valdemoro."



Varias explicaciones aluden a la fama que tenían los vinos de los municipios de Pinto y Valdemoro. A principios del siglo XVI, hay constancia escrita de que eran muy celebrados los vinos de ambos municipios.

Otro origen etílico de la frase, relaciona como Valdemoro tenía fama de tener uno de los vinos de mayor calidad del reino. El vino pinteño, sin embargo, era inferior al valdemoreño. Por ello, se cuenta que cuando alguien tomaba un vino que no era ni bueno ni malo se decía: «Está entre Pinto y Valdemoro».

También aludiendo a la fama del vino de ambos municipios, “Vino tinto, si no hay de Valdemoro, démelo de Pinto”, es un refrán recogido por Rodríguez Marín en su “Diccionario de refranes” de 1926. Luis Martínez Kleiser en su “Refranero general ideológico español”, de 1953, comentó esta última cita diciendo que “el recuerdo de tales vinos creó la frase entre Pinto y Valdemoro, aplicada a los que se alegran con ellos”.

El hispanista L. Beinhauer afirmaba en “El español coloquial” que la frase comenzó a decirse de la persona que empieza a achisparse, en alusión figurada al que está bebiendo con cierta desmesura.



Pero parece más razonable acudir a versiones menos imaginativas; en concreto, a las que tienen por protagonistas a los reyes.

 Una de ellas es la de los reyes de la dinastía de los Austrias, quienes visitaban a menudo Valdemoro, su lugar de descanso de camino a Aranjuez. Al parecer, entre ambos pueblos había una casa con mala reputación, la cual frecuentaba uno de estos reyes de manera asidua. Así, cuando alguien preguntaba dónde estaba el monarca, se decía que estaba «entre Pinto y Valdemoro», para no aludir al lugar concreto.

Valdemoro es un antiguo feudo de los obispos de Segovia y Toledo que Felipe II adquirió para la corona, y Pinto siempre ha presumido de ser el centro geográfico de la Península Ibérica. De ahí parece derivar su antiguo nombre, Punctum.


Por su parte, el historiador local Gonzalo Arteaga sostiene en el libro "Pinto, este es mi pueblo", que el origen de la frase se remonta al siglo XIII, cuando Madrid y Segovia pugnaban por las tierras de Valdemoro y Pinto. Finalmente tuvo que intervenir el rey Fernando III, quien decidió poner fin a este enfrentamiento asignando Pinto a Madrid y Valdemoro a Segovia.

Esta separación fue llevada a cabo mediante la colocación de 42 hitos en los lindes de ambos territorios, algunos de los cuales permanecen en la actualidad.

Fernando III el Santo de Castilla, según proclama la historia, asistió a la colocación de los hitos, zanjando de esta forma una vieja disputa fronteriza entre ambos pueblos, cuyos monarcas, en sus desplazamientos de ida y vuelta a Aranjuez, solían parar a comer y a dejar que descansasen los tiros de sus carrozas en una venta que había en el punto intermedio del camino, que coincidía con el del recorrido entre Pinto y Valdemoro.


Otras fuentes afirman que el dicho procede de la época de la reconquista. Sostienen que Valdemoro es una villa de origen árabe que fue conquistada por Alfonso VI, mientras que Pinto, también de pasado musulmán, fue tomada con anterioridad. Según esta versión, el dicho habría surgido de la convivencia entre cristianos y musulmanes.


Según Andrés Marín Pérez, en “Guía de Madrid y su provincia”, de 1888, existían dos maneras de explicar el origen de la frase:

“Dícese que un día había un borracho que iba de Pinto a Valdemoro,...... (y el resto ya lo conocemos)

Otros dicen que fue originada esta frase porque los reyes tenían costumbre de ir de caza a los montes de los citados pueblos, y que en una ocasión riñeron éstos por cuál había de ser el preferido para la estancia del Monarca. Este cortó la cuestión disponiendo que le pusieran la mesa en el límite de los dos pueblos y que asistieran a la comida vecinos de ambos. Satisfecho el rey con la solución del asunto indicado, parece que bebió bastante, y su primer Ministro se permitió decirle con el debido respecto: Parece que V. M. se va poniendo entre Pinto y Valdemoro.”


Como hemos visto, no existe consenso respecto al origen de la expresión, por lo que queda en tus manos el decidir con qué versión te quedas.


Antigua Cárcel


Actualmente, el número 1 de la plaza acoge la Concejalía de Urbanismo. Antes de ello, la construcción era un conjunto de viviendas privadas que, desde el siglo XVI, fueron adquiridas por el Ayuntamiento para convertirlas en el penal de Valdemoro.

Es curioso que, en vez de buscar un lugar alejado del pueblo, la cárcel se ubicara en pleno centro de éste. La razón era que, por un lado, el traslado de presos de los juzgados al penal era más fácil, por encontrarse éstos también en la plaza; por otro lado, éstos se alimentaban de la caridad de los viandantes debido a la escasez de recursos, por lo que así el Ayuntamiento se garantizaba su manutención.

La antigua cárcel también albergó las dependencias del Consistorio desde el año 1962 hasta la construcción del edificio que sería, hasta la actualidad, el nuevo Ayuntamiento de la ciudad de Valdemoro.


El archivo municipal



Durante el reinado de los Reyes Católicos (1480) se dictaron disposiciones conducentes a la obligación que tenían los concejos de construir ayuntamiento, cárcel y archivo y pocos años después, en los albores del siglo XVI, mediante dos pragmáticas reales promulgadas en 1500 y 1501 los legisladores determinaron con exactitud tanto el sistema para el establecimiento de depósitos documentales, como las instrucciones básicas para su gestión. En definitiva, custodia, valoración de los tipos de documentos que han de guardarse en el arca de los privilegios o archivo e instrumentos de descripción adquirieron prioridad y se transmitieron a los cabildos con el propósito de preservar su patrimonio durante el Antiguo Régimen.


En los libros del concejo valdemoreño son continuas las menciones respecto a la conservación documental ya a principios del siglo XVII, en respuesta a la exigencia de organizar y resguardar los documentos municipales y a la vez atender a los requisitos decretados por los monarcas, aunque es posible la existencia de acuerdos anteriores para cumplimentar los mandatos regios. 
De 1613 datan los primeros testimonios referidos a este tema, donde hablan de recoger los papeles en el nuevo archivo, por lo que se puede presuponer uno más antiguo. Posteriormente, en julio del mismo año, decidieron salvaguardar en este lugar, reforzado con puertas de hierro para mayor seguridad, aquellos documentos más trascendentes, es decir, privilegios regios obtenidos por la Villa: el otorgamiento de feria franca (31 de enero de 1603), las exenciones del tribunal de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte (12 de octubre de 1610) y de obligación de carros de guía (22 de septiembre de 1612). 

En la segunda mitad del mismo siglo (1652) cambiaba el archivo de emplazamiento, con la propuesta de la casas del Pósito como lugar idóneo en el que custodiar el arca. Igualmente, disponían los encargados de guardar las tres llaves bajo las cuales estaría la documentación, designando a la justicia, el regidor más antiguo y el presidente del concejo, responsables de defender las señas de identidad del propio consistorio. Poco después (1658) los regidores mostraban su preocupación ante la seguridad del recinto, quizá un tanto vulnerable, ya que manifestaban gran inquietud en cuanto a la custodia.




Debido a las lagunas documentales existentes en cuanto a los Libros de Acuerdos concejiles se refiere no es posible encontrar noticias sobre el estado de conservación de la documentación municipal hasta principios del siglo XIX, cuando los regidores se lamentaban de la desaparición de gran número de documentos tras la guerra de la independencia. A finales de la centuria (1891) el alcalde daba cuenta al regimiento de las disposiciones comunicadas por el Gobernador Civil de la Provincia en cuanto al arreglo de los locales de archivo y el depósito de los documentos en él. Tan sólo un año después el presidente de la corporación volvía a mostrar su impaciencia respecto a la necesidad del arreglo del archivo, imprescindible para la buena marcha administrativa, a tenor de las quejas manifestadas por el Secretario del Ayuntamiento:

"el secretario dice que declina su responsabilidad en la tramitación de los asuntos que dependan de los documentos del archivo porque en el estado en que se haya no puede hacerlo; los señores concejales acuerdan unánimemente que en seguida se proceda al arreglo del archivo municipal, cuya necesidad hace tiempo que se viene sintiendo"

Quizá esa preocupación trascendiera a la comunidad archivística, pues antes de terminar la década el Ayuntamiento recibía una solicitud de D. Luis de la Calle Menéndez, archivero, ofreciendo sus servicios por si la corporación estimaba conveniente la organización del archivo municipal. La instancia fue derivada a la Comisión de Hacienda y Gobernación, encargada de dictar un informe al respecto. Desconocemos cómo fue resuelta la cuestión y si el escrito de Sr. De la Calle fue tenido en cuenta, pues ni del informe ni de las presuntas tareas archivísticas ha quedado ningún registro documental.


Sin embargo, a pesar del interés continuo manifestado a lo largo del Antiguo Régimen, hasta 1993 no se ha seguido un plan sistemático de clasificación y catalogación del patrimonio documental municipal.

En la actualidad, el Archivo Municipal de Valdemoro se sitúa en el sótano del Ayuntamiento. Recientemente, en el año 2016, se realizaron tareas de mantenimiento, para principalmente subsanar humedades debido a filtraciones de agua y la instalación de un sistema de tratamiento de aire para controlar la humedad y la temperatura con un nuevo sistema de ventilación.



Fuente: valdemoro.es

Club de Baloncesto Villa de Valdemoro


Los orígenes del club se remontan a los años 70, cuando Valdemoro era un municipio de apenas 6.000 habitantes. Los primeros aficionados al básquet, que jugaban contra otros pueblos cercanos o en ligas de aficionados, lo tenían difícil porque en todo el municipio solo había dos canchas, una en la Escuela Profesional y otra en un colegio religioso regentado por monjas y utilizada casi exclusivamente por niñas.

Los primeros jugadores del club se preparan para un partido. Años 70

En aquellos pioneros estaba Carlos Barajas, jugador, entrenador y director técnico, quien recuerda su marcha a Aranjuez para estudiar: “Cuando llegué al instituto Santiago Apóstol, en el año 1981, y vi un patio con canastas de baloncesto por todos los lados pensé que eso era como lo que nos habían contado de Estados Unidos, porque en Valdemoro no había absolutamente nada”.

Carlos Barajas (primero de pie por la izquierda), con el equipo que militó en Segunda Nacional.

Pero el boom de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles’84, aquellos de Corbalán, Epi, Fernando Martín… y un universitario llamado Michael Jordan, llegó hasta Valdemoro con una fuerza arrolladora. Gracias a la plata olímpica de la selección dirigida por Antonio Díaz-Miguel, se produjo una eclosión, una fiebre, sobre todo en los niños.
Esos primeros equipos jugaban en una cancha al aire libre, en el polideportivo. En la segunda mitad de la década, se construye el primer pabellón cubierto: el Paseo del Prado. De origen cuando menos curioso: “La multinacional Johnson se instala aquí y, en compensación, hace un pabellón. Sencillo, funcional, como los de los colegios, pero que fue el primer pabellón cubierto del club”.

Y en ese modesto escenario, el Villa de Valdemoro comienza su irresistible ascenso. El equipo bandera del club, el senior, era un conjunto de barrio, con cuatro chavales del pueblo. Entonces llegó Ángel Martín, el entrenador que en siete años llegamos a la élite del baloncesto madrileño. En la temporada 1992-93, llegó el primer hito deportivo en la historia del club: el ascenso a Segunda Nacional.


En la campaña 1993-94, Carlos Barajas, que dirigía el senior femenino, sustituye a Ángel Martín y se convierte en el entrenador del primer equipo masculino, un conjunto formado en gran mayoría por valdemoreños que empezaba a poner su localidad en el mapa..

Sin embargo, ese primer sueño terminó bruscamente: “En la 94-95 jugamos en Segunda Nacional con chavales de aquí, en un pabellón donde cabían cuatro gatos, pero al final de esa temporada no notificaron que no podíamos seguir”. ¿El culpable? La crisis económica de los años 90.

La fase final de Coslada en 2005. aquí llegó el ascenso a la Liga EBA

A pesar de la falta de presupuesto, de bajar todos los escalones posibles (de Segunda Nacional a Segunda Autonómica) y de la lógica marcha de los principales jugadores, los responsables del club decidieron mantener el equipo senior y empezar de cero. “Durante dos años fuimos el cuarto equipo de Madrid, solo por detrás de los ACB” “Pasamos de estar en la élite del baloncesto madrileño a jugar en los patios de los colegios a las nueve de la mañana. Seis o siete de nuestros jugadores se marcharon a otros equipos porque estaban muy cotizados. Desde otro punto de vista, venían a fichar a Valdemoro y eso nos hacía sentir orgullosos”.

Un histórico, Antonio González, y un canterano con experiencia ACB, Paco Martín, se reunieron con el equipo en EBA.

A partir de 1995 comienza la segunda etapa del Villa de Valdemoro. Como la primera, mirando hacia arriba y sin el límite de lo imposible. “Ascenso tras ascenso, en patios de colegio, con gente aficionada, con los chavales que iban saliendo de la cantera y siempre con el orgullo de llevar esta camiseta…” Los sucesivos ascensos sirvieron de reclamo y las antiguas estrellas comenzaron a llegar al rescate. “Se formó un grupo con más años pero que siempre ha sido el bastión del baloncesto en Valdemoro, la gente del pueblo que fraguó todo esto”.

Durante una década, ese equipo protagonizó una escalada sin precedentes, llegando el segundo gran hito en la historia del Villa de Valdemoro: el ascenso a la Liga EBA en la fase final de 2005, disputada en Coslada.

Durante la estancia de tres temporadas en EBA se produjo el regreso del canterano Paco Martín, el jugador que, procedente de Valdemoro, ha llegado más lejos: seis temporadas en ACB (Murcia, Salamanca, Fuenlabrada y Fórum Valladolid), cinco en LEB, tres en Primera B… “Paco encabezó el proyecto de EBA y se retiró del baloncesto donde había empezado”.

Pero aún quedaba más. En 2008, un año después de que se inaugurara el pabellón Jesús España. el Valdemoro ascendió a LEB Bronce y se convirtió en el cuarto equipo de Madrid, solo tras los ACB: Real Madrid, Estudiantes y Fuenlabrada. “Seguíamos siendo un equipo de pueblo. A veces íbamos hasta con camisetas diferentes, pero el respeto era máximo. Nunca habíamos sido nada y de repente éramos la potencia del baloncesto madrileño ‘normal’, quitando a los grandes. Teníamos hasta un americano, pero manteníamos los valores de siempre. Y no solo era un fenómeno deportivo, también social. El pabellón siempre estaba lleno, era el punto de encuentro del pueblo, y la gente se marchaba de aquí impresionada. Durante dos temporadas fuimos el cuarto club de Madrid”. Dos temporadas, porque la historia se volvió a repetir. Nueva crisis económica y nuevo mazazo al club, este mortal para el conjunto senior. En la campaña 2009-10, después de disputar los playoff de ascenso a LEB Plata, el primer equipo desaparece.

Plantilla del Villa de Valdemoro en la Liga LEB Bronce. De pie: Adrián, Andrés Real, A. Williams, Roberto de la Mata y “Chusan” Domínguez. Agachados: Alberto Aspe, Carlos Arjonilla, Javi Simón, Rubén Gómez, Jorge Español y Gorka González. en Diciembre se incorporó Nacho Yañez. Cuerpo técnico: Carlos Barajas(entrenador), Pedro Fajardo(2º entrenador), Javier Fuente (Delegado) y Guillermo Ruíz(preparador físico).

Pero el boom social del baloncesto en Valdemoro, ese que surgió con los Juegos de Los Ángeles y llevó a su equipo hasta la élite nacional, se refleja en la escuela de baloncesto. Los más pequeños de la escuela aspiran a repetir los éxitos del club, chicos y chicas, una cantera interminable hay detrás.

Muestra de ello, el equipo infantil 2015 que logró el ascenso a preferente A1, la máxima categoría del baloncesto madrileño, un privilegio que le corresponde únicamente a 12 conjuntos entre los que se encuentran históricos como el Real Madrid, Estudiantes, Fuenlabrada o Canoe.


El equipo consiguió jugar el play off de octavos ante el Estudiantes A en el polideportivo Magariños y una ronda final para evitar las cuatro plazas de descenso y permancer en la división de honor. No tuvo que esperar a la última jornada, ya que en el penúltimo partido consiguieron hacer cumbre de forma matemática con una abultada victoria frente al Leganés y ante su afición en el pabellón Jesús España.


Llegada la temporada 2017-2018, el club decide alinear un equipo sub-21 y nuevamente un equipo senior para estos sirvan de faro y referencia de ilusión para l@s integrantes de todas las categorías inferiores.
Actualmente el club se desgrana en toda la diversidad de categorías en competición:
  • Senior Masculino - 2ª Div. Autonómica
  • Sub21 Masculino
  • Junior Masculino Preferente
  • Cadete Masculino Federado A
  • Cadete Masculino Federado B
  • Cadete Femenino
  • Infantil Masculino Federado
  • Preinfantil Masculino Federado
  • Preinfantil Femenino Federado
  • Alevín Masculino 2º año Federeado
  • Alevín Femenino 2º año Federeado
  • Alevín Masculino 1er año Federado
  • Benjamín Masculino Federado

Fuentes: 
cbvilladevaldemoro.com
valdemoro.es

Asociación Coral Villa de Valdemoro


Más de tres décadas poniendo voz a nuestro municipio.



En 1986, nace el grupo coral de Valdemoro gracias a la iniciativa de Pilar Soler Núñez. Esta abulense de nacimiento, pero valdemoreña de adopción, ya había formado parte de la Coral de Ávila junto a su marido Rafael Martín, Ambos se decidieron a dar el paso de conformar la primera coral de nuestro municipio.

El motivo principal, es que, en el por entonces pueblo donde apenas existían calles asfaltadas, no había ninguna propuesta musical de estas características. Gracias al apoyo del consistorio, a través de la figura de Miguel Sarmiento, se pudo materializar este deseo de aunar un grupo de personas que dieran voz musical a Valdemoro.

Ocho fueron las voces fundadoras que, bajo el amparo de la Universidad Popular, comenzaron la andadura de esta agrupación. La inexistente oferta musical local hizo que no se conociera a ningún vecino con amplios conocimientos y capacidades para la dirección, por ello se optó por elegir a Francisco Grau —director de la Banda de Música del Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada—.

La entonces denominada Coral Polifónica de Valdemoro da sus primeros pasos en el municipio participando en varios conciertos con un repertorio muy marcado por las melodías populares. En el año 1990 toma el relevo en la dirección el profesor Perfecto Varela, con quien la coral cambia ligeramente de denominación: Coro Polifónico de Valdemoro. Perfecto Varela amplió tanto la actividad cultural de la agrupación como su repertorio.


Tres años más tarde, y coincidiendo con la llegada de Alfredo Anduix Rodríguez, el grupo alcanza un punto de inflexión en su carrera al pasar a formar parte de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Guardia Civil. De esta manera se consolidaron como el grupo coral de la asociación, lo que les otorgó una dimensión mayor en sus actuaciones. La agrupación dio el salto al nivel nacional, y tuvo la oportunidad de ofrecer conciertos en sitios tan emblemáticos como la Catedral de Santiago de Compostela o la Catedral de la Almudena.

Tanto en sus primeras apariciones en Valdemoro como con su posterior salto al panorama nacional, la Coral fue aumentando sus filas. Los primeros coros no solo sirvieron para poner en marcha un grupo de voces, sino que también sirvió como reclamo para que otras personas fueran poco a poco animándose a participar. Pronto alcanzaron un número de miembros estable, que hasta hoy, se mantiene próximo a cuarenta.

La última etapa de la agrupación hasta llegar a nuestros días la han recorrido de manera independiente, conformándose como una asociación sin ánimo de lucro que se autogestiona. La colaboración con el Ayuntamiento se mantiene a través de la cesión de un espacio para los ensayos. A cambio, la coral está siempre a disposición del consistorio para colaborar en aquellos eventos en los que se le precise.

Antonio Llera, Jesús Quintanar y Gema Hidalgo fueron los directores que se sucedieron en la coral hasta llegar a Emilio José Esteve, actual director, quien ostenta el cargo desde octubre del año 2013.

Concierto Museo del Prado 2014

Hablamos de un coro mixto con integrantes que oscilan desde los dieciocho hasta más de sesenta años en el caso de los más veteranos. Realizan interpretaciones a cuatro voces distribuidas entre sopranos, contraltos, tenores y bajos.

Entre los miembros existe un claro predominio femenino con veintiuna mujeres frente a trece hombres. La agrupación también tiene la suerte de contar con voces de otros municipios vecinos como Seseña, Ciempozuelos o Pinto.

Bajo la dirección de Emilio se ha querido ofrecer un cambio de paradigma, abriendo el espectro del repertorio para abarcar desde los periodos más tempranos, como el Renacimiento, hasta la música más actual del siglo XXI. La coral trabaja repertorios que van desde Tomás Luis de Victoria hasta los más novedosos musicales de Broadway, pasando por grandes grupos de la música pop y rock.

Emilio, ilicitano de nacimiento y madrileño de adopción, llegó a la capital para completar sus estudios de música. En Madrid, Londres y Múnich, cursó los estudios de dirección, lo que le ha llevado desde 2010 a dirigir a diferentes agrupaciones hasta su llegada a Valdemoro.
Una de la las labores destacables es la adaptación del repertorio dependiendo del motivo o temática de su actuación. En el caso de la Feria Barroca, por ejemplo, cada año elaboran uno de corte exclusivo de dicha época.

Parroquia Ntra.Sra. de la Asunción - Feria Barroca

A finales del mes de agosto se realizan los primeros ensayos y la puesta a punto después del parón veraniego, para hacer frente a las primeras apariciones de cada año. Estas suelen ser la misa del Cristo de la Salud y la misa a la Virgen de Nuestra Señora del Rosario.

Desde hace aproximadamente un año, la Coral de Valdemoro mantiene una relación muy estrecha con la Coral de Pinto gracias a Emilio, quien está al frente de ambas agrupaciones. Con la localidad vecina han colaborado en proyectos como el Réquiem de Gabriel Fauré, interpretado en 2016, o el Primer Encuentro Coral entre Pinto y Valdemoro, que se celebró en 2017.


Orgullosos de Valdemoro, han actuado en su nombre en Roma, París, Lisboa, Munich, Rumanía y Praga. Destacan el encuentro coral europeo celebrado en Múnich y el viaje a Rumanía. Gracias al padre Dorin Sas, pater de la comunidad ortodoxa de Valdemoro, tuvieron la oportunidad de viajar al país balcánico, donde fueron recibidos con gran hospitalidad y realizaron numerosas actuaciones.



Fuente: larevistadevaldemoro.com